Los tranvías de colores
Es la segunda vez que titulo una carta así. Al principio, cuando casi todos protestaban por los tranvías; y ahora, cuando casi todos los prefieren a las guaguas. Me dan ganas de decirles: "Ves, ¿no te lo dije?". Y no es que yo lo supiera por mí, sino que fui al Casino, a la conferencia inicial que dio D. Ricardo Melchior explicando el procedimiento a seguir, con planos y datos, y otras personas más preparadas técnicamente que yo, al final, aplaudieron con conocimiento de causa.
Una amiga que estuvo de vacaciones en Japón me dijo que los metieron en un tranvía o tren sin conductor de alta velocidad que los trasladó de una ciudad a otra; eso a mí no me gusta, pues quiero ver los sitios por donde paso, y para una velocidad sin vistas me subo al "tío vivo" de una feria. Y es tan bonita la carretera del norte, casi toda edificada, con sus similitudes y sus contrastes...
Malela
Jardines municipales: ejemplo a imitar
En principio, mis felicitaciones a Santa Úrsula por el cuidado y cariño que derrocha en sus jardines y, sobre todo, por dar una cierta preferencia a nuestra flora autóctona, que desgraciadamente es para nosotros mismos la gran desconocida, dándoles más valor a las especies introducidas, siendo muchas de ellas de gran agresividad y que vienen a desplazar nuestra propia vegetación.
Los jardines junto a la autopista en este municipio son un ejemplo a seguir: infinidad de especies exclusivas de nuestra tierra con sus respectivos nombres botánicos y comunes, con sus comentarios sobre las utilidades que a lo largo de los tiempos han tenido o en algunos casos siguen teniendo. En fin, todo un jardín botánico entretenido e instructivo.
Tenemos una vegetación propia de estas Islas que es la envidia de muchos botánicos, que si visitan nuestras Islas es por la riqueza en endemismos que tenemos, pues no vienen aquí los botánicos, a veces de muy lejos, del Japón, América, a descubrir la bouganvilla o la strelitzia, o los higos de pico, ni tampoco a fotografiar la platanera, no, pues estas especies, entre otras tantas, han sido introducidas por el hombre. Un botánico viene aquí a descubrir lo que no hay en ninguna otra parte, es decir, especies exclusivas de nuestro archipiélago.
No haría falta tanto presupuesto por parte de los municipios si adaptaran sus jardines a la zona donde se encuentran. Sencillamente hay que copiar a la naturaleza, que es muy sabia y que nos puede enseñar mucho. Con ello ahorraríamos mucho tiempo, dinero, agua... Casi podríamos decir que esos jardines se cuidarían solos. Si el municipio se encuentra en zonas bajas, cerca de la costa, podríamos plantar vegetación que por naturaleza le corresponde: euphorbias, que tenemos una gran variedad y de gran belleza, entremezclamos con ejemplares de dragos, palmeras canarias, que son las más elegantes, y alguna especie más. Si el municipio está en zona superior a los 600 metros, pues ahí tenemos toda una riqueza en especies de laurisilva, hay mucho donde elegir. Si está a partir de los 1.000 o 1.200 metros, qué mejor que el pino canario sea el que domine el jardín. Y si el municipio está a partir de los 2.000 metros, pues que suban en esta época a Las Cañadas y verán un jardín en la Luna, a ver si no hay donde elegir, pero esa zona mejor que no la toquen.
No nos olvidemos de nuestra propia vegetación, evitar esos jardines artificiales tan costosos que dicen muy poco; evitar plantar esas especies de crecimiento rápido, que eso es pan para hoy y hambre para mañana; evitar especies agresivas, especies exigentes en agua. Sencillamente, hagámosle caso a la naturaleza.
Tomás Acosta Lima
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