NO NOS GUSTA entrar en discusiones o disputas ajenas porque el que interviene donde no debe suele salir perdiendo. Sin embargo, algo debemos decir acerca de la polémica que se ha suscitado entre dos de nuestros colaboradores. La discusión se refiere a si Canarias es o no una colonia y si, en este último supuesto, debe descolonizarse mediante un referéndum. Allá ellos pues, como decimos, no es nuestra intención mediar en enfrentamientos dialécticos. Pero al margen de esta sana imparcialidad, nos inclinamos por los postulados de uno, ya que le asiste la razón de los pies a la cabeza en los planteamientos que hace. No nos decantamos por el otro, con gran dolor de nuestra alma, por las razones que nos proponemos exponer a continuación.
Las Islas Canarias, habitadas por miles de aborígenes, constituían el territorio de un pueblo; un pueblo que se vio sorprendido por naves, por guerreros ?tanto regulares como mercenarios?, por arcabuces, por corazas, por otras armas que existían en aquella época, por rapiñadores venidos de fuera con la única intención de someterlo y vender a sus hombres y mujeres, niños y niñas, como esclavos. ¿Están obligados los descendientes de ese pueblo masacrado a decidir en una consulta de autodeterminación si quieren volver a ser libres? Nos lo hemos preguntado en otras ocasiones, pero volvemos a hacerlo: ¿Cuando unos "okupas" entran en una vivienda hay que realizar una consulta a ellos mismos y a los vecinos para expulsarlos? ¿Por qué no se impone la justicia? ¿Por qué entonces piden algunos que el pueblo canario se autodetermine sobre si quiere ser libre o sometido y esclavo?
Hay varias razones para que Canarias recupere su independencia sin más y cuanto antes. Muchas veces las hemos expuesto, pero como parece que alguien sigue sin enterarse, volvemos a hacerlo hoy. En primer lugar, Canarias debe ser un país soberano sin dilación ?y sin consultas absolutamente fuera de lugar? para reparar la ignominia cometida en su día por los españoles al masacrar y someter a un pueblo libre. Y aquí nos preguntamos: ¿fue justa la Guerra de la Independencia para echar violentamente a los franceses de territorio español? ¿Si los franceses hubieran ocupado toda España, hubiera sido necesario, entonces, para recuperar la soberanía, preguntárselo a los propios invasores gabachos? Seguimos: el segundo motivo es la explotación de nuestras propias riquezas, que hoy disfrutan los peninsulares. Antes, y eso también lo hemos dicho, saqueaban América con galeones; ahora nos saquean a nosotros con oficinas de recaudación. A cambio nos dan migajas, como hacen en Madrid con la sierva de San Zapatero; esa señora que se dedica a la política pura. Sólo estos motivos de genocidio y explotación son suficientes para que nos constituyamos en un país libre y soberano. Pero también hay otros más. El principal, al margen de los anteriores, es la lejanía del país que nos coloniza; una nación que inclusive está en otro continente. Alejadísima.
Alguien ha argumentado que ya no quedan descendientes de los guanches en Canarias. Falso. No todos los guanches fueron exterminados durante la conquista, como lo ha demostrado el erudito José Luis Concepción, que además es un gran patriota, en su conocida obra "Los guanches que sobrevivieron". Cierto que los infames conquistadores trataron de borrar todo vestigio. Por eso sustituyeron los bellísimos nombres guanches de los habitantes de estas Islas por otros antipáticos de origen godo.
Existe un motivo adicional que cada día se hace más acuciante para que accedamos a nuestra independencia sin pérdida de tiempo. Esa razón se llama Marruecos. Estamos en aguas marroquíes. El día que Rabat quiera, nos reclama en la ONU y pasamos a ser súbditos de Mohamed VI sin que el Gobierno español pueda hacer algo para impedirlo, si es que realmente quiere hacerlo y no opta por entregarnos deprisa como hizo con el Sáhara. ¿Podemos perder el tiempo mareando un absurdo concepto de autodeterminación? Indudablemente, no. Lo repetimos: ya estábamos autodeterminados como pueblo libre antes de la conquista. Además, España lleva seis siglos maquinando en Canarias para no perder un proceso de autodeterminación en el caso de que éste se lleve a cabo. Ha llenado las Islas de peninsulares y europeos y otros extranjeros subvencionados para que los canarios perdamos nuestra identidad.
Por otra parte, el concepto autodeterminación no es único en cuanto a significado. También admite matices y rotundidad, como son la razón, la lógica, la humanidad, el diálogo y el cambio. Todo ello dentro de un orden pacífico y hasta divino. Ese concepto de autodeterminación sí lo admitimos; el otro, ese concepto político del que hablan algunos pocos, no. Porque en ese sentido, la autodeterminación supone una nueva conquista; un nuevo genocidio.
