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EDUCACIÓN, FAMILIA Y SENSATEZ FRANCISCO M. GONZÁLEZ *

¿Y... después qué?

15/may/09 07:30
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A ESTAS ALTURAS, ya nadie duda que estamos pasando una de las más profundas crisis de nuestra historia reciente. Cuatro millones de parados; nuestro sistema educativo está a la cola de la Unión Europea, con el mayor índice de fracaso y absentismo escolar -ni con ordenadores-; las listas de espera en los hospitales públicos son desesperantes (se han dado casos de citar a un paciente para hacerle un escáner en el aniversario de su defunción); nadie tiene claro qué es ni cómo nuestras universidades públicas se van a incorporar al Plan de Bolonia; además de otros temas de necesidad real que exigen urgente solución.

Con todo este desastre nacional, y en vísperas del debate del estado de la nación, en el Congreso de los Diputados -porque la nación está muy malita-, a la señora ministra de Sanidad y Política Social, acompañada de la señorita ministra de Igualdad -una licenciada en Derecho y la otra licenciada en Administración y Dirección de Empresas- no se les ocurre mejor cosa -no creo que sea sólo cosa de ellas- que prescribir, sin receta, "una píldora de emergencia", con indicaciones precisas para los boticarios -que todos han estudiado Farmacia, y la mayoría hasta han hecho el doctorado- de cómo tienen que despachar un fármaco. Cómo me gustaría oír la opinión de un buen amigo médico y catedrático de Farmacología, que en estos momentos está de viaje.

Este periódico el pasado lunes informaba de que "la ministra de Sanidad y Política Social, Trinidad Jiménez, ha anunciado hoy que la "píldora del día después" se venderá en farmacias, sin receta médica y a mujeres sin limitación de edad. [...] El anuncio ha tenido lugar en una rueda de prensa conjunta con la ministra de Igualdad, Bibiana Aído".

Consciente de que lo que escribo no es políticamente correcto, pienso que esta medida es ¡una barbaridad!, una falta total de responsabilidad y una grave injusticia con la mujer. Porque es a ella a quien se le hace asumir todos los riesgos o efectos secundarios de tomarse la pastilla postcoital. ¿Y el "machito" qué? Aunque en la citada rueda de prensa, doña Trinidad dijo que "no hay contraindicaciones clínicas sobre efectos secundarios del fármaco que puedan ser perjudiciales", no obstante, puntualizó que: "Al ser un fármaco hormonal no se debe hacer un uso abusivo". Sin embargo, entre otros, el Dr. Luis T. Mercé, secretario general de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia y el Dr. José López Guzmán, profesor de Farmacia de la Universidad de Navarra -que de este tema saben más-, afirman lo contrario.

Por otro lado, doña Bibiana incurre en una tremenda desigualdad: ¿por qué no que vayan alternando, que una vez se tomé él la pastillita y otra vez ella, por aquello de la paridad? Si ella tiene después la posibilidad de tomarse la pildorita, ¿para qué se va a poner él un preservativo?, que aunque resulte más barato e impida contagios perniciosos, no deja de ser un engorro. Y determinados movimientos feministas, tan contentos.

Al poner a la venta este medicamento, sin receta y sin límite de edad, las personas que saben lo que hacen son muy libres de hacer lo que les dé la gana. Pero lo que de verdad me preocupa es que puedan adquirirlo sin ningún tipo de límite los o las menores -después de todo soy abuelo de seis encantadores nietos-. Las consecuencias educativas de esta temeraria posibilidad aumentan las dificultades que se les añade a los padres de familia -¡que ya eran pocas!- en su labor educativa con los hijos.

Coincido, en casi todos los aspectos, con el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, Arturo Canalda, que, en declaraciones a Europa Press, dice que considera un tema de "educación" de los menores y reseñó que es responsabilidad de los padres, familias y las administraciones educar a los menores en una "sexualidad responsable" para evitar enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados. Aunque disiento en lo de las "administraciones", puesto que la educación afectivo-sexual es de competencia exclusiva de los padres o, en caso extremo, de la familia, porque pertenece -o debe pertenecer- al ámbito de la intimidad personal. Donde se engarza la sexualidad con afectividad y, a su vez, con el amor si queremos humanizar y dignificar la sexualidad de la persona. La cuestión de fondo es muy otra: ética y cultural, que no se resuelve con un preservativo ni con una pastilla del día después. ¿Y... después qué?

* Orientador familiar y profesor emérito del CEOFT

fmgszy@terra.es

 

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