CREO EN EL PODER de las nuevas tecnologías. En el grado intimidatorio que tienen los avances sobre la raza humana. Hace dos décadas y media, más o menos, daba repeluz ver cómo un robot con la apariencia del vendedor de periódicos del quiosco de la esquina se llevaba por delante cualquier atisbo de vida que saliera a su encuentro. La aniquilación entre los seres racionales no es un "invento" de antes de ayer. Ni siquiera el visionario James Cameron, autor de "Terminator" (1984), lo tendría fácil a la hora de redactar el guión de una película en la que un cobarde le arrebata la vida a la mujer con la que ha compartido episodios (buenos, regulares y malos) de su existencia. En resumen, que hay mentes enfermas que se empeñan concienzudamente en llevar la contraria a aquellos mensajes tranquilizadores que se insertan al principio o al final de una proyección con el único objetivo de advertir a los cinéfilos que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. La frialdad con la que actúa esta manada de asesinos es tan patética que, aunque ellos crean estar por encima del bien y del mal, únicamente son unos desgraciados; bastante más débiles que la suma de miles de gallinas de granja.
Cualquiera de los animales que aguarda entre los barrotes de una jaula de un zoo la complicidad de un visitante, con lo tremendamente aburrido que tiene que ser pasarse todo el santo día comiendo, defecando o despiojándose, se merece más respeto y cariño que el autor material de una muerte incomprensible. De esas que tratas de analizar con serenidad con el primer café del día y que nunca consigues entender. Puede que hoy tengamos más medios, pero hay algunos que todavía se mueven (por mucha era la de información de la que presumamos) en la oscura época de las cavernas. Son auténticos cavernícolas del siglo XXI.
Cualquiera de las tortugas bobas (como la que aparece retratada en la foto inferior) que nadan en el mar tiene que ser más inteligente que un ser que no es capaz de ver más allá que sus propias miserias. Y es que, mientras hay científicos que tratan de buscar nuevas fórmulas de vida artificial, otros emplean las neuronas que todavía le responden en destruir el principio de todo, incluido él.
* Redactor de EL DÍA
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