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TROMPULGA Y CHICHAPIÉ JOSÉ A. INFANTE BURGOS

General Motors

3/jun/09 07:41
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SE ESTÁ CONVIRTIENDO en la mayor bancarrota industrial de la historia y, sumada al socavón financiero-económico que se registra en este planeta, pone encima de la mesa la crisis estructural que afecta a todo el sector del automóvil.

La situación parece indicar que no se puede mantener perpetuamente el crecimiento de las flotas mundiales de vehículos. Más coches, más coches... Supongo que hay topes y se está viendo que no muy lejanos. ¿A dónde vamos a parar con el consumismo atolondrado? Pero, claro, por otro lado queremos más y más comodidades. Contradiciéndonos.

Pasabas en tren por Almusafes (en valenciano, Almussafes, es un municipio de la Comunidad Valenciana al Este de la provincia, en la comarca de la Ribera Baja), por ejemplo, y veías llanuras y llanuras de cacharros recién fabricados, vírgenes, y la verdad es que no caben más en muchos lugares, entre ellos en Canarias. Podremos renovar, todos queremos uno nuevo, aunque convengamos que el esquema de crecimiento previsible siempre estará limitado por el territorio.

Concretamente en Ford influyen muchos factores. La compañía tiene un pasivo de 172.810 millones de dólares (122.500 millones de euros al cambio actual), a 31 de marzo de 2009, fecha en la que valora sus activos en 82.290 millones de dólares (58.360 millones de euros), lo que sitúa su déficit patrimonial en 90.520 millones de dólares (64.200 millones de euros). El Tesoro Americano ha inyectado hasta la fecha unos 19.400 millones de dólares.

A esos números deficitarios hay que añadir que los criterios para valorar sus activos en 82.290 millones de dólares no son compartidos. Hay quien dice, las malas lenguas, que vale mucho menos y que su agujero negro es de bastante mayor proporción.

Lo cierto es que se cumplían (en octubre de 2009) cien años desde que el granjero D. Henry Ford lanzó al mundo su modelo revolucionario "T", que incluía una gran cantidad de innovaciones y que arrasó en ventas. Tenía el volante a la izquierda, siendo esto algo que la gran mayoría de las otras compañías pronto copiaron. El motor y la transmisión iban cerrados, los cuatro cilindros estaban encajados en un sólido bloque y la suspensión funcionaba mediante dos muelles semielípticos. El automóvil era sencillo de conducir y, más importante, muy barato y fácil de reparar. Era tan barato que, con un coste de 825 dólares en 1908 (el precio caía cada año), la mayoría de yankies de ese tiempo aprendió a conducir en el Ford T.

A D. Henry se le atribuye el "fordismo", sistema que se desarrolló entre fines de los años treinta y principios de los setenta. Puso en circulación mediante producciones en cadena la fabricación de enormes cantidades de automóviles. El proceso llevaba aparejada la utilización de maquinaria especializada y un número elevado de trabajadores especializados en plantilla. Si bien Ford tenía una formación discreta, contaba con una visión consumista global que resultó exitosa. Su intenso compromiso de reducción de cargas llevó a una buena cantidad de inventos técnicos y de negocio, incluyendo un sistema de franquicias que estableció un concesionario en cada ciudad de EE.UU. y Canadá y más tarde en las principales ciudades de los seis continentes.

Pero el imperio General Motors, que ya cedió el testigo de líder mundial a favor de la firma japonesa Toyota, ha caído ahora y el gigante se debate entre la vida y la muerte -o la estatalización, que tampoco es el fin del mundo y en la que se encuentran en mayor o menor medida otras muchas banderas como Renault, Citroën, Fiat...-.

Tras cuatro meses de contactos íntimos entre el fabricante de Detroit y las autoridades presididas por el cantaor "Mr. Obama de Washington", General Motors, que cuenta con 230.000 empleados en todo el mundo y fabrica más de 20.000 coches cada día, no ha podido evitar declararse en suspensión de pagos, según la legislación americana, para intentar salir del embolado y sobrevivir en un mercado distinto al que ha dominado durante 77 años y en el que no hay sitio para unos coches que han pasado a la historia por consumir ingentes cantidades de gasolina.

El problema es que al margen de sus balances valorados, la empresa, por gastos corrientes y de funcionamiento, es insostenible y una gran máquina de chupar dinero periódico. Las subvenciones de la Administración fueron utilizadas para pagar sueldos, luz y agua... Es muy difícil meter ahora el cuchillo.

infburg@yahoo.es

 

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