AL CONOCIDO como mundo desarrollado se le llenaba la boca cuando proclamaba, con un triunfalismo cínico, la conquista de la sociedad del bienestar, mientras en la trastienda, traspasando el umbral de la vergüenza, se abría un laberinto de indignidades, tristezas desmadejadas, paisajes de pena y horizontes mordidos por la desesperanza. Esos lugares donde duele hasta la médula del alma; donde la pobreza no tiene descanso ni siquiera repica el tintineo de las monedas; donde la nostalgia habita en su inmovilidad y renacen a diario los rencores; donde se pierde el ánimo sin haberlo gastado; donde la amargura teje con paciencia el tiempo... Ahí, en esos lugares donde la única propiedad privada es la soledad, deudora de la melancolía, y la angustia duerme siempre con los ojos muy bien abiertos.
En esto hay cierta dosis de ficción que sirve de levadura a la misma realidad y, acaso, esa legión de personas míseras y maltrechas, desempleadas, dependientes, maltratadas, las menesterosas y, cómo no, también las aprovechadas saldrán un día, jaleadas por el odio, a tomar las calles de las ciudades, en plan buscones, como en tiempos de Cervantes y Quevedo, y acosarán a los transeúntes pidiendo ayuda a gritos, se cagarán en el Gobierno y, tal vez, hasta estremezcan los cimientos del orden establecido.
Son muy dados los políticos a la dependencia de favor a través del agradecimiento, la promesa, el halago, el regalo, el premio o la alabanza. De un tiempo a esta parte, los hay que parecen buscar repuestos para su maltrecha conciencia y recurren a la fórmula del auxilio social, ese magnámino ejercicio de caridad, antes de ir al cóctel y ponerse morados a canapés. Bien harían en saciar el hambre de los más elementales anhelos del ser humano y recuperar la función política como algo decididamente desligado de cualquier unificador sentido cuasirreligioso de la existencia.
Ya decía el insigne Ramón y Cajal que el Estado, es decir, el funcionariado, y el subsidio son los auténticos ideales de los españoles.
Tiempos de sopa boba, que diría el otro.
*Redactor de EL DÍA
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