Las romerías constituyen hoy uno de los actos festivos más multitudinarios en numerosos pueblos de Tenerife. Las fiestas de San Isidro, en La Orotava; San Benito, en La Laguna, o San Marcos, en Tegues- te, por poner tres ejemplos, resultan impensables sin el desarrollo de esa exaltación del "tipismo". Como todo fenómeno social y cultural, dichos eventos han sufrido una evolución evidente a lo largo de la historia. Si hasta finales del siglo XIX su carácter era, esencialmente, de vivencia de unas creencias religiosas y una espontánea participación festiva dentro de una sociedad rural, actualmente con el pretexto de escenificar un mundo del campo casi inexistente, se desarrollan como masivas concentraciones con decenas de miles de asistentes, donde un porcentaje muy bajo de ellos ejercen de "actores" en carretas, grupos folclóricos y otros colectivos más o menos organizados, mientras que la inmensa mayoría acude como público o a divertirse como lo haría en cualquier verbena, botellón o en una noche de Carnaval. Todos los participantes en el debate coinciden en que la masificación, la actitud pasiva, el desinterés por los elementos típicos bien entendidos o el mal gusto han ganado un importante terreno a la calidad exigible a uno de los pocos eventos donde la población se asoma a la recreación del pasado.
El origen.- El músico e investigador del folclore Benito Cabrera recuerda que la palabra "romería" viene de cualquier visita a Roma o a un lugar sagrado. Ese carácter estuvo presente en las primeras romerías de Canarias, que tenían lugar bajo la advocación de un santo y dentro de la forma de vida campesina. Según Cabrera, después, ya a mediados del siglo XX, se convierten en una especie de desfile folclórico, como una rememoración del ambiente rural que ya por entonces empieza a desaparecer. El director de Los Sabandeños dice que en las actuales romerías perviven ritos como el de compartir comidas, la exaltación de la música tradicional y popular o la catarsis colectiva que supone, entre otras cosas, la borrachera. Y el hecho de que sean así "no es ni bueno ni malo, aunque a mi personalmente no me gustan". Y es que, en estos momentos, entre las pocas romerías que mantienen su carácter "votivo" primigenio, en el sentido estricto de la palabra, figuran la de Candelaria, en agosto, o la del Socorro, en Güímar. A juicio de Cabrera, el reto debe estar en conseguir una participación más activa de la gente, pues ahora hay más público que "actores". José María Mesa, profesor e historiador, manifiesta que las romerías, tal y como las conocemos en la actualidad, surgieron a finales del siglo XIX y fueron impulsadas por intelectuales y artistas como vía para exaltar el mundo rural y aborigen, dentro del fenómeno cultural denominado "guanchismo". El poeta y periodista Diego Crosa "Crosita" desarrolla un proyecto para reunir, en un mismo acto, diferentes elementos de las fiestas tradicionales de los pueblos para evitar desechar aspectos de la cultura tradicional que en otras zonas de España se vanaglorian de tener. Hasta ese momento, ninguna comunidad canaria celebraba una romería, sino que las fiestas tenían características singulares y particulares, como danzas, bailes, carros o carretas de barcos, por ejemplo. Crosa intenta reunir todos esos elementos en un desfile que tendría lugar en las fiestas principales de la Isla, como eran las de la Cruz en la capital tinerfeña, que siempre se caracterizaron por buscar "esnobismos", es decir, novedades que pudieran interesar y divertir a los ciudadanos. Fue en 1900 cuando Crosita plantea una romería con camellos, carretas de barcos tiradas por vacas, carrozas con alegorías dedicadas a molinos de viento o lagares, así como con danzas rituales. Esa "cabalgata" partió desde el teatro y recorrió varias calles, como la del Castillo, la de la Cruz Verde, y la plaza de la Constitución (hoy de la Candelaria). Además, tal romería acabó en un baile con trajes del país. José María Mesa aclara que ese impulso a las representaciones actuales se produjo como manifestación urbana y burguesa, que después fue retomada por la élite social de La Orotava en 1936. Además, como ocurre con otros actos festivos, dicho modelo se copió en innumerables ocasiones hasta llegar a lo que hoy conocemos con el nombre de romería. El músico Benito Cabrera cree "peligrosa esa manía de repetir modelos" sin reflexionar. En esa línea, destaca que se pueden buscar otros modelos de exaltación y recreación de las tradiciones, como en su momento ocurrió con la organización del baile de magos impulsado a comienzos de los años noventa por la Agrupación Folclórica Universitaria (AFU) en La Laguna, donde los asistentes podían bailar con música tradicional o popular. Cabrera, que también ejerce de profesor en el Conservatorio, recuerda que en el último baile de taifa organizado recientemente en la capital de Fuerteventura acudieron más de 8.000 personas. Y eso demuestra que otros actos también gustan. Para Cabrera, muchas romerías están metidas en las fiestas con "calzador" y nada tienen que ver con la tradición de un pueblo concreto. El investigador y músico echa de menos que en las capitales costeras de Canarias se viva de espaldas al mar y no se hayan cuidado más las romerías marineras del Carmen, como en la capital de Lanzarote.
La calidad.- El alcalde de Tegueste, José Manuel Molina, manifestó que "corresponde a las administraciones velar por la calidad y continuidad de las tradiciones". Reconoce que, en pocos años, en la Romería de San Marcos la afluencia de gente ha pasado de 15.000 a 50.000 o 60.000 personas. Dichas cifras contrastan con la decena de vecinos que van en cada una de las 26 carretas y los miembros de los grupos folclóricos, que no superan el millar de participantes en total. Molina está convencido de que, junto con los barcos o la danza de las flores, "los carreteros son los verdaderos artífices de nuestra romería", pues trabajan desde diciembre para mostrar su labor. Según Molina, hay que velar por esas tradiciones y "el próximo año lucharemos por vender" el acto con mayores elementos de calidad, ani- mando a llevar una mejor vestimenta e intentando frenar la "extraromería" en los alrededores del casco, donde los protagonistas son los coches con la música a todo volumen y la gente bebiendo en exceso. En esa línea, "ya hemos evitado la actividad de los quioscos con la música". Juan de la Cruz, uno de los investigadores de la vestimenta tradicional, coincide con Cabrera al afirmar que estos actos son desfiles de exaltación del costumbrismo. Asegura que las romerías tienen un valor "importantísimo", ya que, junto con los bailes de magos, son la única celebración donde la gente joven puede tener una visión de lo que era nuestro folclore, "en el caso de que se conservara con cierta pureza". Considera que es fundamental que se mantengan estos actos, pues en caso contrario nos convertiríamos en un pueblo sin conciencia de sus raíces o singularidades. De la Cruz señala que está en manos de las autoridades realizar unas convocatorias donde se invite a venir a aquellos ciudadanos que realmente les guste disfrutar del folclore y "no como si fueran al entierro de la sardina". Es decir, sugerir a quienes no les guste la música o la vestimenta tradicional que no vayan a la romería. Toñi Alvarado, monitora de baile tradicional y directora del Grupo de la Escuela de Folclore de Arona, comenta que "ese desinterés por nuestras tradiciones es perceptible en celebraciones del Sur de la Isla, por poner un ejemplo, donde acuden inmigrantes y personas nacidas en Canarias que desconocen y no tienen interés por aprender los bailes tradicionales o cómo deben ir vestidos, ya que lo único que buscan es divertirse de la forma en que lo harían en una verbena". Y aclara que no tiene nada en contra de los inmigrantes. Como ejemplo de romería que no está excesivamente masificada y donde existe una mayor participación de la gente, a la vez que, en general, se cuidan detalles como la vestimenta o la presencia de carretas tradicionales, Alvarado menciona la de San Antonio Abad, en Arona.
Evolución.- Juan Rodríguez, artesano y tejedor de telas tradicionales, comenta que estos actos festivos han ido evolucionando con los tiempos y considera, hasta cierto punto lógico, que las carretas actuales sean tiradas por vehículos de tracción mecánica, pues ya casi no quedan burros y vacas. Desde su punto de vista, a algunas carretas de romerías, como las de Tegueste, sería mejor denominarlas carrozas por las alegorías decorativas que sostienen. Rodríguez considera que la carreta de romería es aquella que lleva un "sombrajo", mucha vegetación y que trata de imitar a las romerías de mediados y finales del siglo XIX, cuando se iba de un pueblo a otro. Las actuales manifestaciones son una "función teatral dentro de la ciudad, pero si se pone en escena hay que hacerla lo mejor posible". Para Rodríguez, da igual que la carreta sea arrastrada por vacas que por un todoterreno, lo importante es que se apueste por el costumbrismo en la decoración de ese elemento. Juan de la Cruz critica que la exaltación del "pasado campesino" se haya convertido en una generalización y aceptación de elementos que rozan lo "chabacano" y el mal gusto. Y, como ejemplo, cita la cabeza de cochino con gafas de sol y pipa en la boca.
