Criterios
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
LO ÚLTIMO:

DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

¿La fiesta de qué?

8/jun/09 07:49
Compartir
Edición impresa .

Hay tópicos que tocan las narices y, por desgracia, algo más que las narices. A cierto señor, a quien admiro mucho por su sagacidad aunque no comparta todas sus ideas -algunas sí, y mucho- le oigo decir con frecuencia cuánto le aburren expresiones como "crónica de una muerte anunciada", calcada por periodistas baratos directamente del título de una célebre novela de García Márquez. Suelo responderle que, para mayor congoja ante el solar intelectual que nos rodea, muchos de quienes usan la manoseada frasecita posiblemente ni siquiera hayan leído nada del prestigioso escritor colombiano; ni esa novela, ni ninguna.

Por supuesto, el repertorio de frases, muletillas y todo tipo de eufemismos al uso, todos ellos más sobados que el volante de un taxi, no cabrían en diez artículos como este. Evito, en consecuencia, una enumeración forzosamente tediosa. Salvo por lo que acaba de decir un ilustre periodista acerca de las elecciones de ayer. Unos comicios que califica como una fiesta de la democracia. En realidad, ni se le pueden pedir peras al olmo, ni titánicos esfuerzos intelectuales a quien confunde la prueba del nueve con la inexistente prueba del diez; algo que antes se le enseñaba a los escolares, aunque ahora no lo sé. Sólo sé que él no lo sabe, si bien tampoco me extraña esa carencia en alguien cuya sapiencia se limita a la cultura del teletipo -lo único que ha leído en su vida, en bajada y en llano es lo que antaño salía machaconamente por los teletipos-, y poco más. No obstante, allá él con el pobrísimo y envejecido recurso a las frases hechas. Cada cual hace lo que puede, y no es caritativo denigrar a nadie por sus dificultades neuronales. La tocada de narices -o directamente de pelotas, a qué negarlo- se me antoja por la pretensión de limitar la democracia a un solo día. Lo dijo hace algunos años un catedrático de Psicología de La Laguna -maniático, a veces un tanto soberbio, pero una magnífica persona con una gran formación- cuando analizó la democracia que tenemos. Pobre democracia, a su juicio, si la confinamos a que los ciudadanos expresen su voluntad cada cuatro años y callen el resto del tiempo; es decir, si su voz suena un día y permanece muda otros 1.460, incluida la fecha adicional de febrero en año bisiesto.

Una sociedad democrática no es esto. Una sociedad democrática funciona como una comunidad articulada en todos sus ámbitos. Un espacio que incluye desde las asociaciones de vecinos hasta las Cortes, en el caso de España, y hasta el Parlamento de Estrasburgo si hablamos de la Unión Europea. Y esa vertebración, esa participación infinitesimal pero sumatoria -las estachas con las que se remolca a un enorme buque están formadas por hebras muy fáciles de quebrar una a una, pero prácticamente irrompibles cuando están juntas- no cabe encasillarla en un solo día; es una labor continua y de todos. Lo contrario, es decir, hablar de fiestas porque toca ir a votar, es como decir que la Navidad es la fiesta de la alegría, el amor, la fraternidad, el perdón y otras monsergas. Todo eso hay que vivirlo desde el 1 de enero al 31 de diciembre, o no sirve para nada. Ojalá algún día en las peluquerías donde tiñen el pelo pongan revistas con más sustancia que las de papel couché rezumando noticias color rosa.

 

 Última hora:

 Últimas galerías:

PUBLICIDAD

Cargando...

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Portada > Criterios

© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD

eldia.es Dirección web de la noticia: