La reciente noticia sobre que la Iglesia católica a través de algunos de sus representantes cometió en Irlanda abusos sexuales sobre más de 25.000 niños pone la carne de gallina a cualquiera.
Desde hace diez años estaba trabajando una comisión de investigación para conocer los abusos físicos y sexuales sobre niños desfavorecidos, aunque, sí hay que decir, como sucede casi siempre, la identidad de los 400 religiosos y 100 seglares acusados de este estropicio no ha sido revelada. Un dato más para el oscurantismo que a veces rodea a la Iglesia en determinadas motivaciones que comprometen su credibilidad
Se sabe que la santidad no es de este mundo, cuestión que Kant advirtió. Si todas las voluntades fueran santas, no habría deberes morales. Así de claro. Los deberes son imposiciones a voluntades que se dejan tentar y seducir por los atractivos del pensamiento. La razón humana no es pura, es sensible. De ahí que el comportamiento nunca es impecable.
Desde tiempo, Irlanda siempre en relación con su catolicismo ha tenido unos comportamientos un tanto exóticos, raros y que eran aceptados, aunque de manera soterrada, por una sociedad que miraba para otro lado.
Existe un episodio de su historia que nos dice de una costumbre extraña, cual era que los monasterios eran comunes o mixtos. Esa costumbre fue llamada "agapetismo". Que se traducía en que los monjes se acostaban con las monjas, en aquellos monasterios de Irlanda, para probar su autodominio, cuestión que hubo que prohibir porque el resultado, como es natural, no era siempre el previsto.
Esa cultura implantada de una manera un tanto oculta en el espacio católico de Irlanda a través de los abusos, de los castigos físicos y de las vejaciones sexuales sobre niños desvalidos, que fue motivo durante su vida de depresiones y desquiciamientos emocionales y que cargaron durante todo su tiempo con esa constante de intranquilidad y desasosiego, no cabe duda de que debería replantearse, repararse y estigmatizar con crudeza por parte de la Iglesia católica a aquellas conductas aberrantes de ciertos propagandistas de su fe.
Si en Irlanda hubo un tiempo en que se cometían estas tropelías y no pasaba nada, todo se oscurecía y ahora aparece la luz, debe construirse esto en paradigma de aquellas cuestiones ocultas que permanecen en los sótanos de la más alta institución del planeta, y más que nada por el intento de asentar su credibilidad.
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