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ENRIQUE MARTÍN BRAUN

Pasear por Santa Cruz

20/may/09 07:50
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AUNQUE resulte difícil entender para muchos de los que sufren las incomodidades que amenizan la vida de los habitantes de esta Ciudad hasta hacerla inaguantable, a nosotros, aunque a disgusto, nos gusta pasear por Santa Cruz sin prestar demasiada atención a los múltiples adefesios con los que, a lo largo de estos últimos años, nos ha obsequiado esa formidable oficina técnica denominada Gerencia de Urbanismo y por la que han desfilado una serie de personas pintorescas, entre las que destacan una que afirmaba que la estética no es importante y otra que acaba de enterarse de las actividades del Parque Marítimo... hasta que alguien presentó una denuncia por extrañas fiestas que jorobaban a los vecinos. Entre unos y otros han contribuido al destrozo de zonas que otrora constituían las señas de identidad de nuestra capital, tomando las Casas Consistoriales como algo propio.

Este barrio, que desde aquí hemos calificado como "casquito histórico", lo han convertido en un híbrido de edificios, plazas que no lo son (son auténticos reductos del canuto), calles peatonales prohibidas precisamente a los peatones por la presencia peligrosa de ese virus llamado inseguridad ciudadana, gente cabreada porque no encuentra dónde aparcar su coche (si lo hace engorda las cuentas de algunos de los amigos de nuestro bienamado ayuntamiento), adoquines que se rompen y se cambian un día sí y otro también, los comercios de la zona centro que pagan más impuestos y reciben menos ingresos, daño que comparten con taxistas y Titsa debido al tranvía (aunque el servicio de éste es satisfactorio, pero nunca llueve a gusto de todos), intolerables decisiones que han convertido a la plaza de La Candelaria en un antro indefinible con total falta de respeto a su historia, instalando desde unos ruidosos altavoces (siempre lo mismo) hasta una tarima donde cantan y se entregan premios a gente entusiasta dirigidas por la inefable Sociedad de Desarrollo, para, por último, desembocar en la horrorosa transformación sufrida por la plaza de España, con su charca sucia e inútil, y donde resalta, con toda esplendidez, el sello "ático".

Es curioso, pero jamás, en estas caminatas frecuentes por el Chicharro nos hemos tropezado con ninguno de los regidores municipales (todos viven fuera). Santa Cruz, ciudad marina; Santa Cruz, un balcón hacia el mar; Santa Cruz, una ciudad para vivir; Santa Cruz, en estado de emergencia social... con sueldos y prebendas de escándalo. Patrañas. A los derrumbados vecinos sólo nos queda presumir de algo que muy pocos pueden hacer: el disfrute de nuestras Ramblas. Sin pecar de pueblerinos, no nos equivocamos al afirmar que esta avenida es única en España (haciendo un ejercicio enorme de abstracción de tráfico). ¿Cómo ha podido suceder esto en una ciudad salpicada de tanto disparate urbanístico? Simplemente, porque desde esos despachos no se ha tenido que hacer ningún esfuerzo que pusiera en peligro la salud de nuestro alcalde y concejales. Se ha respetado lo que ya había y se han limitado a cuidar los parterres, mimar lo pasado... incorporando los adelantos del presente. Nunca destruyendo.

Hemos querido dejar para el final uno de los últimos engaños que los políticos quieren trasladar al ciudadano. Se trata de la Vía Litoral de Santa Cruz. Afirman que se unirá el disparate de la plaza de España con el muelle de enlace, creando un formidable (ficticio) frente marítimo. Nada más lejos de la realidad. Se trata, en una primera fase, de una vía subterránea que comienza en el Barranco de Santos y termina en los alrededores del Club Náutico. El tráfico se desviará por las instalaciones portuarias. Y aquí viene la trampa. El ciudadano no podrá acceder a los muelles ni a aquella añorada baranda llena de pescadores y de chicharreros que nos sorprendíamos con las olas y con los nombres en la memoria de cada barco que atracaba en los entonces abarrotados muelles. Frente al Cabildo se construirán dos diques que se adentrarán en la dársena. Y nada más. Lo que debería realizarse, sin embargo, es la supresión de todos los estorbos (es una expresión menos dura) que existen desde el Castillo Negro hasta Las Teresitas, incluidos los tanques de combustible en Valleseco, barrio donde estábamos el otro día apoyados en la barandilla del paseo reflexionando con lo que se ha hecho en el litoral, cuando escuchamos a un grupo de canariones que se acercaba mientras comentaban entre ellos: "Desde luego, esta gente vive de espaldas al mar".

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