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Es la Légion d´Honneur francesa, no un adorno

8/jun/09 07:49
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¡LO QUE HAY que oír! Sí señor, lo que hay que oír, y mucho más cuando se supone que nuestros interlocutores tienen un atisbo de cultura general, la cual queda reducida a la mínima expresión al - refiriéndose a la Banda de la Gran Cruz de la Legión de Honor Francesa que lució S.M. la Reina en la cena de gala ofrecida al presidente galo y señora, con motivo de su visita de Estado a nuestro País- calificarla de: "Adorno que se puso la Reina en el traje de noche y que destacó poco". Mucha ignorancia es lo que abunda en los foros estudiantiles, en este caso, además, alumnos de un curso superior de protocolo a los que se les exige un ápice de curiosidad en estos temas y un mínimo de cultura plural.

Se confunden aquellos que piensan que el protocolo es colocar autoridades y convertirse en el ariete de un político. El protocolo es saber el porqué de cada movimiento, su raíz, el mensaje que conlleva cada gesto, la elegancia de las formas, la norma que lo regula, etc., así que los Reyes, en deferencia a lo que sus invitados representan, se colocaron la dignidad de la banda y placa (en forma de estrella de oro, esmaltada en blanco, con cinco dobles rayos) de la Gran Cruz de la Légion d'Honneur, la más conocida e importante de las condecoraciones de ese país, instituida por Napoleón I, el proclamado primer cónsul de Francia tiempo después de la restauración del Imperio tras la toma de la Bastilla, renombrado episodio acaecido en julio de 1789, que señala el fin del absolutismo del reinado de Luis XVI. En cambio, el matrimonio Sarkozy lucía la condecoración otorgada por el Consejo de Ministros: el presidente, el Collar de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III; su esposa, la Gran Cruz de la misma Orden, en deferencia a sus anfitriones.

A diferencia de otros reconocimientos, la Legión de Honor fue la primera en premiar los méritos militares y civiles, y se otorgaba a franceses y extranjeros por haber prestado servicios eminentes a la República. Su origen se fecha el 19 de mayo de 1802, cuando la asamblea francesa aprobaba la creación y la organización de la Orden como parte del programa administrativo de Bonaparte, retornando así a las condecoraciones públicas, ya que las del Antiguo Régimen fueron abolidas con la Revolución de 1789.

El 15 de julio de 1804, en una grandiosa ceremonia en Hôtel des Invalides en París, tal y como recoge un hermoso cuadro de Jean-Baptiste Debret, Napoleón " el grande" entrega las primeras medallas de la Legión de Honor a los mariscales, soldados, inválidos de guerra, científicos, artistas y escritores con méritos sobresalientes. Días después, el 16 de agosto, en el campo de Boulogne, situado en el valle de Terlincthum, donde acampaban 200.000 hombres preparando el desembarco en Inglaterra, Napoleón procede a otra entrega de la Legión de Honor, en un ambiente de indescriptible entusiasmo. En el transcurso de la historia su prestigio ha ido in crescendo, honrando la memoria de quien la instauró y de todos cuantos le han precedido como Grandes Maestros de la Orden, función que ejerce el presidente de la República, nombrado patrono de la misma durante su toma de posesión. En torno a su cuello se le coloca el Collar de la Legión de Honor, creado entre la cuarta y la quinta república, consistente en dieciséis eslabones que simbólicamente representan a la infantería, la marina, el ejército, la industria y el comercio; el conocimiento del mundo, música y pintura, ciencia, arquitectura y escultura; trabajo social, literatura, medicina y cirugía, agricultura, la unión francesa de telecomunicaciones, aviación y artillería; a modo, que no semejanza, del que luciera Napoleón en la ceremonia de su coronación como emperador en la catedral de Notre Dame de París.

En su origen, la Legión de Honor no se concedía a las mujeres, pero el 15 de agosto de 1851, bajo la presidencia de Luis-Napoleón, Angelique Duchemin, sargento de las Fuerzas Armadas de la República Francesa, se convierte en la primera en ser honrada con la cinta de gules, tomándosele juramento con una fórmula que poco había cambiado en los tiempos: "Juro ser fiel al Emperador y a su Dinastía; prometo, por mi honor, consagrarme a su servicio, a la defensa de su persona y a la conservación del territorio del Imperio en su integridad; no asistir a ningún consejo o reunión contraria a la tranquilidad del Estado; prevenir a Su Majestad de todo lo que se tramase, a mi conocimiento, contra su honor, su seguridad o el bien del Imperio".

Como todas las Órdenes, ha tenido sus avatares, pero ha sido capaz de mantenerse en el tiempo, incrementando su prestigio y siendo otorgada con la prudencia necesaria para no devaluarla, un mal frecuente en nuestros días al confundir las concesiones con el pago de favores, los méritos con el amiguismo, y el honor con el interés. Es necesario que cualquier distinción esté reglada y limitada en su número de otorgamientos, en aras de preservarla del populismo, haciendo que, por ser frecuente y común, los públicos no las distingan. Así no es de extrañar que algunos creyeran que la Banda de la Gran Cruz de la Legión de Honor Francesa era un adorno en un traje de gala. Espero que la guillotina del sonrojo seccione de raíz su desinterés por la historia de la exquisita cultura francesa, corte en la que nacen las normas de etiqueta.

* Titulada Superior en Relaciones Institucionales y Protocolo

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