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EDITORIAL

No persistamos en el absurdo de ser españoles y europeos

9/jun/09 07:43
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AYER concluimos nuestro comentario manifestando que no queríamos aventurar nada sobre las elecciones europeas porque tanto ellas como Europa nos quedan muy lejos. No seamos bobos; no nos engañemos a nosotros mismos; impregnémonos de la certera certeza de que no somos españoles y, por lo tanto, tampoco europeos. Cualquier europeo, cualquier español o española que nos oiga decir que somos españoles, se reirá de nosotros y nos calificará como mínimo de personajes mínimos; de pretenciosos, de isleños, de indígenas. Los habitantes de Madeira son isleños madeirenses y no ciudadanos portugueses, aunque digan los historiadores y geógrafos que estas islas estaban deshabitadas cuando fueron ocupadas.

Una isla es distinta a un continente, salvo en tres casos concretos en los que un territorio insular es tan grande que se asemeja más a un continente que a una ínsula. Hablamos de Groenlandia, de Gran Brertaña -de la que queda aislada Europa cuando el mal tiempo impide la navegación por el canal de la Mancha; ironías de los británicos- y, sobre todo, de la Gran Canaria. Esta sí que es un islón descomunal. Ni siquiera Nueva Zelanda o Australia la superan en importancia. Gran Canaria es grandísima y sus habitantes son, en consecuencia, grancanarios; no simplemente canarios, como las personas que viven en el resto del Archipiélago, sino grancanarios. Son grandes, ostentosos, metropolitanos, galácticos, universales, mundiales de todo el mundo, insustituibles... Una vez más aclaramos que nos referimos a los políticos y dirigentes de esa isla, y no a su población en general. A los dirigentes políticos, a algunos periodistas fanáticos -ridiculizados debido a su propia obcecación por convertir en grande lo que es minúsculo- y a todos cuantos se han dejado influenciar por las ínfulas de grandeza que les han infundido.

Volvamos de nuevo a los comicios del domingo. Tanto la prensa como el pueblo canario van analizando las elecciones europeas desde un punto de vista informativo, de opinión y de análisis, tal y como si fuésemos parte física y geográfica de los Estados Unidos de Europa; es decir, de la UE. A nuestro juicio, todo eso vale como entretenimiento; como la lectura de un libro de chistes, pues no cabe tomarse tan en serio algo que ha ocurrido allá lejos, en otro continente que no es el africano. Sí nos permitimos decir, como un paréntesis necesario, que ha sido asombroso y justo el paso que han dado los europeos hacia la conformación de un Parlamento con ideas conservadoras, civilizadas, basadas en las buenas costumbres, en la ética y en la moralidad. Aciertan los europeos cuando destierran a la maléfica y perversa izquierdona. Un ejemplo que debería copiar España, aunque parece que aquí queda bastante por hacer antes de que Zapatero deje de enturbiar el futuro del país que nos coloniza y que, por lo tanto, nos arrastra con él al abismo sin fondo en el que está cayendo. De hecho, nos ha sorprendido leer un titular en el diario El Mundo que refleja perfectamente la situación: "Rajoy gana con claridad pero Zapatero no se hunde".

¿Por qué no se hunde Zapatero pese a sus desaguisados y los de sus ministros y ministras? Ministros y ministras sumidos en una inmoralidad política, que tratan de ocultar sus incapacidades con despropósitos como el aborto y la píldora de las niñas de 16 años. ¿Es que no se hunde Zapatero simplemente porque los analistas dicen que es encantador? Parece que sí; parece que realmente es un encantador de serpientes; un individuo que con sus mofletes le hace creer a España que no hay crisis, que todo va bien, que los socialistas son los únicos capaces de irradiar felicidad para todo el país; les hace creer que no hay hambre; que Cáritas miente cuando habla de un aumento descomunal de la pobreza; que la Iglesia también engaña cuando advierte de lo mismo; que la única moral válida es la laica o la atea; que el mundo fue creado por Pablo Iglesias y, por lo tanto, que sólo existe desde hace cien años. ¿Cómo no ve el pueblo en la sonrisa del mofletudo Zapatero el engaño continuo a que lo somete? Un engaño constante que le ha permitido ganar las dos últimas elecciones generales. Aquí no hay paro, ni crisis, ni hambre, ni miseria; sólo hay brotes verdes.

