A PUNTO de comenzar el verano, la mar parece que nos invita al chapuzón, ya las gentes, sobre todo los jóvenes, comienzan a bajar al Socorro, unas de las playas más bellas y limpias del Norte de Tenerife y de toda la Isla.
En los últimos años, esta zona de baño es muy visitada, casi no se consiguen aparcamientos en los meses de julio a septiembre. Las gentes acuden a disfrutar de la playa de arena negra muy fina, y de sus aguas cristalinas que nos invitan al baño, al gran chapuzón, pero la playa del Socorro necesita un poquito más de atención. No obstante, todo lo que sea mejorarla sin lugar a dudas redundará en su bien ganada fama, y se echan en falta lugares de sombra. El palmeral plantado en su día parece no prosperar. No sé si por el Caribe existen rebajas, con el fin de adquirir unas cuantas docenas de ejemplares, o por la selva amazónica.
Cuestión sería, don Oswaldo Amaro, de hacer una visita a estos lugares en tiempos de vacaciones con el fin de que Vd. no falle en su puesto. Pero, hablando claro, reconozco que este lugar ha mejorado, y no se me caen los anillos cuando tengo que reconocer las cosas bien hechas. También critico las que considero oportunas aunque a Vd. y a su equipo no le gusten. Es, por tanto, cuestión de gustos y de opiniones. Lo peor del caso es que nuestro alcalde no le da importancia a las opiniones de los realejeros. Ahí sí que Vd. y su equipo están metiendo la pata hasta el fondo. Y creo que miles de realejeros están muy satisfechos de cómo estaba la playa en años no muy lejanos, y cómo estaba el pasado año. La diferencia es abismal, sin duda alguna. Pero no se consienta por estos piropos, que no aspiro a ser su asesor. El ayuntamiento no tiene dinero para pagarme, y yo gratis no trabajo.
En resumidas cuentas, cuando me vaya al Caribe haré las gestiones correspondientes para traer dos o tres docenas de palmeras de aquellos mágicos lugares, y de paso ver qué podemos hacer para mejorar el pésimo estado del llamado "parque de los perros", enfrente de la Hacienda de Los Príncipes, y la ermita de San Sebastián, dentro del casco histórico del Realejo Bajo.
Vergüenza ajena sentimos de él, del que decían podía convertirse en el recordado Jardín de la Princesa, pero falló el invento de tanto ingeniero, arquitecto, aparejador y directores generales. Por tanto, vemos unas cosas que nos agradan y otras que merecen ser denunciadas públicamente. En este último caso, el referido parque. O sea, entre col y col, lechuga, señor alcalde de Los Realejos. Y como tengo la fama de ser algo mimoso -cosa que me agrada-, me seguiré quejando de todo aquello que me dé olor a chapuza, que por cierto, y en este municipio, se han hecho grandes y fantásticas chapuzas, como la de la calle San Agustín, por poner un ejemplo claro y evidente.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD