Tenerife
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
LO ÚLTIMO:

Obras en la ermita de Regla junto a 1.332 enterramientos del siglo XIX

Una excavadora trabaja en la trasera del templo hace semanas, justo donde podría estar ubicada la zanja donde se dio sepultura a víctimas de la fiebre amarilla que asoló la capital desde octubre de 1810 hasta 1811. Se solía utilizar el templo para los entierros, pero al ser tantos los muertos, se hizo uso de los alrededores.
3/jun/09 07:40
Compartir
Edición impresa .
LAS EXCAVACIONES pueden estar realizándose en la zona que antaño se utilizó para enterrar a los fallecidos a consecuencia de la fiebre amarilla./ m. expósito
LAS EXCAVACIONES pueden estar realizándose en la zona que antaño se utilizó para enterrar a los fallecidos a consecuencia de la fiebre amarilla./ m. expósito

CRISTINA ÁLVAREZ, Tenerife

Un total de 1.332 personas murieron en Santa Cruz de Tenerife a causa de la epidemia de fiebre amarilla registrada entre octubre de 1810 y que se prolongó hasta 1811. Dicha cifra corresponde en su gran mayoría a los enterrados en fosas junto a la ermita de Nuestra Señora de Regla a causa de una epidemia de fiebre amarilla que se cobró varios miles vidas. Antaño era costumbre que, como en Europa, se realizaran enterramientos dentro y en los alrededores de las iglesias y conventos. Así, varios son los historiadores que recogen en sus obras que en la de La Concepción se hizo lo mismo.

El historiador Daniel García Pulido se mostró desconcertado ante el hecho de que se estén realizando excavaciones en las inmediaciones del templo sin que se haya realizado previamente una seria de catas para descartar que en la zona de trabajos se encuentren fosas comunes donde se dieron sepultura a miles de personas, víctimas de la pandemia de fiebre amarilla que según algunos historiadores "llegó" a Santa Cruz desde Cádiz y posiblemente la contrajo un pasajero o marino de los barcos que solían atracar en el puerto capitalino. El ser enterrado en la ermita de Los Llanos llegó incluso a ser motivo de algún comentario morboso, como el que recoge Juan Primo de la Guerra en su "Diario" al citar que al efectuarse los enterramientos en dicho lugar "puede decirse que mueren todos arreglados".

Actualmente se están llevando a cabo obras de canalización y desagüe enmarcadas en las obras del Fondo Estatal de Inversión Local y que se alargarán hasta final de año. El estado de la ermita es lamentable, como se ve en su fachada, donde se pueden apreciar los desperfectos que causan las humedades, ya que la vía está por encima de la iglesia y siempre el lugar ha sufrido inundaciones. Despreocupación.- Daniel García Pulido estima que no se está tratando como debiera el escaso patrimonio histórico de la ciudad, llegando a "la despreocupación y la desidia". La fiebre amarilla resultó una auténtica pandemia en la capital y su dureza fue tal que llegaron a fallecer miles de personas, incluso los propios médicos que atendían a los enfermos. Tal era la crudeza de la epidemia que no daba tiempo de disponer tumbas individuales, sino de abrir fosas comunes donde eran enterrados desde gobernadores hasta peones.

El temor de muchos conocedores de la historia de la capital se vincula a que las máquinas que están realizando las obras de canalización excaven tanto que se "topen" con restos humanos que proceden de la pandemia.

Tragedia.- Por miles se contaron los fallecidos y se comenzó a enterrarlos en torno a la iglesia de La Concepción. Dada la gran cantidad de fallecidos se siguió enterrando en la ermita de Regla y al final se optó por concluir dando sepultura en el cementerio de San Rafael y San Roque, fundado precisamente ese mismo año (1811). Algunos de los fallecidos, ciertamente conocidos en los anales insulares, fueron Juan Primo de la Guerra y del Hoyo-Solórzano, el gobernador José de Armiaga Navarro o el corregidor José Verdugo Da-Pelo. Fue tal la epidemia que el Cabildo llegó a sacar un edicto en el cual se hacía una serie de recomendaciones a los habitantes de la Villa de Santa Cruz mediante la cual se prohibió entrar y/o salir de la ciudad para evitar contagios.

Los datos

Un templo con carisma popular

La ermita en honor de Nuestra Señora de Regla fue erigida por el Cabildo de Tenerife en 1643 para servir de capilla a la guarnición del cercano castillo de San Juan, gracias a la inestimable donación pecuniaria del capitán y mareante Domingo Díaz Virtudes. La ermita de Nuestra Señora de Regla ha tenido siempre (al menos, hasta hace unas décadas, cuando con su homónima de San Telmo han sido relegadas al olvido y la desubicación) una repercusión profunda en la sociedad santacrucera, con sus célebres festividades de la virgen de Regla, que cada 8 de septiembre cobran gran relevancia, ya que a la misma acuden numerosos vecinos y antiguos moradores de la zona de Los Llanos. Los vecinos y creyentes siempre han defendido que se cuide más no sólo el templo en sí sino además el entorno, devolviendo el protagonismo al lugar.

 Última hora:

 Últimas galerías:

PUBLICIDAD

Cargando...

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Portada > Tenerife

© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD

eldia.es Dirección web de la noticia: