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EN EL CAMINO DE LA HISTORIA JUAN JESÚS AYALA

Europa, los hijos de Zeus

4/jun/09 07:46
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QUIZÁS haya sido en la cima del Olimpo, desde el monte Fócida, donde Zeus, que sobrevivió a las malas artes de su padre, Crono, se invistió de gran prestigitador, de oráculo sempiterno, sentando las bases de aquellos territorios que, encerrados en múltiples fronteras, las rompió alumbrando el imperio y consolidando lo que se llamó Europa.

Quizás haya sido también una quimera que se gestó no desde lo alto, sino desde los caminos fangosos llenos de miseria, de guerras dinásticas, religiosas y mercantilistas y de los desencuentros lo que originó que a lo largo de los siglos los hijos de Zeus, descendientes de un solo padre, hayan arrojado fuera de sí sus demonios ocultos y cada uno se encaminara por sendas diferentes. Hacia las tragedias de cada cual, que si la guerra de los treinta o de los cien años; o que tras las dos grandes guerras daba la impresión de que la calma y la paz, no la perpetua de Kant, pero sí la sucedánea, se iba a instaurar en el espacio aquel que, desde la cima del Olimpo, Zeus abarcaba con todo el esplendor no sólo de su imaginación, sino también con las noticias que llegaban del más alejado rincón del imperio.

Europa, vieja y cansina, que ha dado miles de traspiés pero que, a la vez, ha sido la cuna de una civilización que, quiérase o no, permanece incrustada en la conciencia de sus hijos; y que de sus fuentes han bebido y con sus aguas se han bautizado desde las artes hasta las ciencias y la alta tecnología.

Parió verdaderos y horribles monstruos que enfilaron sus armas mortíferas hacia los que tenían al lado en el afán, aunque de manera truculenta, de emular a Zeus y ser los que controlaran y mandaran en esos nuevos espacios que violentaron. Espacios que continúan en constante litigio, donde hasta hace bien poco los Balcanes ardían mientras que otros miraban para otro lado con sus políticas nefastas y miedosas, hasta que el muro de Berlín se cayera al suelo hecho pedazos, empujado por otras manos que parecía que actuaban de diferente manera.

Dando tumbos y más tumbos, Europa se ha erigido no sólo en paladín de la civilización, sino también en el reducto de la más alta intelectualidad que hizo capaz que se gestara lo más exquisito dentro del campo del arte y de la cultura jamás conocido. Europa fascinó y de ella se llevaron los mejores y más preparados cerebros para enseñar y dar lecciones a los que tenían en aquel momento dólares y riqueza. Les mostró el camino que deberían seguir para dar con la Luna, como así sucedió. Europa fue esquilmada de sabiduría y se transportó lejos para nutrir de premios nobeles a las universidades americanas, apoyadas en la vieja sabiduría y la riqueza intelectual de la que se le fue desposeyendo.

Sin Europa no hubiesen sido posibles muchas cuestiones, sin olvidar la violenta irrupción de su mundo llamado civilizado en otros pueblos que colonizaron, masacraron, robando culturas seculares bajo la aquiescencia de la Iglesia, donde la espada siempre contó con la bendición de la cruz.

El día 7 de este mes seguirá siendo Europa, con sus diferencias ostensibles entre los que se dicen iguales, con sus desajustes, sus ampliaciones y, sobre todo, con un futuro bien distinto al de hace unas cuantas décadas. Europa se enfrenta a un reto plagado de incertidumbres donde sus capacidades están aún por ver; donde la toma de decisiones será o no la acertada para sacar del marasmo establecido la política que pretende asumir; sobre todo, la económica, porque la unificación constitucional como meta está distante, casi inalcanzable.

Si hay que comentar, ya que hablamos de Europa, que los discursos, mítines y monsergas oídas estos días en declaraciones, pagadas o no, mediatizadas por los de siempre, nada han tenido que ver con Europa ni con sus hijos. Europa ha sido la gran ausente de sí misma. Y si este es el camino que se ha trazado se llegará a cualquier lugar, pero la memez establecida, el discurso monocorde y resabido hacen que se aleje de sí misma.

Palabras disfrazadas, inconsistentes, fuera de contexto, que pueden cuestionar el futuro si el descalabro económico y social, si la focalización ombliguista de cada cual persisten y se es incapaz de entender y saber lo que se quiere, hacia dónde hay que mirar y tener perfectamente claro que la cultura une, define y es consustancial con el individuo. No es la geografía, que también, la que manda, es la cultura la que obliga, marca e identifica.

Los hijos de Zeus están dando palos de ciego, caminando con la venda puesta en los ojos y haciendo oídos sordos por donde suenan las sirenas del mundo.

Europa, ese gran mastodonte administrativo-político-cultural, está dispuesta a todo. Eso dicen los que la quieren, los que pretenden acercarse a ella, aunque sólo hablen de Soria, de Las Hurdes o de Madrid, como si ese fuera el ombligo de esa Europa que apenas mencionan.

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