JORNADA, S/C de Tenerife
El pasado verano se comprometió públicamente a trabajar para devolverle al Tenerife las señas de identidad que tantos éxitos le aportó en la década de los noventa. Lo consiguió. También se marcó el desafío de intentar atraer a la afición al Heliodoro Rodríguez López. Cumplió con su palabra. Y, lo que es más valioso, asumió la responsabilidad de diseñar una plantilla competitiva y candidata al ascenso a Primera. No defraudó.
Santiago Llorente Merino (Valladolid, 21-11-1950) retornó en mayo de 2008 al club después de la dimisión del anterior director deportivo, Alfonso Serrano, iniciando así su tercera etapa en la institución. Las anteriores fueron igual de exitosas que la que ahora recoge el fruto del salto a la máxima categoría. Su primera experiencia en el representativo arranca en la campaña 1988/89, es decir, la del reencuentro con la élite gracias al ascenso liderado desde el banquillo por Benito Joanet.
Antes había adquirido experiencia en el Valladolid, al que se integró con sólo 26 años y donde desempeñó funciones de coordinador técnico y segundo entrenador. Ya en 1987, Llorente decidió arriesgar y se marchó de Pucela para trabajar en el Oviedo, justo antes de aceptar la oferta de la directiva presidida por Javier Pérez para moldear una plantilla que reaparecía en Primera, después de 28 años de ausencia, con el objetivo de permanecer. Tras un angustioso debut (el Tenerife se salvó en la promoción), en el que ya dio muestras de su capacidad para descubrir nuevos talentos con el fichaje de Felipe, el equipo no dejó de crecer hasta tocar techo en la semifinal de la Copa de la UEFA de 1997. Llorente contribuyó de forma determinante con adquisiciones como las de Estebaranz, Llorente, César Gómez, Chano, Mata o el oriundo Ezequiel Castillo, por citar las primeras que tuvieron su origen en el mercado nacional; o las que confirmaron su especial talento para acertar con los refuerzos procedentes de Sudamérica -sobre todo, de Argentina-. De ahí llegaron jugadores como Redondo, Pizzi, Diego Latorre, Dertycia o "Chemo" del Solar.
Llorente también supo atinar en la elección de los entrenadores. Una de sus apuestas más aplaudidas fue la de un inexperto Jorge Valdano, que no sólo evitó el descenso del equipo en 1992, sino que lo clasificó por primera vez para una competición europea en 1993. Tras el año de transición que tuvo a Cantatore en el cargo de técnico, culminó su obra con la contratación de Jupp Heynckes en 1995 y la citada eliminatoria con el Schalke 04 a las puertas de la final de la Copa de la UEFA. En el camino, más nombres ilustres en la historia del Tenerife: Agustín, Aguilera, Juanele, Vivar Dorado, Ojeda, Pinilla, Robaina, Alexis, Neuville, Hapal, Jokanovic...
En pleno auge blanquiazul, Llorente decidió despedirse para regresar al Oviedo, pero no tardó en recibir la llamada de Javier Pérez, quien le pidió su asesoramiento para impedir la caída a Segunda en la campaña 98/99. Santiago recomendó a Lussenhoff, Basavilbaso, Javi López y Pier como refuerzos de invierno, pero el equipo perdió la categoría. Dos años más tarde, manejando un presupuesto muy limitado y tras el intento fallido de subir a Primera con Sandreani y Castro Santos, sorprendió con una plantilla mejorada con cesiones y futbolistas jóvenes y poco conocidos, pero con unas ganas enormes de triunfar, comandada por un técnico del mismo corte, Rafael Benítez. En aquel curso (2000/01), que terminó con el tercer ascenso a Primera, fueron blanquiazules de nuevo cuño Aragoneses, Julio Iglesias, Curro, Martí, Torrado, Luis García, Hidalgo, Charcos, Marioni... Paradójicamente, tuvo que disfrutar desde la distancia de aquel éxito, ya que en septiembre de 2000 anticipó su retorno a la élite para iniciar una segunda etapa en el Valladolid, al que lideró durante cinco temporadas con el amargo final de un descenso a Segunda.
En 2005 dio un giro a su trayectoria al comprometerse con un club de Segunda B, el Real Jaén, aunque sólo tardó un año en dar marcha atrás, ya que firmó con el "Euro-Getafe" por tres temporadas. Con un año de contrato por cumplir, el Tenerife volvió a tocar a su puerta. Era el mes de mayo de 2008, Serrano había dimitido y Concepción quería al mejor. Trece meses después se demuestra que el reingreso de Llorente no pudo ser más adecuado. Al vallisoletano le quedaban más "milagros" que obrar en la entidad blanquiazul. Respaldó a Oltra y retocó el plantel con dos porteros veteranos y casi inéditos en la campaña anterior, Sergio y Luis; trajo un diamante en bruto importado de Argentina, Luna; fichó dos futbolistas que estaban lesionados y habían bajado a Segunda B con el Granada 74, Juanlu y Sáizar; incorporó a dos más descartados por sus clubes y con experiencia en ascensos, Richi y Kome; consiguió a un par de cedidos, Alfaro y Cendrós; e incorporó un re-fuerzo invernal, Mikel Alonso. Todo esto, unido a lo que ya había, resultó una combinación perfecta.
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