FERNANDO FÉRNANDEZ cuenta en su haber con numerosos méritos políticos. No en vano ha sido la suya una carrera de 27 años como hombre público, según nos acaba de recordar. De todos ellos, posiblemente el más laudatorio es haber sido el único presidente de Gobierno que se puso la soga al cuello para que lo destituyeran. Fue cuando presentó una moción de confianza en el Parlamento de Canarias, y la perdió. No estoy seguro -ni voy a perder un minuto en comprobarlo- si tal mérito ostenta la categoría de récord mundial, si bien tampoco me sorprendería que así fuese. Una simpleza, en cualquier caso, que debemos perdonarle al susodicho, porque en el fondo es una buena persona.
Sin embargo, no es de político bienintencionado -ni siquiera de persona bienintencionada- afirmar, como acaba de hacerlo el hasta ahora eurodiputado por el PP, que obra mal CC al presentarse a las elecciones europeas porque en estos comicios no pintan nada. Lo cual no es del todo falso, si bien también ardo en deseos de saber qué ha hecho Fernández en Europa no en la última legislatura, sino también en la anterior. Estoy convencido de que su labor ha sido indudablemente muy intensa, pero la desconozco. Ignorancia, me temo, que comparto con muchos ciudadanos de estas Islas. Más aún: dicen las malas lenguas que el ex presidente canario forzó su última estancia en Europa para retirarse con una buena jubilación. Los sueldos en Bruselas, eso ya lo saben ustedes sin necesidad de que yo se los cuente, son bastante generosos.
Alguien que lea estas líneas pensará que me ha dado por defender a CC a capa y espada y, al mismo tiempo, denostar a Fernando Fernández. Ni una cosa, ni la otra. Los nacionalistas saben defenderse solos, aunque intuyo que su situación en Europa a partir del domingo no va a ser muy distinta a la de antes del domingo; es decir, y en eso -insisto- acierta Fernández, no van a tocar bola. Quizá su suerte sería otra con unas circunscripciones regionales, pero la UE no está por la labor de favorecer a los nacionalismos. Con Bélgica a punto de romperse, con el problema corso siempre latente y con otros asuntos periféricos harto complicados, hoy por hoy en Bruselas no quieren saber nada de aventuras susceptibles de abrir la caja de los truenos. Y en cuanto a lo de censurar a Fernández, pues tampoco. Tan sólo recordarle que no es el más autorizado a arrojar la primera piedra.
Ni él, ni nadie de su partido que pulule por estos alrededores, pues tampoco cabe esperar ningún milagro de Gabriel Mato; hombre llamado a sustituirlo -oficiosamente, claro- en esa condescendencia del PP hacia Canarias consistente en que uno de sus eurodiputados proceda del Archipiélago. El señor Mato va de número trece -mal guarismo, caramba- de la lista popular por lo que va y por nada más. En realidad, a estas Islas no se las ayuda yendo ni siquiera de número uno, como el Terminator; se las ayuda siendo un poco más atentos con ellas cuando hace falta, y no me refiero sólo al asunto de la Lotraca, aunque también. En definitiva, lo mejor que pueden hacer algunos es callarse. No para estar más guapos, que no es el caso, sino al menos para evitar artículos como este.
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