TRAEMOS hoy otra vez a la memoria de nuestros lectores la figura de un gran alcalde de Santa Cruz; un hombre que figura entre los grandes valedores de esta ciudad; alguien digno de estar a la altura de Santiago García Sanabria. Hablamos de Félix Álvaro Acuña Dorta, que fue premio Leoncio Rodríguez y habitual colaborador de esta Casa. Durante muchos años publicó artículos bajo el título genérico "Sí a la unión o fusión de San Cristóbal de La Laguna y Santa Cruz de Santiago de Tenerife". Trabajos en los que demostraba sapiencia, visión, honradez económica (cosa esta última que no conocen los políticos actuales; no porque sean delincuentes, sino porque no la conocen) y una forma de entender las necesidades de la capital tinerfeña que se adelantaba a su tiempo.
Acuña Dorta conocía las ventajas que conlleva la unión de los citados municipios ya que, además de los beneficios derivados directamente de la acumulación del número de habitantes, está el abaratamiento de los servicios que demandan los vecinos. Como consecuencia de sus artículos, se habló de la conveniencia de empezar (o, como se decía entonces, de "comincipiar") con una mancomunidad de servicios.
Ya en aquella época manifestamos que tal mancomunidad suponía una pérdida de tiempo. Lo urgente y eficaz era fusionar los municipios directamente. Hoy seguimos pensando lo mismo. Hay que ir directamente al objetivo final, prescindiendo de pasos intermedios. "Burro cargado, busca camino", dice el refrán. Una urgencia por la fusión más acuciante en tiempos de crisis, cuando tanto hablan los políticos de reducir gastos y hacer más eficaz la gestión de las entidades públicas, entre ellas los ayuntamientos.
¿Cuántos años han pasado ya desde este loable empeño de Acuña Dorta, secundado por EL DÍA? Muchos. Hoy se ha conseguido que este deseo de unión o fusión se amplíe a otros municipios, como Tegueste, El Rosario, Candelaria y Tacoronte. Un deseo torpedeado por las malsanas rencillas entre políticos. Cuestión de la que sabe mucho, por ejemplo, don Santiago Pérez; un personaje que juega en el equipo político de Las Palmas, atento a las órdenes de su amo -el canarión Juan Fernando López Aguilar-, amén de otros próceres y, en general, de todos los canariones de Canaria, enemigos de dicha fusión porque haría peligrar la egolatría de la capital amarilla. A los responsables de Las Palmas no les importó hacer desaparecer, en su día, a municipios como San Lorenzo, con tal de conformar la gran capital "de allá". Y no sólo eso: también vaciaron la isla de habitantes para rellenar la capital. Por ello, fuera de Las Palmas no tienen población que justifique el trencito que quieren construir con el dinero de los canarios. Un despilfarro ridículo.
¿A qué esperan los "patriotas" tinerfeños para poner en marcha esta fusión? Ínclitos personajes entre los que cabe mencionar al citado Pérez, amén de otros, entre ellos algunos inútiles o folclóricos alcaldes que ha tenido La Laguna, y que no nombramos porque su manifiesta incompetencia los convierte en detestables a nuestros ojos.
Con esta fusión, Santa Cruz podría ser la gran capital de Canarias. Que lo sepa Zerolo, que lo sepa Clavijo y que lo sepan los regidores de las otras localidades. Sin la fusión, el día menos pensado los diputados canariones del PP y PSOE en el Parlamento regional, ayudados por algunos tinerfeños siempre dispuestos a ponerse de cuatro patas frente a los amarillos, declararán que la capital única del Archipiélago es Las Palmas. Así ocurrió, en su día, con la Universidad de La Laguna.
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