Criterios
Versión para imprimir
Imprimir
LUNES, 18 DE MAYO DE 2009
MARÍA DEL PINO FUENTES DE ARMAS

Más del barrio de Duggi

DICEN los que de esto entienden que Achamán era el dios grande y sublime, el sustentador de los cielos y la tierra, el hacedor supremo y todopoderoso de la mitología guanche, el que creó el agua y el fuego, el aire y la tierra, y toda la vida que en ellos cabía. Habitaba en las alturas y, a veces, desde las cumbres de las montañas se regocijaba contemplando lo que ante su mirada se avivaba. Así que, casi por casualidad y con ambición desmedida para sus pocos años, unos muchachos parranderos invocaron su nombre, tomándolo prestado en 1976 para que envolviera sus noches de luna laguneras, noches frías, silenciosas y solitarias, para las que pronto tuvieron manta. Fue un regalo de Los Sabandeños que quisieron así arropar sus esperanzas.

A golpe de vidala y a ritmo de tanganillo unieron el folklore de América y Canarias y, con más osadía que conocimientos, se presentan al público un año después, desde entonces están considerados uno de los mejores grupos musicales del Archipiélago. Asombró la madurez artística de unos imberbes adolescentes que se hicieron hombres entre aviones y maletas, recorriendo escenarios y platós de televisión, estudios de radio e iglesias. Las bodas y los bautizos son cita obligada, teniendo como protagonistas a los propios componentes que maduran, a la par que la fama del grupo y el número de entregas discográficas. Todas, tejidas con la misma ilusión, como si fuera la primera vez que el vinilo o los cedés encierran sus voces y el acompañamiento sabio y sereno de los instrumentos. Se suceden los títulos: "Achamán", "Canto a la Virgen guanche", "De parranda", "Leyenda de la princesa Arecida", "Cantares isleños", "Canto a la Virgen de Candelaria", "Confraternidad", "Sin distancia", "Poemas al Teide", "25 Aniversario", "Retrato"?, que resumen treinta y tres años de trayectoria profesional, un tiempo en el que han perdido la ingenuidad artística, atreviéndose con todos los palos de aquí y los de allá, ya que los pueblos de América que hablan el español siempre han estado en su equipaje musical.

Han sido muy mimados por el público, saben cómo llegar, cómo trasmitir, y en prueba de esa querencia tienen en su haber la rotulación honorífica de varias calles en Canarias, la Medalla Fundacional de La Laguna, la de la Ciudad de Málaga, el emblema y placa del V Centenario de la Ciudad de Tacoronte, la Medalla del V Centenario de San Cristóbal de La Laguna? amén de un sinfín de placas y reconocimientos.

Esta es una crónica apresurada de la existencia del grupo que lidera Celso Gómez, la "pulga de Antequera" o "el Capitán Araña" -dependiendo de quien lo nombre-, el director refunfuñón al que se le ha blanqueado la cabeza apañando componentes, evitando que otros grupos le roben sus huestes o que éstas se le insubordinen, pues ya se sabe que la parranda, el vino y el tabaco son los que alimentan el alma de los auténticos trovadores populares. Muchos amigos se han quedado por el camino: Olgo, el Salibita, Chusmita, Carlos el Negro, Roberto el Potro, el Balín, Carlos el Puleva, el Pollito, Félix Gato Goloso, Víctor el Cristalero, Ricardo el Cojeta? Sobreviven del grupo de fundadores, Bernabé el Negro, Isidro el Guirre, y Ramón el Pepino. De las posteriores incorporaciones se mantienen el Talego, Manolo Rosquete?, a los que se han sumado Risto y otros más, quienes aún no han sido rebautizados con un apelativo, rito que tradicionalmente es obligado en este tipo de formaciones.

Como la isa canaria, son divertidos y parranderos, escondiéndose en su manta, siempre inclinada sobre los hombros por el peso de las conquistas amorosas y las noches a la intemperie, cientos de anécdotas y situaciones absurdas que bien merecerían algún día una publicación. De las vividas en su compañía recuerdo la protagonizada en el aeropuerto de Málaga, de regreso de su participación en el concurso televisivo "Gente Joven", cuando Roberto, Lito y Carmelo, que llevaban un poncho que utilizaban en algunas actuaciones, se pusieron unos sombreros mejicanos comprados como souvenir en Torremolinos y se sentaron en el suelo de la terminal. ¡Cómo sería su aspecto que los transeúntes comenzaron a darles limosna, arrojándoles monedas sobre su maltrecha geografía humana!

De las que me han contado entre escenarios y canciones, destaco la protagonizada en las escaleras mecánicas de un gran centro comercial por un compañero que llevaba una pierna ortopédica, el cual se sube en ella con la extremidad artificial primero, desprendiéndose ésta y saliendo sola escaleras arriba, quedándose el protagonista de la aventura inmóvil al pie de la misma. Entre gritos, burlas y carreras, alguien logró arrojársela desde un piso superior y hacer que el grupo recobrara la calma y la compostura. Los que vieron la pierna sola, remontando obstáculos, aún no se han recuperado del susto.

No voy a escribir que son los mejores -no los hay en cuestiones de folklore-, pero cumplen treinta y tres años en los escenarios y, aunque no me gusta escribir por encargo, se merecían este aplauso hecho de palabras, respeto por su buen hacer y mucho cariño.

© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. Avda. Buenos Aires 71, S/C de Tenerife. CIF: A38017844.

eldia.es Dirección web de la noticia: