UNO DE ESTOS DÍAS, me encontré en el quiosco de la plaza de La Paz a mi amigo Rosalino, con un fleje de papeles y cara de pocos amigos. Su incomodo se debía a la dificultad para matricular a su hija pequeña en el colegio donde habían hecho la Primaria las mayores; pero, debido a la puntuación, todavía no sabía dónde se la iban a "ubicar", ya que en la lista en Internet aparecía la quinta en lista de espera; y en otros dos centros, donde también había pedido plaza, en uno aparecía con el número trece y en otro con el veintisiete. Algo que me sorprendió, ya que, por el bajo nivel de natalidad, los colegios públicos están casi vacíos, a no ser en el sur, por aquello de la inmigración.
"Con la señora burocracia nos hemos topado", me dijo, al terminar de tomar el café, a la vez que encendía un "Krüger", y que tanta envidia me produjo. Primero había ido a hablar con la secretaria y la directora del centro donde había presentado los papeles, y de allí lo mandaron a la Consejería, porque ahora era allí, y por ordenador, donde adjudicaban las plazas. En la Consejería le dijeron que era cosa de los directores, pero que volviera a mirar en Internet para asegurarse, por lo que decidió presentar un recurso, puesto que "el recurso es lo que se lleva" -me dijo él después de pagar los dos cafés y mandarse a mudar-. No sé en qué quedó todo, porque no he vuelto a ver a Rosalino y creo que todavía no han salido las listas definitivas. Después me enteré de que no sólo era una preocupación de mi amigo, sino también de otros muchos padres que no tienen ninguna seguridad de poder matricular a los hijos en los centros de su preferencia.
En Canarias, como en el resto de España, predomina la enseñanza pública, que comprende dos tercios del alumnado. Del resto, la mayoría va a centros concertados; los privados sin concierto son la menor parte. En cuanto a la libertad de elegir centr,o no es muy amplia: se reduce a poder elegir sólo plaza en tres colegios, luego se puntúa la cercanía al domicilio, la renta familiar y la presencia de hermanos en el centro, lo que reduce el margen de maniobra de los padres. Con frecuencia ocurre que no hay plazas en ninguno de los colegios solicitados. Pues, aunque hubiera niños suficientes para crear una nueva unidad en cualquiera de los centros preferidos por los padres -como me comenta la profesora Montoro-, ésta no se crea y se van "reubicando" los niños en otros centros, totalmente desconocidos para sus padres, según el número de plazas que les hayan quedado libres.
En la muestra examinada (820 padres y madres de alumnos) de un estudio de 2008 financiado por la Fundación Cajas de Ahorros (FUNCAS) y publicado en 2009, se refleja de manera real el criterio de los padres a la hora de elegir escuela. De este estudio, personalmente me llama la atención la preocupación de los padres, en primer lugar, "por el ambiente de los chicos que van a ese colegio" -mencionado expresamente así-; después, se menciona mucho "poder elegir centro" y, a continuación, "la cercanía". Por otro lado, ha disminuido la preferencia por un sistema educativo público y ha aumentado la opinión favorable al cheque escolar.
En este estudio, algo que también me ha llamado la atención es que se observa que en los diez últimos años los padres prefieran para sus hijos los colegios concertados o privados, hecho que no ocurría en los años anteriores a 1998. Si bien en la actualidad hay un aumento de solicitudes en los centros públicos debido a la crisis económica.
De todos modos, en nuestra comunidad, aunque el chico tenga que ir al colegio que le toque, se va a encontrar con un profesorado francamente bueno, lo conozco bien. Puedo decirlo no por "dorar la píldora": mis colegas de siempre saben que no es mi estilo. Con escasez de medios y sobrecarga de burocracia les he visto hacer maravillas en el aula. Lo que realmente necesitan es la confianza y el apoyo de las madres y de los padres; pero, sobre todo, el respaldo en su autoridad y el reconocimiento de su labor por la administración educativa. Aunque soy partidario de la libertad total de los padres para elegir escuela.
* Orientador familiar y profesor emérito del CEOFT
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