Las más famosas, las del Corpus de La Orotava, pero se realizan en celebraciones y fechas variadas en diferentes localidades de las Islas. La hacíamos una vez al año en las fiestas de Salud Bajo, por ejemplo, en Santa Cruz, y tenían su aquello, no se vayan ustedes a creer.
De D. José Miguel de Salamanca tomo que la primera alfombra que se hizo en La Orotava, en la plaza del Ayuntamiento, fue un 11 de marzo de 1905, con motivo de un agasajo que se le hizo a la Marina española. Que a mediados de la década de los treinta, tres niños, jugando más que otra cosa, ayudaban en la confección de la alfombra. Eran Fernando, Neno y un tal Requena, hijo del maestro armero destinado en el cuartel de San Agustín. El trabajo del trío zapatista consistía en machacar las piedras de cal transportadas por los barcos caleros desde Fuerteventura en los puertos de Garachico y Puerto de la Cruz para hacerlas polvillo y ser utilizadas como materia prima. Del producto se obtenía un blanco escandaloso que servía, sobre todo, para hacer las relucientes hostias. También se teñía para obtener una amplia gama de colores. Parece que el tal Requena, que debió de ser más ruinito e incordio que un zapato estrecho en Jueves Santo, tiró a la cara de Fernan un puñado de la blanca cal que casi lo deja ciego. Le lavaron los ojos en la farmacia Fuentes. Lo atendió Sandalio, el practicante, quedando aquella chiquillada en tan sólo el susto. Este método se vino utilizando hasta el año 1947, cuando D. Tomás Machado decidiera hacerla pura y exclusivamente con arenas naturales del Teide.
Actualmente son conocidas mundialmente y se mezclan con materiales naturales, pero de muy diversos orígenes, con flores y pétalos.
Se llevan a ciudades gallegas, a puntos de todas las islas y hasta San Antonio, en Texas. Un grupo de ocho alfombristas de La Orotava, encabezado por el director D. Domingo González Expósito, confecciona en la gran ciudad de Norteamérica una alfombra gigante con arenas de Las Cañadas del Teide. En esta última ocasión con motivo del 278 aniversario de la fundación por 16 familias canarias. El tapiz confeccionado, que midió 214 metros cuadrados, representó un díptico en el que se encontraron motivos de Canarias (en el lado derecho) y motivos de San Antonio (en el lado izquierdo). Según D. Domingo, la idea parte de extraer el formato de los tapices, así se encuentran las imágenes de una silueta conocida, como la rosa y se incluye en el otro espacio el contorno del Álamo. Los rosetones donde se ubican las siluetas acogen a su vez dos representaciones significativas: la Virgen de Candelaria y la Virgen de Guadalupe y éstos rodeados, cada uno, de flores típicas del lugar, por lo que en un extremo se coloca la violeta del Teide y en el otro la flor de ellos, la bluebonnet o azulejo de los Rangers. Remataron el conjunto elementos representativos de cada lugar: por las Islas Canarias el escudo regional y una foto del Teide, y en el lugar de San Antonio, su símbolo y un long horns. Todo el conjunto protegido a cada lado por una cenefa floral, y las botas tejanas para las que se utilizaron arenas y minerales extraídos de ambos lugares.
Bonito, bonito, hay que decir que Texas es mayor que España entera o pegada a trozos, sin y con Canarias, lo nuestro es casi testimonial.
Pero ahora me valgo del trampolín y digo que, de una vez por todas, las autopistas necesitan que se finalicen sus respectivas alfombras de asfalto en el acceso a la capital. En todas partes. Ya está bien, que llevan desde el siglo pasado. No puede ser que continuemos con esas rayas pintadas en los suelos, que como las líneas de Nazca representan un misterio directo a los arcenes y otras que lo hacen al limbo de los querubines. Especies de símbolos del más allá, como te despistes un poco o te encandile el sol y si te confías un fisco, te vas a criar malvas. Puentes asaltados por cuadrillas bandoleras de operarios plantaconos, que de repente condenan y habilitan carriles con frenazos y sustos cada dos por tres. Qué desastre más grande y más largo a la entrada y salida diaria de Santa Cruz en todos sus ramales.
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