BONITA y espléndida se nos presenta la calle Juan XXIII, en la zona de Tigaiga-Barroso. Es, sin lugar a dudas, una calle en la cual sus vecinos cuidan con total esmero sus jardines, y llama la atención de cuantos circulan por dicha vía ver lo bien cuidados que estos jardines están.
Allí vemos una gran variedad de flores de distintos colores que la convierten en un lugar mágico y único en todo el municipio, pero qué lástima que las flores, al igual que los seres humanos, nacen y mueren. De cualquier forma, el aspecto que ahora mismo vemos en esta calle donde encontramos la barriada de Barroso llama la atención de propios y forasteros.
Pero que no olvide nadie que el mantenimiento de estos bellos jardines, tales como aguas, abonos, cortes o podas, etc., es una tarea de los propios vecinos, y que cada uno se preocupa de cuidar su respectivo jardín.
Pero una cosa es decirlo aquí, en este medio de comunicación, y otra muy distinta es ver de cerca el aspecto multicolor que nos ofrece este lugar. Por eso, y viendo lo grande que es la naturaleza y lo hermoso de estos encantos naturales, creo que debemos animar a estos vecinos y felicitarlos, porque esta ardua tarea de quienes pasan las horas en labores como estas se merece nuestra felicitación.
Aromas y colorido también que vemos en la calle de Barroso. En ambas calles, que circundan la barriada del mismo nombre, las flores dan ese toque de elegancia, tan propias de la primavera y que abren un espléndido paisaje junto a los verdes riscos de Tigaiga, que cierran magistralmente este histórico lugar.
También quiero señalar que este barrio siempre se ha caracterizado por sus amplios patios, llenos de flores ornamentales, posiblemente antes más que ahora, pues las nuevas construcciones han impedido de alguna manera aquellas viejas costumbres de nuestros padres y abuelos de prestarle la máxima atención a las plantas, pues una casa vacía es como un jardín sin flores, y se detesta que allí donde no hay flores el ser humano está ausente, que algo pasa, pues el fallo se nota.
El barrio de Tigaiga, desde tiempos muy lejanos, era conocido por el barrio de las flores y los verdes patios. También llamaba mucho la atención el paseo de la Casa de la Era, o los jardines de la Casa de la Coronela, donde las azucenas abundaban en fechas como las presentes, además de aquellos llamativos rosales de colores, cargados de hermosos racimos que perfumaban el aire de estos lugares junto al variado colorido de los gladiolos.
En la actualidad, contrastan las nuevas viviendas con estos jardines cuajados de mil colores, y es agradable caminar y contemplar lo grandiosa que es la naturaleza, cuando vemos brotar tantas plantas para ofrecernos su gran esplendor, que, como ya señalé, es semejante al ser humano: nacer y vivir, para luego morir.
Cuando las flores se marchitan por naturaleza, parece que algo falla, y siempre habrá una nueva planta que vuelva a florecer a la luz del sol y para regocijo de todos, porque son ellas la señal de que hay vida, de que aquí vive gente.
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