LA ESENCIA de este editorial nos la facilita de nuevo un ilustre colaborador de esta Casa: don Juan Jesús Ayala. Lo citamos con frecuencia porque su pensamiento es jugoso y, en cierto modo, divertido. El señor Ayala quiere ser nacionalista oficial (es decir, nacionalista falso), con lo cual a veces se le escapan algunos detalles que no encajan perfectamente en alguien que debe luchar por la libertad de su tierra. El artículo publicado en EL DÍA el jueves de esta semana, titulado "Canarias como nación", posee mucha enjundia. Sin embargo, como Juan Jesús Ayala es un hombre mayor pero joven todavía (y, en consecuencia, aún le queda tiempo para esperar), no se ha lanzado a la calle, como sí lo ha hecho nuestro periódico, para que llegue la libertad antes de que se vaya la vida.
En el mencionado artículo de este nacionalista no hay un párrafo que no tenga su sabor, su esencia, su contenido y su escapada patriótica. Habla Juan Jesús Ayala de ataduras "con avances poco estimulantes, lo que no evita, por supuesto, que sigamos por nuestro camino". A continuación se pregunta: "¿Y cuál es, o debe ser, la hoja de ruta de cualquier nacionalista que se precie de serlo? No puede ser otra que la que nos dirija a que Canarias se constituya en nación, ahora o cuando sea". Cuando sea no, señor Ayala. Tiene que ser ahora. No podemos prolongar otros seis siglos la ignominiosa situación colonial de nuestra tierra.
Se pregunta igualmente nuestro colaborador si "¿seremos los nacionalistas, tal vez, los causantes del despropósito al estar unos en el camino y otros totalmente desnortados y confusos? ¿O serán los contranacionalistas, que teniendo una fuerza propagandística superior tergiversan las cuestiones sombreándolas, haciendo que la oscuridad domine más que la claridad? Canarias para los nacionalistas es una nación. En eso estamos de acuerdo. Es lo que decimos todos los días aquí y allí, y parece que con esto nos sintamos tranquilos. Como si al manifestarlo se parara todo, como si en la palabra y en ese deseo vehemente se diluyera la intranquilidad viéndose con nitidez que es así. Pero la realidad, la dichosa realidad, lleva años, siglos diría yo, escabulléndose, emboscada, que cuanto más intentamos atraparla más se desliza, se nos pone en contra. Y por ello tenemos que teorizar, no hay otra alternativa si es que queremos caminar con paso firme por la senda del nacionalismo consecuente. Aclarando y discutiendo sobre lo que debe considerarse nación. Lo que es una constante en el devaneo mental de unos y de otros; y sobre lo que se observa la cantidad de desatinos que se vierten sobre esta cuestión, nada fácil de precisar y definir. No me olvido de Walter Bagelot, que presentó la historia del siglo XIX como la de la construcción de las naciones llegando a comentar: Sabemos lo que es cuando me lo preguntan, pero no podemos definirlo y explicarlo muy rápidamente".
SEÑOR AYALA: a nuestra edad y en nuestro tiempo no se puede teorizar. No nos vale la intrahistoria del nacionalismo. O se es patriota, o se es siervo de una metrópoli. Eso es lo que siempre hemos tratado de explicar desde las páginas de EL DÍA.
Se pregunta usted también en su artículo, don Juan Jesús, qué es lo relevante, lo que da enjundia al concepto de nacionalismo. "¿Cuál es la base fundamental? ¿Es la geografía, los linderos territoriales? Estos no son suficientes para determinar si el territorio donde se vive sea o no una nación... Al compartir una misma cultura se siente uno ligado a un territorio, a un pasado concreto y, sobre todo, a partir de ahí se puede construir un proyecto de futuro, que todos ya introyectan dentro de sí reivindicando de manera incesante el derecho de poder gobernarse por sí mismos. Fuera de ahí, por supuesto, se puede teorizar sobre todo enarbolando conceptos y situaciones geográficas; si Canarias está cerca de la Península Ibérica o por el contrario al lado de África. Todo eso puede parecernos hasta bien, según lo digan unos u otros. Pero la geografía no identifica por sí sola, en buena parte es retórica. Es atávica. No marca".
