HACE algunas semanas, cuando un agente de la policía local de Santiago del Teide detuvo ilegalmente y de mala manera a una joven noruega aspirante a miss no sé qué y otras mandingas televisivas -quiero decir con claro perfil de vividora, aunque con todos los derechos del mundo a ser tratada correctamente-, más de uno, más de dos y más de no sé cuántos se rasgaron las vestiduras y arremetieron de forma bastante generalizada contra estos profesionales de la ley y el orden. Eso sí, para evitar responsabilidades, añadían la manoseada coletilla al uso en estos casos: "la inmensa mayoría de los policías locales son personas íntegras que cumplen estrictamente con sus deberes y obligaciones". Por supuesto que sí, porque en caso contrario mal nos iría a todos. Fui de los que escribí entonces, y ahí están las hemerotecas para demostrarlo, que el individuo implicado en tales hechos era un energúmeno capaz de echar por tierra en pocos segundos años de promoción turística; años de esfuerzos por levantar un sector que de momento, y pese a sus flaquezas, es el único que no se ha derrumbado. Otras críticas, en muchos casos procedentes de la impoluta y justiciera izquierda, fueron bastante más generalizadas hacia todo un conjunto de profesionales. Insisto en ello porque es la madre del asunto.
Lo de Santiago del Teide ocurrió hace unas semanas. Tiempo antes aconteció otro suceso que también puso en la picota a varios agentes de la Policía Local, en este caso de Santa Cruz. Fue el protagonizado por un joven que intentó escapar de varios miembros de la Unipol cuando intentaron detenerlo por conducir un ciclomotor de forma ilegal. Los agentes declararon que las heridas que presentaba, y que según afirmó eran consecuencia de los golpes que le propinaron al reducirlo, se las ocasionó el propio fugitivo al chocar contra una pared. Versión que al final quedó plenamente verificada en la vía judicial. Pero, ¿qué sucedió entretanto? ¿Qué se dijo -o mejor, qué no se dijo, porque decirse se dijo de todo- sobre la supuestamente salvaje agresión de los policías? Incluso hubo manifestaciones en el lugar de los hechos, con cortes del tranvía y todo. Tengo por ahí -y a quien no los tenga de nuevo lo invito a que visite una hemeroteca- algunos sustanciosos artículos bastante condenatorios para "la ligereza de mano" con que, según sus autores, suele actuar la policía municipal. O local, como se denomina ahora.
Causa risa, en consecuencia, como unos agentes de la policía local del Puerto de la Cruz han sido elevados durante las últimas horas a la categoría de héroes por el hecho de denunciar una presunta agresión machista perpetrada, al parecer, por un concejal del PP. Vaya por delante que ignoro lo ocurrido. No estaba allí y no tengo acceso a documentos secretos como es un atestado de un cuerpo de seguridad. Secretos al menos en teoría, porque en la práctica cualquiera de ustedes los han podido leer en varios periódicos. Algo de lo que se sorprende el PP y el propio edil afectado. ¿Sorpresa por qué? ¿Acaso no se supo hace un mes que un periodista de un digital de Las Palmas asistía a las declaraciones ante la policía del señor Cambreleng, imputado y denunciante en el caso Faycán? ¿Es que nadie se ha enterado todavía que esto es una casa de lo que ustedes saben?
Repito que no estaba el otro día en una rotonda portuense, no vi lo que sucedió y, por lo tanto, desconozco si una señorita cayó al suelo a causa de una lipotimia o un guantazo. Si ha habido malos tratos, que caiga todo el peso de la ley sobre el maltratador aunque la víctima niegue la agresión. Cualquier estudiante de primero de Derecho sabe que muchos delitos son perseguibles de oficio. Por ahí, nada que objetar. Nada que objetar tampoco a que una patrulla de la policía local presente una denuncia ante un hecho presuntamente delictivo. Lo que no cabe, o al menos no debería caber en una sociedad que pretende ser democrática y justa, es la ley del embudo: la parte ancha para uno y la más estrecha para los demás. Y en cuanto a la policía local, ni lo uno, ni lo otro; ni es un cuerpo glorioso cuando conviene a determinados intereses, ni deleznable en caso contrario. Eso sí, pienso que deberían ser más cuidadosos con ciertos papeles de naturaleza reservada. Verbigracia, una denuncia por posible agresión.
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