Qué desgracia para España la existencia de este Gobierno socialista, y qué desgracia, todavía mayor, para la última colonia que le queda, que es la formada por este Archipiélago nuestro. Que tome nota Zapatero de los gestos sobrios, elegantes y nada engañadores del presidente negro Obama. Obama es un presidente serio que se rodea de personas serias, no de guanajos. Y entramos en lo que hoy nos interesa.

Parece que el "gran" va camino de desplomarse. Son muchas las cartas de repulsa contra nuestro periódico, y de preocupación por su defensa de Tenerife y de su interés por que el "gran" desaparezca cuanto antes, que se publican alegremente en la prensa canariona. Desde aquí les decimos que por muchas que sean las protestas, ese falso "gran" deberá desaparecer. Porque, quejas al margen, no hemos leído ni un solo argumento sólido en contra de nuestra postura. Es decir, ni una sola razón de peso para mantener esa engañifa que tanto daño le está haciendo a la armonía de nuestro pueblo. ¿Por qué ha de conservarse un elemento discriminatorio para las demás islas? Los demás canarios son majoreros, conejeros, tinerfeños, palmeros, herreños y gomeros. Sólo los habitantes de la tercera isla han de ser grancanarios. ¿A cuenta de qué? Únicamente por la insolidaridad que genera el "gran" hay que quitarlo, don Paulino. Hay que quitarlo, don Antonio Castro, doña Tavío, doña Luengo, don Alemán y doña Julios. Ustedes, miembros de la Mesa del Parlamento de Canarias, deberían conocer mejor la casa en la que cobran jugosos y actualizados sueldos; deberían comprobar en cuántos mapas históricos figura Canarias, a secas, y no Gran Canaria. Y deberían también no regocijarse tanto con las pinturas del palmero Manuel González Méndez, que muestran la ignominiosa conquista de Canarias. Las imágenes de la afrenta contra todo un pueblo, de su sometimiento a los godos españoles y los mercenarios que los acompañaban.

Dejemos el "gran" y Europa. Antes de acabar queremos llamar la atención de nuestros lectores sobre dos asuntos. Uno, el artículo publicado ayer en nuestro periódico por el doctor en Medicina Juan Jesús Ayala. En él advierte del riesgo que corremos ante las pretensiones expansionistas de Marruecos, si antes no nos constituimos en una nación soberana. "Marruecos ha firmado un acuerdo con la empresa irlandesa San Leon Energy por el cual le otorga la propiedad temporal de una franja territorial de 6.000 kilómetros cuadrados alrededor de Tarfaya para que explote y extraiga material bituminoso", escribe Ayala. "Con este acuerdo, lo que está claro, aunque no para los firmantes, es que parte de esa franja pertenece al Sáhara Occidental, actualmente en litigio político-administrativo, pendiente aún por la ONU de buscar una adecuada solución entre Marruecos y los representantes del pueblo saharaui". Luego añade el presidente del PNC en Tenerife lo siguiente: "Es de desear que esto se circunde a los alrededores de Tarfaya, y que los representantes del pueblo saharaui tomen buena nota de ello y exijan, una y otra vez, allí donde sea posible, que se les reintegre lo que les pertenece. La duda, siempre la duda, estará, y qué pasará si esas pretensiones alauitas siguen avante y se presentan en las costas de Lanzarote y Fuerteventura". Pasará, añadimos nosotros, que el día menos pensado tendremos la chilaba a los pies de la cama para que no salgamos a la calle sin ella. Don Paulino, usted puede ser el hombre. Dé el paso y haga lo que debe hacer. No tema por su futuro, porque no lo van a fusilar. Plantee nuestra independencia en La Moncloa; pida audiencia en La Zarzuela y haga lo mismo. De esa forma entrará en la historia y el pueblo canario lo recordará eternamente.

 

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