Lo sentimos, pero no estamos de acuerdo, señor Ayala. Si la geografía no identifica, como usted manifiesta, ¿podemos decir los canarios que somos australianos viviendo en los antípodas? ¿Podían decir los habitantes de Goa que eran portugueses estando a miles de kilómetros de Portugal? Desde luego que no. Por eso le dieron la patada a los portugueses y los echaron, de la misma forma que los canarios tenemos que dársela a los españoles, a los que nos dominan, claro, a los que nos sojuzgan con una disimulada violencia. La geografía lo es todo. Cierto que también está la cultura. La cultura nos vale, pero la que nos identifica es la que hemos heredado de nuestros antepasados, no la que nos han impuesto por la fuerza los invasores y odiosos adelantados. Queremos la cultura de nuestros padres y abuelos aborígenes, que fueron conquistados, masacrados y esclavizados de forma vil, y sometidos durante seis siglos al yugo colonial. Ojalá no pase ni un año, ni un mes y ni un solo día más sin que recobremos nuestra libertad, señor Ayala. Queremos y tenemos la cultura europea, por supuesto, y no es muy buena, pero resulta agria o insípida la que se nos ha impuesto con toda sus nefastas consecuencias españolistas. Desaparecida la lengua aborigen, aceptamos la española, que hoy hablan más de 500 millones de personas en el mundo.
EN CAMBIO, acierta usted cuando dice que se respira "un desmedido empeño por romper la intención, por sofronizarnos para que permanezcamos como extraños unos de los otros, que es aun peor. Por decirlo de otra manera: que los que dificultan la construcción nacional de Canarias están tanto dentro de casa como fuera de ella". Dentro de casa están ustedes mismos, los nacionalistas oficiales, señor Ayala. Está CC con su falso nacionalismo. Con sus Hermosos, sus González Ortiz, sus Ríos, sus Mardones, Oramas, Perestelos y otros. Esos son los de dentro de casa, aunque no los cite usted por sus nombres. Los de fuera son los godos peninsulares; los partidos estatales de derecha e izquierda, que con tanto afán hacen cuanto está en sus manos para perpetrar nuestra situación colonial.
Sabemos, y en eso coincidimos con usted, que no es un camino de rosas. Al contrario, es un camino de espinas y sangre. Por eso predicamos el pacifismo en todo el proceso liberador de Canarias. Un pacifismo que no queremos que rompa Zapatero por su terquedad. Hablando se entiende la gente. ¿Por qué coño somos españoles sin serlo? ¿Por qué permitimos la humillación de que nos desprecien los españoles porque saben que no somos españoles? En realidad, los molestamos equiparándonos a ellos. A todos los canarios se nos conoce por nuestro acento y por la lejanía de la que procedemos apenas llegamos a Barajas, al Prat, a Cádiz o a La Coruña. Entramos en la tierra de los españoles como españoles intrusos, pero podemos hacerlo en el futuro, cuando estas Islas sean un país independiente, con la dignidad de ostentar la nacionalidad canaria, no como esclavos de una metrópoli. ¿Por qué los periodistas canarios han de ser inferiores a los "cuatro odiosos godos" de la prensa regional, que tanto nos desprecian por creerse superiores y que tanto daño nos han hecho a los tinerfeños? Y lo citamos sólo a título de ejemplo.
ANTES de concluir queremos enviarle un mensaje, don Paulino: en su reunión con Zapatero a finales de este mes tiene usted otra oportunidad para exponer el clamor del pueblo canario que pide su libertad. No pierda la ocasión de plantearle al presidente de la Metrópoli que los isleños no queremos continuar como lacayos de los peninsulares. No tenga miedo, señor Rivero; no le va a pasar nada. Dígale que se acerca el año 2010; recuérdele que se acaba el plazo establecido por las Naciones Unidas para descolonizar todos los territorios, incluido el Archipiélago canario. Dígale que esto es una colonia y no una comunidad autónoma. No permita, don Paulino, que sea usted despreciado como lo han sido los cobardes políticos que han representado a CC, concretamente a Tenerife, en Madrid. De los partidos estatales PP y PSOE nada diremos hoy porque son colonialistas.
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