¡CUÁNTO TARDAS en llegar y qué pronto te vas! Es una frase de un buen amigo y fue la sensación que nos dejó el final del partido en Fuenlabrada el pasado sábado. Un sistema de competición que en absoluto se puede calificar de injusto, puesto que todos lo conocen desde el principio, pero que sin duda condiciona factores que se escapan del autocontrol y que al final son determinantes en el desenlace.
No se buscaron excusas, previas a la cita, tras la lesión de Hamilton, pero el peaje que se había pagado en el recorrido a nadie se le escapaba que era excesivo para semejante exigencia deportiva. Para mayores contratiempos, el criterio arbitral castigó mucho a los efectivos que le quedaban al Tenerife Rural en el interior, y el desequilibrio cerca del aro se hizo patente desde el inicio del segundo cuarto cuando Maraker y Antelo sumaban seis faltas entre los dos.
Aún así, y cuando se adivinaba un paseo para Melilla en la segunda parte, el Tenerife, con una actitud encomiable, apeló a su estilo de juego ofensivo y de lanzamiento exterior y, con un último cuarto casi perfecto, vendió muy cara la derrota.
Entiendo que habría muy pocas cosas que reprocharle al equipo en ese partido. El rendimiento estuvo casi por encima del potencial propio y en la comparación con el del rival, pero el desconsuelo va a ser muy difícil de superar. Era la segunda vez, en doce meses, que Tenerife aspiraba a ubicar un equipo en la máxima categoría del baloncesto español, y a saber ¡cuánto tardaremos en repetir semejante oportunidad!
El ambiente en las gradas no pudo ser mejor. La respuesta del aficionado, ante el poder de convocatoria, de la entidad también ha sido digna de tenerse en cuenta, y de no pasarse por alto en ese futuro inmediato que a todos les está dando tanto vértigo. El despliegue logístico del Club por teñir de blanquiazul las gradas del pabellón de Fuenlabrada, fue encomiable y la despedida que le brindó la Peña La 6 a cada uno de los protagonistas deportivos será imborrable.
En lo personal, un privilegio haber podido vivir en directo, fuera de casa y desde la posición de comentarista, la evolución de esta fase final en compañía de buenos amigos. Fue un buen regalo en el día mi santo.
*Entrenador Superior de Baloncesto
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