La vestimenta.- La indumentaria es uno de los elementos que más llama la atención en el desarrollo de una romería. El tejedor Juan Rodríguez cree que actualmente hay un número mayor de personas bien informadas que van mejor vestidas, aunque cuesta encontrar a quienes realmente poseen un buen traje. Rodríguez no es partidario de los "apaños" que realizan los participantes en una romería o en un baile porque, sencillamente, se les exige ir vestidos de magos. Manifiesta que los "apaños" hacen daño a la cultura tradicional y dice que, si no se cuenta con una vestimenta adecuada, es preferible acudir como si se fuera a una verbena cualquiera o dar un paseo por la calle, pues ni la música ni el baile folclórico están reñidos con la moda actual. Toñi Alvarado comenta que, en general, la gente acude a las romerías mal vestida, es decir, que sólo los miembros de grupos folclóricos y alumnos de escuelas de folclore tienen trajes apropiados. Juan de la Cruz dice que, en la actualidad, existe una mayor riqueza informativa sobre la indumentaria tradicional que hace dos décadas, gracias a la divulgación de diversos estudios sobre la materia. Considera gratificante apreciar que cada vez hay más gente bien vestida. El alcalde de Tegueste considera fundamental cuidar este aspecto de la cultura tradicional y no está de acuerdo con quienes abogan por "abrir la puerta" para evitar "apaños" horrorosos. El director de Los Sabandeños coincide con Rodríguez cuando asevera que "mi abuelo iba al baile y no se disfrazaba", por lo que defiende una participación espontánea. Es decir, que se trata de disfrutar de la música, el baile y otras tradiciones sin "complejos", pues esos elementos forman parte de "nuestra cultura". Por esa razón, cree que es mejor ir "vestido de mí mismo, que mal disfrazado".
La labor de los medios debe mejorar
Todos los participantes coinciden en que el tratamiento de las romerías en algunos medios de comunicación audiovisuales es francamente mejorable en cuanto a información y formación del espectador. Benito Cabrera considera que la divulgación de las manifestaciones folclóricas se ha frivolizado y se tiende al espectáculo. Echa en falta programas como "Senderos isleños" o "Andar Canarias", que incidían en el conocimiento de una realidad cultural que era más amplia que la exposición únicamente de determinados tópicos. Además, lamenta que la identidad se relacione con hablar mal o el mal gusto en los comportamientos. José Manuel Molina asegura que, al hablar sobre las tradiciones de un municipio, resulta más eficaz realizar un reportaje que aborde diferentes señas culturales, que algunas retransmisiones en directo. Juan de la Cruz cree que resulta vergonzoso observar que quienes deben ser unos profesionales a la hora de retransmitir una romería o una procesión no tienen ni idea de lo que están viendo. De la Cruz va más allá y cree oportuna la existencia de periodistas o articulistas especializados en informar sobre estos temas e, incluso, en realizar críticas con conocimiento de causa a los grupos folclóricos y las organizaciones de estos eventos. E incide en la necesidad de publicar textos divulgativos sobre temas etnográficos diversos. Toñi Alvarado estima que en algunas romerías no se debe entrevistar a personas mal vestidas para reírse de ellas, sino a aquellos que acuden con una vestimenta correcta y que deben servir de ejemplo. Juan Rodríguez opina que algunos locutores deben documentarse antes de preguntar. Y Mesa aclara que ahora abundan las "improvisaciones en directo". Según José María Mesa, una retransmisión requiere una documentación bibliográfica, un soporte teórico y un asesoramiento adecuado.
Texto: C. ÁLVAREZ Y P. FUMERO Fotos: MARÍA PISACA
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