EN ESTE AÑO se cumplen cuatro de la muerte del que fue uno de los más importantes Pontífices de la Iglesia Católica en la edad moderna, Juan Pablo II, El Grande, así denominado por su carácter, su entusiasmo, su poder de convencimiento ante las masas que convocaba siempre su presencia. Fue, además de santo, un gran viajero y comenzó con éxito la reconciliación y el encuentro con las otras Iglesias cristianas, con el Islam y con los judíos, a los que llamaba "hermanos mayores", pues no podemos olvidar que su Dios es el de los cristianos, y el de los árabes, el Dios de Abraham. Su carácter se forjo, sin duda, al padecer dos dictaduras tan atroces como la nazi y la comunista en pleno apogeo en su Polonia natal. Los últimos años de su vida fueron de gran sufrimiento físico, debido en gran parte al atentado que sufrió a manos de Ali Gacka, que llevo con gran entereza y resignación hasta el último suspiro. Se encuentra en proceso de beatificación, existen numerosos milagros debidamente contrastados, realizados mientras vivía; habrá que esperar a que se produzcan una vez fallecido y que pronto podamos verlo en los altares y pedir su intercesión ante Dios.
Como creyente, cuando falleció rogué a Dios para que le sucediera alguien que continuara su importante labor ecuménica. Parece que mis oraciones fueron escuchadas, porque su sucesor ha resultado ser un gran Papa también. Durante la vida de Juan Pablo fue uno de sus más importantes asesores, creo recordar que era el prefecto o director de la Doctrina de la Fe. Me estoy refiriendo, por supuesto, a Benedicto XVI, que reúne cualidades como una gran inteligencia, y un gran entusiasmo en hacer compatible la razón y la fe. Ha superado las dudas iniciales de un frío intelectual y con sus más de ochenta años está emulando en gran manera al Papa viajero anterior, haciendo además viajes muy comprometidos y valerosos, que esperamos den buenos frutos espirituales. Ha continuado con brillantez la labor ecuménica anterior. En estos momentos esta a punto de finalizar un decisivo, diría yo, viaje a Tierra Santa, visitando Jordania, recibido afectuosamente por sus Reyes y donde alabó las facilidades para la libertad religiosa. Creo recordar que inauguró una nueva iglesia; Israel, donde depositó sus peticiones en el Muro de las Lamentaciones, que me imagino que serían lograr la paz entre los tres pueblos: el judío, el palestino y el cristiano (que cada vez quedan menos, antes las dificultades para desarrollar su fe y el aislamiento en que encuentran).
Se ha entrevistado con las más importantes autoridades religiosas de las tres comunidades y, si bien ha condenado una vez más el Holocausto judío en Alemania, considerándolo como un crimen atroz y rogado para que nunca más se produzca nada parecido, ha solicitado la creación de un Estado palestino, soberano e independiente (aunque para lograrlo tendrán que separarse de Hamas, Gaza, pues estos solo quieren la confrontación y la destrucción de Israel). La acogida ha sido cordial y se han mostrado buenos deseos para lograr el respeto mutuo y la confraternización entre las tres grandes religiones monoteístas.
Por supuesto veremos en los medios de comunicación mundiales, junto a algunas alabanzas, numerosas criticas. La gran progresía (a cualquier cosa se le llama progreso) no le perdona la gran labor que está realizando y su lucha por una Iglesia mejor, actualizando los valores, hoy tan arrinconados. En su anterior viaje a África, en marzo, a las preguntas de unos periodistas, en pleno vuelo, afirmó que la distribución de preservativos como modo de frenar el avance del sida en aquel continente no sólo no ayudaría a este propósito sino que podía resultar contraproducente. Las palabras que pronunció, que muchos critican sin conocerlas exactamente, al preguntarle sobre la postura de la Iglesia Católica contra el sida fueron: "Diría que no puede superarse este problema del sida sólo con dinero, aunque este sea necesario; pero si no hay alma, si los africanos no ayudan (comprometiendo la responsabilidad personal), no se puede solucionar este flagelo distribuyendo preservativos; al contrario aumenta el problema (por la promiscuidad al creerse protegido)... nuestras fuerzas (las de la Iglesia) son dobles: renovar al hombre interiormente, darle fuerza espiritual y humana para un comportamiento correcto con respecto a su propio cuerpo y al de los demás (humanizar el amor carnal), y la capacidad de sufrir con los que sufren, refiriéndose a la Iglesia.
Edgard Green, agnóstico, director del departamento de Estudios de Población de Harvard (EEUU), publicó con posterioridad, y ante las duras criticas por lo dicho contra el Papa, un artículo en The Washington Post, defendiendo su postura y afirmando que, tras 35 años de estudios, las únicas evidencias científicamente demostradas en la prevención contra el sida son la abstinencia y la fidelidad. Hay una prueba irrefutable: en Uganda, entre 1981 y 1995, los jóvenes que practicaban la abstinencia pasaron del 31% al 56% en los chicos y del 26% al 46% en las chicas, pasando la tasa del VIH (sida) del 21% en 1991 al 6,4% en el 2005, con un gasto del 0,23% dólares por persona, al aplicar la estrategia ABC (abstinencia, fidelidad, y si no, preservativo). Sin embargo en Camerún, las ventas de preservativos aumentaron de 6 a 15 millones entre 1992 y 2001, y la tasa del sida se duplicó. Ítem más: en 2003, Norman Hearst y Sanny Chen, de la Universidad de California, realizaron un estudio sobre la efectividad de los preservativos para el programa de la Naciones Unidas sobre el sida, y se encontraron con que no había evidencia alguna de que los preservativos funcionasen como una medida de prevención primaria en África (la ONU ocultó este estudio). Así pues, para afrontar este importante problema en África (y yo diría en el mundo) hay que promocionar la monogamia, con fidelidad mutua; al menos la reducción del numero de parejas "concurrentes", fidelidad incluida, y en su caso use un preservativo, sabiendo que no es totalmente seguro.
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