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D. BARBUZANO, La Laguna
En el barranco de La Carnicería, a su paso por La Verdellada, ha sido encontrado el que parece ser el último horno de cal de La Laguna, lo cual supone un valioso testimonio, relacionado con la construcción de las principales casas de la ciudad.
Jonathan Domínguez, como coordinador del barrio de La Verdellada, destacó a EL DÍA que, después del molino de agua que se está recuperando, "aparece el segundo elemento arquitectónico hispánico de los conservados en el cauce del barranco, tal y como es este horno de cal, que se pensaba perdido, y que ha sido redescubierto con la limpieza en profundidad del barranco".
Este horno de cal, el cual parece haber sido saqueado de su revestimiento en piedra, aún conserva parte de su torreón chimenea y casi intacto el hueco de la propia construcción. El robusto elemento arquitectónico se encuentra en un estado de conservación malo, la cercanía a una zona de contenedores de basura ha ido en detrimento de su construcción, aunque gracias al haber estado oculto bajo los zarzales ha llegado a nuestros días.
Es de destacar que el horno de cal fue construido en la ladera del barranco, porque era más fácil tratarla con el agua que pasaba por el cauce del mismo y que hacía girar a los molinos que tuvo en su día, y que hoy queda parte de dos.
Con el nombre de Araguy, se conocía en la época prehispánica toda la zona del barranco de La Verdellada y sus llanos, una palabra que, según algunos historiadores de mundo aborigen, significaba "por donde bajan las aguas", en clara referencia a las de la antigua laguna de Aguere. Esta situación privilegiada dotó a esta zona antaño de grandes oportunidades para la vegetación, la ganadería y la agricultura, esta última sobre todo en la época tras la conquista.
Esto permitió que Araguy contara con población aborigen, aprovechando, por una parte, la cantidad de grandes cuevas con las que contaba y aún se conservan en pequeña medida en el barranco, o en pequeñas cabañas (situadas en la zona donde hoy está el edificio Las Vistas y Las Sabinas) cuyos restos desaparecieron con la urbanización del lomo sur del barrio de La Verdellada en los años 90.
Hasta la irrupción del cemento, la cal fue el producto más utilizado en la construcción como aglomerante. La cal se obtiene a partir de depósitos como "caliche" y necesitaba cocerse en hornos.
Las piedras de cal se fragmentaban y dentro del horno se ponía leña y encima una capa de carbón y otra de cal y así sucesivamente. Luego se encendía el horno y al cabo de cinco días ya estaba el fuego en la parte más alta del horno, lo que indicaba que la piedra de cal ya estaba lista para sacar. Luego la piedra de cal, con la ayuda del agua, se abría y a las dos horas se convertía en cal, un polvo con el que pintaban las casas.
En estos momentos un equipo de la Universidad estudia el horno, que data del siglo XVI, a propuesta de la Concejalía de Patrimonio, que preside Cruci Díaz. Hay que resaltar que el calero más activo de La Laguna del citado siglo se llamó Diego López de Godoy y que en el barrio lagunero de San Juan hubo un horno de cal muy popular en 1752.
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