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Consumo en época de crisis

La compraventa de cosas usadas va viento en popa en Tenerife, donde en este momento se puede adquirir desde un submarino por 90.000 euros a un reloj por 20 céntimos en el mismo establecimiento.
3/jun/09 07:41
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RAFAEL BARRETO, Tenerife

La crisis económica ha disparado el consumo en el ámbito comercial de los artículos de segunda mano hasta el 40%. La compraventa de productos y objetos usados adquiere un especial protagonismo en tiendas especializadas y toda clase de rastros y rastrillos. A pesar de la recesión, la gente no deja de consumir, sino que opta por fórmulas alternativas en la búsqueda de oportunidades y buenos precios que no encuentra en los géneros que ofertan las tiendas, factorías o establecimientos convencionales u ordinarios. Se trata de un negocio que constituye una vía de escape para las familias y particulares con serios apuros económicos, independientemente de la condición social u ocupación, o simplemente porque quieren desprenderse de aquellos instrumentos o enseres que ya no necesitan o usan, según señala a EL DÍA Roni Abecassis, propietario de la empresa especializada en la comercialización de productos de segunda mano Cash Converter, con una trayectoria en Santa Cruz de Tenerife de más de 10 años.

La gente necesita dinero, pero sigue consumiendo en época de crisis. "Ahora vendemos como nunca -precisa -con esta situación de recesión económica. Normalmente, se acude al mercado de segunda mano ante la necesidad de proveerse de recursos para afrontar los pagos de alquileres, comida, hipotecas u otros créditos, o, simplemente, porque se quiere limpiar el trastero. También hemos detectado que el consumismo no se detiene. La gente no tiene dinero pero no para de gastar. Esto se atribuye a la cultura impuesta por las grandes superficies comerciales basada en el consumo. Quien no puede comprar un teléfono de 250 euros viene aquí y lo encuentra por 90. En la segunda mano el consumo ha subido muchísimo. A lo mejor en las tiendas de productos nuevos el consumo ha descendido. No obstante, esas personas que acudían a esos establecimientos necesitan seguir consumiendo y recurren a las franquicias o tiendas de segunda mano".

Roni Abecassis explica que "el perfil del usuario del intercambio o compraventa de productos de segunda mano o usados responde a una gama de personas y situaciones muy dispares. Sin duda estamos ante el único tipo de negocio existente en Canarias al que accede toda clase de público, desde el más rico al más pobre, desde el más educado al más tosco. Lo mismo se está vendiendo una cámara de fotos de dos euros hasta una Hasselblack de 6.000 euros o un submarino, como el que tenemos en exposición, que usaba la Armada canadiense para operaciones de rescate y que puede ser operativo. Su precio actual es de 90.000 euros. Creo que en España hay dos artefactos que bajan a 400 metros de profundidad, éste y uno perteneciente a Telefónica para el cableado submarino".

En los almacenes de la calle La Rosa de la capital tinerfeña se pueden encontrar multitud de rarezas. "Hace años, un agente de la Policía Local de Santa Cruz de Tenerife -añade-, adquirió un chaleco antibalas, para realizar sus labores nocturnas. Hemos vendido cosas realmente singulares como una escafandra auténtica rusa, que pesaba 20 kilos; relojes comunes de 20 céntimos o de marca por valor de 7.000 euros".

Los clientes de productos de segunda mano demandan, preferentemente, los objetos relacionados con la electrónica y comunicaciones: terminales de teléfonos fijos y móviles, ordenadores personales, máquinas de escribir, televisores. Cada día se mueve un volumen de 30 a 40 teléfonos móviles. Sin duda alguna, la joyería es la estrella de la tienda. Abecassis afirma que "la gente vende y compra mucho oro; además, es consciente de los buenos precios que se ofrecen aquí".

Como dato significativo, una tienda como la que ocupa este reportaje presenta un movimiento de 35.000 productos al año de todo tipo y familias.

Tal es la demanda de productos de segunda mano que se ha tenido que implantar un sistema numerado de turnos, que se suele levantar dos horas antes de terminar el día, porque, en caso contrario, se prolongaría el horario hasta las 10 de la noche.

Cada día se contabilizan 125 grupos de compra. Es decir, se refiere a que cada persona suele traer varios objetos como una cacerola, una radio, un televisor, unos guantes o una bicicleta, entre otros. El retraso en las transacciones se debe a la conveniencia de garantizar la calidad y fiabilidad del producto que se adquiere para su reincorporación al mercado o la venta. Por regla general, antes de abonar el importe de la compra se prueba la mercancía.

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