1.- El otro día escribí un artículo bucólico sobre el Santa Cruz la nuit, que diría, si viviera, mi admirado amigo Paco Pimentel . Se trataba de un pequeño ensayo sobre la ciudad y yo decía que teníamos que estar satisfechos de que arquitectos punteros del mundo, como Herzog y De Meuron , Dominique Perrault, Santiago Calatrava, etcétera, firmaran proyectos para la ciudad. Criticaba la actuación de ecologistas de pacotilla, que lo boicotean todo, reniegan de todo y lo denuncian todo. Yo intenté una fórmula literaria, a partir de la canción de Los Huaracheros , "Ay, Santa Cruz", y de su más bello gerundio: "suspirando en Las Mimosas", hermoso barrio chicharrero en el que yo no tengo casa, ni chalé, ni nada de nada. Pues bien, un anónimo lector, sin duda identificado con los del "no", me ha escrito una airada carta, cuyos párrafos reproduzco. Lo hago para que ustedes comprueben qué extrañas obsesiones dominan a los automarginados, a los insociales, a los antiglobalización, a los maniáticos, a los que quieren que todo se quede inalterable para siempre.
2.- Me dice: "Cómo se nota que desde tu terraza en Las Mimosas todo debe verse diferente. Cómo se nota, desde tu precioso chalé, dibujado, seguro, por los grandes Herzog y De Meuron, la clase de persona que eres. Cómo se nota que desde los intereses de la clase dominante, toda infraestructura no es sino una nueva oportunidad de especulación y, por tanto, toda una alegría. Cómo se nota que desde el tren del bienestar donde tú viajas, el mundo se mueve de forma diferente. Cuidado, porque si un día cambias de línea puede que te des cuenta de cómo son las cosas realmente por aquí abajo. Atentamente, uno de esos ecologistas de mentira, de pacotilla, sin mochila azul... a los que tú culpas de destruir el mundo protegiéndolo de vosotros, capitalistas sin escrúpulos, que pretendéis vendérnoslo a los pobres, y encima mucho más caro, después de haberlo ensuciado con vuestros "mamotretos" o bellos proyectos como tú los llamas. No todos nos dejaremos manipular, amigo. Recuérdalo".
3.- Coño, ahora resulta que: a) soy rico, cuando soy más pobre que las ratas; b) que viajo en el tren del bienestar, cuando ya ni viajo; c) que defiendo los intereses de la clase dominante, cuando les aseguro que estoy más cerca de los más débiles que de los poderosos, aunque pueda parecer lo contrario. He reproducido la carta, porque me gusta atender a los lectores, aunque les dé caña cuando creo que lo merecen, pero me reafirmo en lo dicho en el artículo, tanto en sus frases literarias como en la enjundia. Una ciudad con estas firmas puede convertirse en una gran urbe; sin embargo, el no a todo y el no querer mover la ciudad para que todo siga igual no ayuda en nada. Por eso recelo de los ecologistas; de los de pacotilla; de los otros, no. De los otros presumo de ser amigo.
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