EMILIA Esperanza, en Tacoronte, seguramente confiaba en la justicia; el terror psicológico a la que su agresor la tenía sometida parecía contrarrestar la protección que nuestra sociedad le había prometido.
María, en Almería, era asesinada ese mismo día, también por su pareja. Carmen Rosa, en Guía de Isora, también se confió de su asesino. La semana pasada el cuerpo sin vida de Isabel Canino apareció, después de tantos meses de búsqueda infatigable.
Todas ellas asesinadas por el machismo criminal. A día de hoy 20 mujeres han muerto este año 2009 en el territorio nacional. Sus ciclos vitales los truncó un constante pensamiento obsesivo, enfermizo, una "educación machista", un analfabetismo emocional incapaz de aprender a aceptar que su libertad termina donde empieza la de su pareja, incapaz de reconocer en su pareja la libertad de decidir su propia vida, apropiándosela, como si fuera una de sus pertenencias. Querer no es tener: es simplemente querer. Amar no es tener, es simplemente amar.
Amar no es dominar, sufrir, aguantar, maltratar y mucho menos asesinar. Un pequeño atisbo, un pequeño intento de cualquiera de estos cinco verbos en la convivencia nos debe hacer saltar las alarmas, en nuestros corazones, porque se alimenta a través del tiempo, infundiendo terror en la víctima, generando un ciclo de violencia que se hace cada vez más intenso y devorador y que se retroalimenta entre el dominador y la víctima.
En la familia, en la escuela, en la calle y en las instituciones sociales y públicas debe estar presente el más enérgico rechazo a la violencia machista, pero también tiene que promocionarse una convivencia en igualdad: la educación en igualdad.
Tras muchos siglos de educación machista, el cambio que nuestra sociedad actual necesita no se va a producir por generación espontánea: lo sabemos cuando vemos que, año tras año, se producen tantas muertes y denuncias, y ¿quién no conoce algún caso de violencia de género cercano a su entorno? La sociedad necesita de más propuestas específicas y globales: activar, pero con un compromiso serio, la educación para la igualdad en las escuelas; y políticas transversales de Igualdad en las instituciones. La mujeres necesitan no sentirse amenazadas para tomar decisiones en su vida. Las niñas y los niños deben aprender a convivir en igualdad, entonces, serán mujeres y hombres que se reconocerán mutuamente libres en el mañana.
Las asociaciones comprometidas con la igualdad representan un espacio de socialización poderoso, claramente definido, cercano al entorno. Hay que seguir denunciando, impulsando proyectos de prevención y atención a las mujeres. Que no se sientan nunca solas. Se trata de activar los mecanismos del conjunto de las administraciones públicas para proteger a las personas que sufren la lacra de la violencia de género. Se trata de crear y apoyar, pero muy en serio, a las redes asociativas que dan apoyo a las mujeres que sufren, que sienten terror, que se sienten solas, que se encuentran en un círculo familiar de violencia de género.
Se trata de integrar a los hombres en la lucha para la erradicación de esta lacra social. En tratar de que asuman un compromiso permanente en contra de la violencia de género: muchos hombres pueden ser ejemplo para mostrar a estos agresores y potenciales asesinos otra forma de relación: igualitaria, de aceptación de la libertad de su pareja para tomar decisiones.
Si en nuestras familias no se respeta a las mujeres o a los hombres, y se sustituye el afecto o el amor por la dominación, es posible que el conflicto de intereses acabe en violencia.
Si en la prensa todos los días mujeres y hombres venden su cuerpo como si el cuerpo de una persona pudiera adquirirse como las cosas, es posible que terminemos pensando que podemos adquirir a las personas que deseamos y apropiárnoslas, y, si no es así, usarán la violencia para someterlas.
Si no educamos a las personas para ser libres y responsables consigo mismas y respecto a los demás, desde la perspectiva de que todos y todas somos iguales, las personas no aprenderán a manejarse desde la autonomía personal, necesitarán dominar a los otros y acabarán usando la violencia para consolidar su dominación.
No es poca la tarea que tenemos por delante en este tiempo. Acabar con la dominación de unas personas sobre otras, y con la dominación que desde la propia sociedad se genera hacia las personas con más dificultades. No podemos seguir gestionando tan mal los recursos que se dedican a estos objetivos. No puede seguir siendo tan nefasta la gestión de las ayudas públicas para abordar estos problemas. Tenemos, todos y todas, que trabajar mejor, establecer con mayor precisión los objetivos, acabar con la burocracia inútil y trabajar con compromiso en la igualdad para hombres y mujeres de Tenerife y de Canarias.
En eso estamos las entidades sociales que dedicamos nuestros esfuerzos a estos objetivos. Queremos estar con las administraciones en este objetivo común, pero aún queda mucho por mejorar, para evitar que se sigan asesinando mujeres y que el machismo y el antifeminismo sigan prendidos en las mentes de nuestros hombres y en no pocas de nuestras mujeres.
Ante estas muertes recientes de mujeres, seamos capaces de cambiar el rumbo, de innovar, de indignarnos por nuestra propia incompetencia y trabajemos todos juntos y juntas para que, en lo posible, no vuelva a morir ni una mujer más. Desde la asociación Domitila Hernández. Por la Igualdad de Oportunidades desde Tacoronte, nuestro pesar para los familiares y quienes las conocieron.
* Junta Directiva y socias/os:
Luz Marina Figueroa de la Paz (lucyfiguepaz@gmail.com) Celestina Margarita González Cáceres, Severa Hernández León, Mercedes Pérez Schwartz, José Miguel Gutiérrez Chico, José Luis Figueroa de la Paz, Diego Díaz González y Grimanesa Hernández Hernández
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD