EN 1984, el periodista Abel Hernández escribió un libro con el título "Crónica de la cruz y de la rosa. (Los socialistas y la Iglesia, hoy)".
En su portada nos ofrece este interrogante: ¿ha dejado de ser la "cuestión religiosa" motivo de discordia civil entre los españoles? De este libro aparecieron bastantes comentarios en la prensa y revistas culturales. Recogemos uno de ellos, muy vigente para nuestros días.
Se nos apremia que este libro -ya entonces (1984) y más ahora, en 2009- debería comenzar a ser ya libro de texto de lectura obligada tanto para dirigentes socialistas como para los hombres de Iglesia. Porque en él se plantea uno de los problemas capitales de la España de entonces y ahora: ¿cómo lograr que en el presente (1984) y en el próximo futuro (2009) la cuestión religiosa deje de ser motivo de división política entre los españoles? De la información que nos hace el autor en este libro surgen varias conclusiones; aquí recogemos tres resumidamente:
1ª.- Nunca en la historia contemporánea ha existido una Iglesia española más dispuesta al diálogo, a la colaboración con cualquier tipo de fuerza que no pisotee sus valores sustanciales.
2ª.- Nunca hubo tampoco una Iglesia menos dispuesta a ser encasillada en fuerza política alguna, sea cual sea.
3ª.- Los propios socialistas jamás pudieron imaginarse que se encontrarían con una Iglesia menos hostil por principio, más aceptadora de un verdadero pluralismo.
Y junto a estos tres hechos -que cualquiera que no sea ciego puede ver- nos encontramos con este otro hecho, no menos evidente: el PSOE y sus dirigentes se empeñan en tener una asombrosa incomprensión hacia lo que la Iglesia significa. Que los políticos no entienden a la Iglesia es un fenómeno normal. Los españoles hemos conocido ya incomprensiones de todos los colores en muy diversos gobiernos. Pero no se puede ignorar que los socialistas estén batiendo el récord de ignorancia, o si la conocen, la rechazan como sistema. Es asombroso ver cómo hombres inteligentes -el propio Felipe González- dejan de pisar tierra cada vez que tocan un tema religioso. Aquí cabe preguntarse, como lo hace uno de los comentadores de este libro, "es que son antirreligiosos? ¿Es que quieren arrasar la fe de los españoles?". No faltan quienes lo creen. Tampoco faltan quienes lo creen aunque sólo sea porque no les juzgan tan necios. Lo que sí creen todos es que no saben dónde y lo que pisan. Están pisando - y siguen pisando- callos, abriendo demasiadas heridas.
Nunca la Iglesia ha chocado con el PSOE en estos dos años -refiriéndose a los años l982-84- por razones sociales o socioeconómicas de fondo. Se ha reñido y chocado por el aborto, por la censura a unos catecismos, por unos espacios en televisión, por ofensas sistemáticas a la fe de los creyentes en medios de comunicación social; se ha chocado por la tentación de un Gobierno que cae en la tentación de las dictaduras, de cuyo espíritu se vanaglorían de haberlas dominado.
Por el contrario, los creyentes que trabajan dentro del Partido Socialista han de marginar todo talante dogmático manteniendo en todo momento el espíritu crítico insustancial con el modo de hacer socialista. Por tanto, los cristianos, que con independencia de su expresión política, aunque se califique de izquierda, conservan talante dogmático, difícilmente se adecuarán a nuestro partido.
Y en otra parte, el autor de este libro periodístico afirma: "Con frecuencia a los gestos no responden los hechos. Los representantes del Gobierno oyen amablemente las sugerencias episcopales en asuntos tan decisivos como la moral familiar o el futuro de la enseñanza privada y, en general, de la cultura; toman nota con aparente interés en la mesa de las conversaciones; pero luego siguen adelante con su programa de cambio, sin apenas modificaciones, como si no hubieran escuchado nada, como si consideraran a los obispos los hechiceros de las tribus de la época industrial. El primer conflicto serio surgió, como estaba previsto y calculado, con la despenalización del aborto".
"El que tenga oídos que oiga". Y todos tenemos oídos, creyentes cristianos y no creyentes¸ políticos y no políticos, a la hora de decidir y obrar. Después, que no nos lamentemos de la situación española en l984 y la que ahora estamos viviendo.
* Capellán de la clínica S. Juan de Dios
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