HE VISTO la Televisión en Estados Unidos, en Venezuela, en Colombia, en Uruguay, en Argentina, en Brasil, en Paraguay, en Puerto Rico, en Cuba, en las Islas Vírgenes y en casi todos los países del Caribe; en Francia, en Inglaterra, en Austria, en Italia, en Alemania, en Suiza y en otras naciones europeas, y es posible que se me escape la de algún otro país, y puedo asegurar, sin temor a equívocos, que la Televisión de España es la peor de todas. Paso sobre las diferencias, en medios y en programas, de algunas TV de países más pobres y con menos adelantos y peores protagonistas y programadores que los de nuestra TV. Argentina, por ejemplo, que tiene un alto nivel en cuanto a cultura, emitía unos concursos cuyos premios eran una batería de cocina, un ventilador o, como mucho, una vajilla, cuando aquí se premiaba al ganador con uno o varios millones de pesetas. Pero cuando llegué a la nación de La Plata, me encontré con un país metido en una crisis como ahora la nuestra o peor, con el cambio del peso por el austral como moneda oficial, que había que llevar el bolsillo lleno de billetes para comprar una entrada de cine o de teatro. Sin embargo, se notaba una clase, en las calles y en las gentes, superior cultural y educadamente, por caso, en mujeres de elegante presencia que solían vestir un abrigo de pieles, que allí estaban baratos, con unos pantalones vaqueros y unos zapatos de lona.
Pero, con ser de bajísima calidad la televisión que estamos viendo, y sufriendo, en España, lejos de tender a la mejoría, está instalada en la llamada "basura televisiva", tanto la TV pública como la privada, la cual, tratando de copiar a la estatal, acaba de defecarla. Nunca -y lo digo con pena, pero con total convencimiento- he visto en nuestras pantallas televisivas, desde el momento mismo que salió al aire en Canarias Televisión Española, tanta mediocridad, tanta falta de imaginación, tanta carencia de calidad, tanta abundancia de anuncios descafeinados y faltos de atracción y tanta falta de respeto al telespectador, al que le interrumpen inoportunamente la más interesante escena de una película para ponerle basura en forma de saltarines y saltarinas danzando como locos sueltos en posturas incomprensibles, haciendo caso omiso de la música, de los ritmos y efectuando movimientos de chiflados de atar que tienen de artísticos lo que un servidor de astrofísico.
Uno recuerda aquellos programas de teatro selecto con actores y directores de primera línea; aquellas revistas insuperables como "Un, dos, tres", aquellos seriales de teatro realizados por la misma TVE, aquellos espacios culturales, los originales e interesantes concursos y hasta los mismos anuncios, como el "¡Concentrado estoy!", "El gigante barbudo", el "Vamos a la cama" y muchos otros, y le parece mentira que se haya podido llegar tan bajo en esta TVE que, según anunció el presidente Zapatero, recortará notablemente la abrumadora publicidad y, hasta ahora, ni idea, más bien todo lo contrario, como aquel que no quería sopa y le llenan el plato.
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