EFE, Londres
Sólo un día después de que el Partido Laborista sufriera en las elecciones europeas la mayor derrota de su historia, el primer ministro británico, Gordon Brown, volvió a mostrar su capacidad de supervivencia política y consiguió que los parlamentarios laboristas cerraran filas en torno a su liderazgo.
Brown se reunió con los parlamentarios durante casi dos horas para analizar los catastróficos resultados en los comicios europeos, en los que los laboristas obtuvieron algo menos del 16 por ciento de los votos, lo que les situó como tercera fuerza más votada por detrás de los conservadores y partido anti-europeo UKIP.
Aunque eran esperados, estos resultados echaron más sal a la herida de un partido que necesitará un milagro para no perder el poder en las próximas elecciones generales y que se debate entre quienes piensan que Gordon Brown es el problema y el obstáculo ante los ciudadanos, y quienes creen que es la única solución posible.
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