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LUZ EN EL CAMINO FERNANDO LORENTE, O.H. *

La política como arte y como servicio

3/jun/09 07:41
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LA POLÍTICA tiene mucho de arte, que se manifiesta en un sabio conjunto de reglas para hacer una cosa. Actualmente, cuando la política se ha tecnificado tanto y se está sometiendo igualmente a la ciencia económica y al predominio radical de ideologías de los partidos, se hace necesario que el pueblo llano y los mismos políticos recuerden que "la política no es una ciencia exacta", sino más bien un arte, el arte de servir al bien común aprovechando al máximo y honradamente los escasos recursos -y más los mayores- que hubiere.

No es menos importante recordar la frase de Voltaire dirigida al rey Federico de Prusia el 25 de abril de l739: "A vos os corresponde destruir el infame político que convierte el crimen en virtud". Como ahora, en España, el derecho del ser humano a vivir y a nacer (art. l5 de la Constitución española) el Gobierno socialista actual lo intenta sustituir por el derecho de la madre a abortarlo. ¿Qué se puede esperar de un Gobierno que obra así? "La palabra político", sigue afirmando este pensador francés, "significaba en su origen primitivo, ciudadano; y hoy, gracias a nuestra perversidad, ha llegado a significar el que engaña a los ciudadanos. Devolvedle, señor, su antiguo significado".

Estas palabras de Voltaire revisten actualmente, por desgracia, una palpitante vigencia. Los políticos deberían ser los ciudadanos prototipos que sirven a los otros ciudadanos y las ciudades y no para engañarlos. Por el contrario, nuestros políticos -como nunca faltan, gracias a Dios- deben ser ciudadanos prototipo que sirven a los otros ciudadanos a la ciudad, no los que los engañan. Hay que recobrar la dignidad de la palabra "política" y del vocablo "político".

Tenemos que recobrar la dignidad de la palabra "política". Si la política se convierte en sinónimo de nepotismo, de engaño y de corrupción, la vida pública se corrompe y la ética civil más elemental se derrumba. Los políticos tienen una enorme responsabilidad: deben crear aquel conjunto de condiciones económicas, sociales y humanas que hagan posible el desarrollo integral de toda la persona y de todas las personas de un comunidad humana.

En esta campaña electoral que estamos terminando en España, tan cargada de tensiones e insultos, nuestros políticos y toda nuestra sociedad, a la hora de emitir nuestro voto, no deben olvidar que la política es siempre una realidad peligrosa, cuando en la práctica resulta sinónimo de poder arbitrario y abuso, corrupción administrativa, manipulación socio-económica del pueblo para conseguir intereses particulares o de pequeños grupos, favoritismos y nepotismo, destrucción sistemática de la oposición, ambición de dominio sobre los demás, "despolitización" del pueblo para que triunfe una "determinada" política.

Pero, por otra parte, y aquí está su mayor grandeza, la política reviste una gran importancia y dignidad cuando se está manifestando: en trabajo organizado y sistemático para conseguir una sociedad más justa y humana; en fuerza decisiva en el campo social y económico de cara a una más justa distribución de la riqueza; en la proyección de la persona humana hacia la comunidad ciudadana para mejorarla y potenciarla mediante un servicio eficaz a favor del bien común.

Las personas cristianas, si queremos vivir consecuentemente la fe y la caridad, nos hemos de interesar por el hecho político. Porque todas las realidades de la vida diaria tienen una dimensión política y, además, la política prácticamente afecta a todos los aspectos de la existencia diaria. Tampoco olvidemos que la política, en sentido amplio, no es más que la presencia racional y responsable de la persona humana en la historia.

"Os insto a vosotros", dijo Juan Pablo en Irlanda, "los que estáis llamados a la noble vocación de la política, a que tengáis valentía en afrontar vuestra responsabilidad, en ser líderes en la causa de la paz, de la reconciliación y de la justicia".

¿Qué más pueden garantizar nuestros políticos en la campaña electoral que ahora están celebrando, y qué más necesita nuestra sociedad actual?

* Capellán de la clínica S. Juan de Dios

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