Alguien dirá que estoy escribiendo una barbaridad, y seguramente tenga razón, pero hay momentos en que echo de menos la Ley del Talión. En concreto, y aunque se ha hablado bastante del asunto en días anteriores, le cortaría el mismo brazo y por el mismo sitio al patrón del trabajador boliviano al que se lo amputó una máquina en una panificadora de tapadillo, sin regulación de la mayoría de sus empleados, medidas de seguridad ni nada que se aproxime a lo mínimo exigido para una empresa legal. Mal está que el operario haya sido contratado clandestinamente y a cambio de un salario de miseria. Mal está que la máquina no reuniese las medidas de seguridad. Lo de tirar el brazo seccionado a la basura, por si fuera poco lo anterior, se me antoja de una inhumanidad repugnante. Lo suficientemente para que el responsable de esta tragedia se pudra muchos años en la cárcel, que es la pena que se aplica en un país civilizado a quienes delinquen. En otras naciones, con las que por cierto insiste en aliarse civilizadamente Zapatero, a los ladrones se les sigue cortando la mano derecha y a los homosexuales la cabeza, mientras que las adúlteras mueren lapidadas, pero hoy no quiero hablar de mangantes políticos ni de encantadores de serpientes.
Convendría, como digo, que ese empresario se pudriera en la cárcel, y también que le solucionara la vida para siempre a Franns Melgar Vargas, pero con su dinero, no con el de todos los españoles. No por una cuestión de cicatería, pues en estos casos lo que se impone es la generosidad colectiva, sino por decencia. Melgar Vargas se merece más que unos papeles para vivir legalmente en España. En ese sentido, no discuto la decisión del Consejo de Ministros, salvo porque nos confiere un matiz de país tercermundista; quizá lo que seguimos siendo a estas alturas, por lo menos en el aspecto social, a pesar de nuestro desarrollo económico. A una persona, como digo, se le regulariza su situación porque tiene derecho a ello, no porque la mutile una máquina mientras trabajaba en condiciones poco menos que esclavistas para un empresario bergante que hace caso omiso de la ley. Porque al final, insisto, pagamos todos por la iniquidad de uno.
Bien es verdad que no falta quien aprovecha la ocasión para pescar en río revuelto. Verbigracia, el cónsul de Bolivia en la comunidad valenciana, Mario Touchard, que ha pedido también la regularización de los hermanos del accidentado, considerando que Franns Melgar necesita ayuda psicológica. Aunque tampoco hay necesidad de quedarnos en los hermanos. Podemos continuar luego con los parientes directos a cuenta de la agrupación familiar, y ya puestos con media Bolivia, amén de países vecinos. Cabe preguntar, por añadidura, si nadie detectó la presencia irregular de Melgar Vargas en España, ni tampoco su contratación ilegal por los deleznables fulanos que lo explotaban como a un esclavo, ni tampoco la existencia de una empresa esencialmente ilegal. Aquí nadie descubre nada. ¿Será porque carecemos de funcionarios suficientes? Qué va; tenemos los porcentajes europeos más altos de empleados públicos. Entonces, ¿por qué no se detectó nada? ¿Quizá porque los funcionarios tienen tiempo para desayunar a media mañana, pero no para realizar bien al menos la mitad de su trabajo? Qué país.
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