Todo cuanto hemos expuesto sobre la apropiación de Canarias por los peninsulares vale, en el nivel de nuestro Archipiélago, para la apropiación por parte de una isla ?la isla tercera, la más desangelada, la que carece del más mínimo encanto? del calificativo de "gran". En cuanto retorne la libertad o desaparezca la locura política en nuestro Archipiélago, Canaria debe perder ese calificativo de grande y de grandeza porque no le corresponde y porque crea desarmonía, desunión. El "gran" es una tiranía que también soportamos en Canarias.
Dedicamos las siguientes líneas de este editorial a recuperar una serie de textos publicados al comienzo del siglo XIX, en los que siempre se cita a la tercera isla por su auténtico nombre. No se trata de Reales Cédulas de los inquisidores Reyes Católicos y de la loca de Juana la Loca, sino de libros y otras publicaciones más recientes desde el punto de vista histórico sobre diversos aspectos de Canarias, donde, además, y siempre, la cartografía es contundente:
"El corregidor de Canaria, en oficio del 24 del corriente...", se dice en uno de estos textos. "Gobernador del castillo de San Francisco del Risco en la ciudad de Las Palmas en Canaria", leemos en otro. ¿Dónde está el gran? Seguimos: "Carta circular dirigida por el Ilmo. señor obispo de estas Islas a los párrocos de Canaria"; "La Junta ha entendido que los diputados nombrados por el Cabildo general de la Isla de Canaria..."; "...mientras las autoridades civiles que viven en aquella de Canaria estén administradas..."; "...que prevalezca la opinión de Canaria o la de Tenerife: ambas islas recibirán entonces el beneficio..."; "...a escribir directamente al Cabildo general de Canaria..."; "...de que el Cabildo de Canaria no acceda a ninguna especie de composición..."; "...tales son las disposiciones pacíficas que anuncia la isla de Canaria...". Podríamos seguir con muchos ejemplos más, aunque estos los consideramos suficientes por ahora. Lo volvemos a preguntar: ¿dónde está el "gran"?
Concluimos este editorial con nuestro asombro ante una noticia publicada por EL DÍA el pasado jueves. "El Estado incumplió el Estatuto al no informar de la ampliación de las aguas", titulábamos en nuestra página 18. Al margen de las protestas del Gobierno autónomo por no haber sido consultado ?en lo cual le asiste toda la razón del mundo?, ya hemos dicho más de una vez que no importa la ampliación que se haga de estas aguas por el Oeste, ya que las zonas esenciales para nuestras Islas están al Norte, Este y Sur del Archipiélago, y le pertenecen a Marruecos. Incluso Portugal tiene más derecho sobre Madeira y Azores, ya que estas islas estaban deshabitadas, que España sobre Canarias, pues las conquistó vilmente con la masacre de la población autóctona que vivía pacíficamente en ellas.
Sabemos, por otra parte, que Marruecos ha iniciado los pasos necesarios para recuperar lo que le corresponde, que son las Islas Canarias (mientras el Archipiélago no sea un Estado soberano), así como Ceuta y Melilla. Mientras tanto, España no podrá reclamar Gibraltar porque el Reino Unido posee mayor poder político, económico y militar, e inclusive nuclear. Y menos aún, si España mantiene esas posesiones situadas en otro mar y continente.
El caso es que desde que España se apoderó de estas islas, Canarias ha dejado de ser una tierra afortunada para convertirse en desgraciada. Este Archipiélago tiene que ser devuelto a sus habitantes, no a los peninsulares de aluvión. Lo repetimos: insistir en un referéndum de autodeterminación supone cometer un atropello a los derechos humanos y divinos de cualquier pueblo. Canarias es una colonia disfrazada de comunidad autónoma que debe recuperar su libertad. No nos vale ninguna otra componenda.
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En fin, la autodeterminación es un absurdo total, una injusticia inadmisible; es consumar o repetir un crimen de lesa humanidad. Alos españoles peninsulares de allende los mares y a los españoles peninsulares que habitan en Canarias les interesa mantener la finca. ¡Cómo no, si de ella extraen y se llevan riquezas de la tierra y del pueblo colonizado! ¿Por qué una consulta para recobrar lo que es nuestro? ¿O es que es justo que se asesine, se robe, se esclavice, se expolie y después no se aplique la justicia a los delincuentes, y se les pregunte si se les ha de enjuiciar o no? La soberanía del Archipiélago y el "gran" de Canaria son dos ejemplos rotundos de obviedad. Están delante de los ojos.
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