SI a PRINCIPIO del siglo XX los automóviles ocupaban el primer lugar, en número de unidades matriculadas, no podemos decir lo mismo de las motocicletas. A pesar de que la climatología jugaba a favor de los vehículos de dos ruedas e incluso su bajo coste de mantenimiento las hacía más tentadoras, nunca llegaron a tener un nivel alto de aceptación, las pequeñas cifras de matriculaciones las convertían en artilugios casi anónimos sobre el "piche".
No obstante lo antes comentado, no fue impedimento para que determinados agentes se arriesgaran a importarlas e, incluso a promocionarlas, con la misma intensidad que los camiones o automóviles.
Varios son los comerciantes que dispusieron de representaciones oficiales de las marcas más conocidas de aquellos tiempos, entre los cuales merece ser citado Alberto Camacho, quien simultaneaba la venta de las motos "Indian" con los "Fiat", por ejemplo. En 1924 Leoncio Oramas irrumpe al mercado motociclista con una novedosa marca y cuyos primeros anuncios inducía a pensar de qué se trataba exactamente, ya que en los mismos se avisaba de que había llegado a la Isla una moto, que sin amedrentarse lo más mínimo, subrayaba bajo el nombre de su marca en grandes caracteres la leyenda de "el automóvil de dos ruedas". En esta ocasión la marca elegida por Leoncio Oramas fue la "Ner-a-car" (1921-1928). La "Ner-a-car" era una motocicleta de óptimas cualidades que por su original diseño proporcionaba una estabilidad superior a los modelos convencionales. Al primer vistazo este modelo no se diferenciaba mucho de sus competidoras, pero fijándonos con más atención sobre el diseño se podía observar que el motor se encontraba en la parte delantera de la misma y bajo el manillar, mientras que el depósito de gasolina estaba instalado debajo del asiento y en sentido trasversal al chasis el cual al mismo tiempo era de muy baja altura, estas innovaciones dirigidas a bajar el centro de gravedad redundaba en un máximo beneficio en equilibrio y adherencia de la motocicleta.
Todo estaba previsto en los locales de Leoncio para inaugurar una nueva era en el motociclismo insular y es así como el día 25 de abril de 1924 la primera "Ner-a-car" inicia su andadura y a la que le asignan la matrícula de TF-1077. El distanciamiento numérico entre esta primera moto y la siguiente no hace otra cosa que confirmar lo comentado al principio de este artículo, que la introducción en los hábitos del automovilista del uso de dos ruedas, aunque en este caso se tratara de "casi un auto", continuaba siendo difícil, por lo que la segunda "Ner-a-car" le tocó la placa de TF-1636, el día 23 de septiembre de 1925.
El acontecimiento más llamativo de todos cuantos tuvieron lugar en relación a las "Ner-a-car" se produjo el día 16 de abril de 1926 en que se organiza en plena calle de La Marina una demostración para dejar constancia de que todo cuanto se venía anunciando sobre las mismas era cierto. Para esta ocasión el protagonista de este acontecimiento inaudito fue Mr. John H. Bruggeman, ingeniero de la fábrica y que invitado expresamente por Leoncio se paseó por dicha calle montado de pie sobre una "Ner-a-car" a una velocidad de 30 k.p.h. Lo llamativo del acto hizo que su proeza se comentara en el diario "La Prensa" en su edición del día 17 de los corrientes, sellando de ese modo el éxito al que ya tenía acostumbrado Leoncio Oramas a sus clientes. Ninguna de las "Ner-a-car" o "Neracar", como también se les denomina, logró sobrevivir, y hoy sólo son recuerdos de su merecida existencia.
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