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EL DÍA, S/C de Tenerife
Un inspector del Cuerpo Nacional de Policía grita que hay que llamar a los artificieros para que revisen un ciclomotor que está parado junto a una palmera en una plaza que linda con los juzgados ubicados en las inmediaciones de la calle 6 de Diciembre de La Laguna. El reloj ya marca las 16:41 horas y la llegada de Salvador Alberto Morales Méndez es inminente. El despliegue de miembros del CNP era descomunal. La motocicleta que al parecer debían revisar los Tedax por si hubiera alguna carga explosiva oculta en su liviano chasis era de un reportero gráfico que trataba de inmortalizar la entrada del presunto asesino de Isabel Canino al edificio judicial.
"Asesino, chulo cobarde..." y muchos más insultos de mayor calado se escucharon con rotundidad antes de que se pusiera cara a cara ante la jueza que dictó su traslado provisional al Centro Penitenciario de Tenerife II, incomunicado hasta el jueves, y sin la posibilidad de pagar fianza.
Nudos en las piernas
Salvador llegó sin capucha (con el rostro descubierto), luciendo una camiseta de color amarillo y unos vaqueros. En cuanto oyó los primeros gritos agachó la cabeza, sus piernas dudaron entre acelerar el paso o detenerse en seco y estuvo cerca de besar el suelo justo antes de que un policía cerrara de golpe la puerta de color verde que separaba dos realidades. Lo que pasó dentro es un auténtico misterio (el caso está bajo secreto de sumario y todo quedó reducido a un comunicado de 71 palabras). Casi doce horas de guardia (desde que se presentó en la plaza el primer representante de un medio de comunicación) para ocho renglones. Hubo nervios y tensión. Sobre todo porque nadie entendía los porqués de un dispositivo de seguridad que fue verbalmente recriminado.
"Igual tenían que haber hecho algo más cuando nosotros buscábamos a Isabel", repetían sin cesar personas del entorno de la joven.
"Es un nazi"
Fue una tarde triste y tensa. Dentro, las preguntas de la autoridad judicial quedaron blindadas entre cuatro paredes. Fuera, la indignación por lo sucedido convirtió en portavoz a David Canino, primo de Isabel. "Este cobarde no ha podido hacer esto solo", insistía. "Creemos que podrían existir otros implicados, pero tendrá que ser la Policía la que los encuentre", precisó.
"Nosotros sólo hemos venido a gritar. Queríamos decirle que es un asesino, un cobarde, un nazi...", enumeró David. "No entendemos el comportamiento que ha tenido la Policía. Da la sensación de que fuimos nosotros los que hicimos algo malo. Las pruebas están ahí, pero insisto: tenemos la intuición de que otras personas, no sólo este cobarde, podrían estar implicadas en la muerte de mi prima".
David se mostró especialmente crítico cuando la prensa le trasladó una pregunta sobre la cantidad de efectivos policiales que rodeaban el juzgado. "¿Dónde estaba la Policía cuando fuimos a busca a Isa? Nunca sentimos su presencia tan cerca como hoy", comentó segundos antes de insistir en que desde el punto de vista policial "se han sentido abandonados". "Es triste, pero los temores que teníamos en torno a la desaparición de Isabel se confirmaron. Desde el principio, estábamos seguros de que habría un final como este, pero el cuerpo no estaba", dijo. "Este señor es un psicópata que se cree que está por encima de la humanidad", apuntó en referencia a Salvador y aunque hoy no declare (por el día de ayer), las pruebas están ahí. Son claras, ¿no?", se cuestionaba David sobre las pistas que se hallaron el jueves en el número 80 del camino de la Hornera (La Laguna).
Identificaciones y nervios
Durante el interrogatorio (y la posterior redacción de la orden de traslado a Tenerife II) los momentos más tensos se vivieron en el exterior de los juzgados. Las maneras de algunos miembros de la Unidad de Intervención Policial sentaron mal a muchas de las personas que aguardaban la salida de Salvador. Incluso, hubo miradas desafiantes que a punto estuvieron de ocasionar un altercado público de mayores proporciones. A esa hora, a 15 minutos de las siete de la tarde, se puso en marcha la caravana de la Guardia Civil que condujo al, por ahora, único imputado por el juez por la muerte violenta de Isabel a la cárcel de La Esperanza.
No hubo versión oficial. Fue un domingo en el que únicamente se escucharon las frases de los familiares de Isabel pidiendo justicia. "Siempre he confiado en la ley", dijo Eladia Canino, hermana de la mujer cuyo cadáver apareció el jueves en una fosa séptica de una vivienda próxima a la TF-5. "Los familiares queremos que se ponga toda la dureza. Que esto no quede como un caso más. Debe quedar claro que fue un hecho monstruoso e inexplicable", relató Eladia.
Salvador Alberto Morales Méndez ya debía estar cerca de Tenerife II cuando se desencadenaron varios incidentes en el exterior del juzgado. El primero maduró a partir de los empujones (con anterioridad hubo al menos una identificación) que aparecieron sobre la línea en la que estaban funcionarios del Cuerpo Nacional de Policía de la Unidad de Intervención Policial (UIP) y las personas que habían permanecido en el entorno de la calle San Juan durante varias horas. Muchas llegaron allí a las ocho y media de la mañana. El otro creció a raíz de un altercado dialéctico que abrieron unos vecinos contra unos periodistas que cubrían la noticia. En ese instante, no había ni un solo efectivo policial (ni policías nacionales y policías locales) en toda la plazoleta. En menos de cinco minutos desaparecieron por arte de magia más de medio centenar de agentes y, por supuesto, los artificieros nunca llegaron.
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