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JOSÉ A. DULCE, S/C de Tfe.
El cineasta tinerfeño Alberto Rodríguez está a punto de ver cumplido un sueño que, para él, ya ha comenzado a materializarse tras recibir la noticia de su nominación al Oscar por "The Incredible Story of My Grandmother Olive", un cortometraje de animación con el que se ha graduado en la National Film and Television School del Reino Unido y que la escuela inglesa fundada en 1971 postuló para competir en los próximos premios de la Academia de las Artes y Ciencias de Hollywood.
La obra dirigida por Rodríguez concurrirá en la categoría de mejor filme extranjero dentro de la 36 edición de los Student Academy Awards, una gala específicamente orientada a los proyectos de nuevos directores. En el camino hacia el eunuco dorado, el tinerfeño se las verá con producciones de Suecia, Rusia, Alemania e Israel, que completan el quinteto de películas nominadas, escogidas de entre 57 proyectos presentados por universidades e institutos cinematográficos de todo el mundo.
La solución se conocerá dentro de un mes, ya que el 13 de junio es la fecha fijada para la ceremonia de entrega de premios que se celebrará en el Teatro Samuel Goldwyn, ubicado en el Bulevar Wilshire de Beverly Hills.
"Aunque suene a tópico -afirma el cineasta- la nominación al Oscar ha sido toda una sorpresa, ya que el objetivo principal del cortometraje era poner en práctica lo aprendido y graduarme; desde ese momento para mí estaban todos los objetivos cumplidos. El caso es que en la National Film and TV School, la película gustó mucho y decidieron enviarla, no solo a la Academia de Hollywood, sino también a múltiples festivales en los que empezamos a estar seleccionados, como el de Palm Springs, también en California".
Rodríguez se muestra esperanzado con la posibilidad de obtener un premio que podría abrirle muchas puertas, de hecho varios cineastas que lo han ganado obtuvieron luego el Oscar principal en el campo de la animación, como es el caso del checo Jan Sverak o el holandés Mike Van Diem.
"La nominación es en sí ya un gran reconocimiento", asegura Rodríguez, cuyo corto "Las gafas equivocadas" le permitió acceder hace varios años a la NFTS británica, un centro que cada año sólo pone seis nuevas plazas a disposición del alumnado.
Consciente de que poco a poco va superando filtros y pruebas, Rodríguez cree que ahora "el listón está aún más alto". No obstante, matiza, "detrás de mi cortometraje hubo un grandísimo equipo y, aunque a marchas forzadas, se trabajó mucho en la historia, lo que me hace estar muy seguro de la obra, que, según creo, tiene muchísimas posibilidades".
Que el autor pueda acompañar a su obra en su aventura estadounidense va a depender de los apoyos que reciba.
"Espero aprovechar el viaje a Los Ángeles para retomar algunos contactos. Allí hay una industria sólida con muchas posibilidades. Además de las grandes compañías como Pixar o Dreamworks, existen muchos otros estudios de animación que tienen siempre con proyectos en marcha. Evidentemente -afirma-, tener una nominación de la Academia es una excelente tarjeta de visita".
Humor en 3 dimensiones
Esa tarjeta lleva inscrito el nombre de la abuela Olivia, personaje protagonista de su corto, realizado en 3 dimensiones, campo en el que Rodríguez se especializó a raíz de su participación en la primera película de animación rodada en España con este formato: "El bosque animado" (Dygra, 2001).
Según Rodríguez, la idea se basa en aspectos tomados de la realidad: "En Inglaterra es frecuente ver a las personas mayores usando artilugios eléctricos para desplazarse por las aceras, vehículos similares a sillas de ruedas motorizadas. Habitualmente me cruzaba con una anciana que viajaba en uno de estos aparatos con botones de todos los colores y que hacía un ruido peculiar. Me preguntaba cuántas cosas podría hacer aquel artilugio. Un día pensé qué sucedería si alguno de aquellos botones convirtiese la silla en un gigantesco robot, pero lo realmente divertido era imaginar el contraste entre la inofensiva abuela y el gran poder que ésta tiene en sus manos. Así que elegí esa situación como punto de partida".
"Tras muchísimas horas de trabajo -precisa- desarrollamos una historia en la que un alien octogenario que usa silla de ruedas, sufre un accidente y aterriza en el jardín de Olive; ella se enoja porque ha destrozado las flores, pero pronto el extraterrestre arregla el desperfecto y se gana la confianza de la anciana. Sin tiempo para conocerse mejor, aparece el Ejército y se llevan al marciano, dejando a Olive sumida en una profunda tristeza. Ésta, sin darse cuenta, se sienta en la silla de ruedas del alienígena y descubre que puede ir a rescatarle".
Rodríguez y sus colaboradores apostaron por narrar la historia en clave de humor. "Teníamos claro que debía ser una comedia, pero anteponiendo los sentimientos y las relaciones entre los personajes", aduce el director, implicado de forma paralela en un gran proyecto editorial. "Actualmente estoy terminando un libro en el que hablo del proceso de producción en 3D", avanza desde La Coruña.
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