1.- Los bancos, con una inmoralidad elocuente, han publicado sus resultados económicos, los sueldos de sus directivos y han predicado la maravilla de invertir en ellos cuando medio país se muere de hambre. Que le digan a un parado que Botín se ha embolsado el año pasado ocho millones de euros entre sueldo y plan de pensiones y que su banco ganó 8.000 millones, por ejemplo. Que le hablen del plan renove al señor Blesa, responsable de CajaMadrid, que compró, a cargo de la entidad, un BMW blindado de 500.000 euros. Todo esto forma parte del binomio hombre rico/hombre pobre que existe desde que el mundo es mundo. Teniendo en cuenta que los jueces españoles están muy ocupados en comprobar si a Francisco Camps , presidente de Valencia, le han regalado un par de trajes o si Miguel Zerolo se gastó ¡muy poco dinero! en obsequios a su familia en las Navidades pasadas (lo podrán ver en el sumario cuando se levante el secreto) concluirán conmigo en que vivimos en un país de locos, en el que no vale la pena dedicarse a la política y lo mejor es buscar una residencia en un lugar normal y no en esta jaula de grillos.
2.- En el año 1802, el legendario presidente de los Estados Unidos Thomas Jefferson dijo: "Pienso que las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que ejércitos enteros listos para el combate. Si el pueblo americano permite un día que los bancos privados controlen su moneda, los bancos, y todas las instituciones que florecerán en torno a los bancos, privarán a la gente de toda posesión, primero por medio de la inflación, enseguida por la recesión, hasta el día en que sus hijos se despertarán sin casa y sin techo, sobre la tierra que sus padres conquistaron". Repito que estos pensamientos fueron escritos en 1802. Se lo brindo a los señores Botín, Blesa y a toda la parranda de recaudadores y gastadores.
3.- Agradecerles a ustedes, por otra parte, la acogida que dan a esta sección, como lo atestigua su clasificación en la edición de Internet, lo cual me llena de alegría y supongo que al periódico también. Mientras me queden fuerzas seguiré diciendo lo que pienso, aunque a veces me doy cuenta de que todo esto es un poco predicar en el desierto. Se acabó el salmón. Supongo que Carlitos Sosa habrá empezado a redactar su manual del perfecto idiota.
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