EL DÍA, S/C de Tenerife
Las 7.500 hectáreas de invernaderos que hay en Canarias podrían servir para mucho más que para producir frutas, plantas y hortalizas. La energía puede convertirse en el nuevo cultivo de las zonas rurales de la mano de un proyecto impulsado por la Universidad de La Laguna (ULL) y la Fundación para el Desarrollo y la Cultura Ambiental de La Palma (Fundesculp), con el respaldo del Instituto Tecnológico de Energías Renovables (ITER) del Cabildo tinerfeño, la Cámara provincial, el Instituto Tecnológico de Canarias (ITC) y el grupo empresarial Unisolar.
La Cámara ha acogido la primera reunión de trabajo para sentar las bases de un convenio que busca la implicación del tejido empresarial con las administraciones públicas para sacar adelante un proyecto que busca la generación de energía eléctrica mediante sistemas fotovoltaicos semitransparentes que se aplicarían en los invernaderos de plátanos y tomates.
Según afirmó el titular del Cabildo tinerfeño, Ricardo Melchior, el desarrollo de este proyecto no sólo podría ser interesante como apuesta decidida por las energías limpias, sino que, además, "puede convertirse en un auténtico revulsivo para el campo canario, en una oportunidad de oro para unir el mundo rural y el energético y para dar una nueva vía de ingresos a los agricultores de las Islas". A su juicio, estas iniciativas "demuestran que las renovables han dejado de ser ideas de quijotes y han sido capaces de plasmarse en proyectos pragmáticos y rentables".
El investigador Juan Avellaner explicó que "la investigación y el avance de las nuevas tecnologías permiten la creación de películas fotovoltaicas muy finas, de tan sólo 3 micras de grosor, que incorporadas a la estructura de los invernaderos son capaces de captar el 90% de la radiación solar y transformarla en energía".
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