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Cartas al director

13/may/09 07:44
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Con la Iglesia hemos topado

La crónica dominical del muy leído y ameno colaborador de este diario José Antonio Infante nos planteaba el domingo pasado una serie de anormalidades recogidas en informaciones de prensa que se referían principalmente a hechos sucedidos en la Iglesia, la Iglesia católica, por supuesto. Malos son los tiempos para nuestra Iglesia. Con un Gobierno dispuesto a que la laicidad del país sea la primera entre todas, prima inter pares, que se decía antes, cuando los niños estudiaban latín, cosa de curas, al parecer, y que ha llevado nada menos que a criticar abiertamente y en el Parlamento a Su Santidad porque no comprenden estos progres y "progras" nuestros/as que, además del preservativo, hay otra forma de evitar un contagio que puede ser nefasto, como es el sida, azote de ciertos países africanos y de toda la Humanidad, cual es simplemente la abstención o la observancia de reglas elementales, ambas ejerciendo voluntariamente la libérrima facultad de decisión.

Y nos cita el colaborador casos de medidas tomadas en ciertas iglesias de nuestra tierra que al menos le producen sorpresa. Y es que la Iglesia no ha sabido, quizás, adaptarse a la democracia reinante. Por ejemplo, en la parroquia de mi barrio madrileño, nada menos que la del Pilar, se nos ha jubilado el párroco de los últimos 30 años, más o menos, y nos ha venido uno nuevo. El otro día llegué algo tarde a misa y, como mi vista ya no es lo que fue en un tiempo, oía que el cura hablaba pero no lo localizaba. ¿Motivo? Pues en lugar de estar donde solía, fuera del altar y del lado del Evangelio, el caballero había decidido colocarse del lado de la Epístola, invirtiendo lo que llevamos los católicos viendo desde el Vaticano II al menos. ¿Por qué demonios se ha cambiado de lugar? Lo ignoro, pero me pareció una arbitrariedad, seguramente no tal, en mi ignorancia.

Y ello me recuerda algo que sucedió hace más de 60 años, un verano, en el que la que luego fuera mi mujer, junto con una prima suya, cogieron el barco y, ni cortas ni perezosas, se fueron a pasar una temporada con el hermano de su prima, que se hallaba entonces destinado en Asturias. Pues un domingo caluroso de aquel verano de la Oprobiosa, se dirigieron las dos a una misa de medio día en Gijón, y un monaguillo que estaba como vigilante en el portal de la Iglesia las denunció porque ¡iban sin medias! y, en consecuencia, las echaron del templo como Jesús a los mercaderes.

Me parece que no hemos cambiado mucho en estos casi tres cuartos de siglo Sigue habiendo intolerancia a veces, y muchas otras incomprensión por parte de todos. Bien que nos hacen falta unas dosis de humildad y mucho más de cariño.

José Mª Segovia Cabrera

(Madrid)

España - Cataluña

A través de la prensa y de la radio, me entero de que la comunidad de Cataluña prohibe la educación en castellano y blinda su inmersión. O sea, que ni yo ni hijos ni mis nietos podremos trabajar en esa comunidad, por el simple hecho de no saber catalán y, como yo, Vd. y Vd. tampoco podrán hacerlo, así como miles y miles de españoles, pues con esa ley nos marginan en nuestra propia patria.

Entonces, yo me pregunto: si a mí y a los míos nos excluyen de dicha comunidad, ¿por qué he de consumir yo sus productos?

Y como sólo tengo derecho al pataleo, mi opción será ésta: nada de cava, champán o vinos ni producto alguno de esa comunidad catalana entrará en mi casa de ahora en adelante. A esta postura les invito a quienes estén de acuerdo conmigo, y por lo tanto, en desacuerdo con esa ley y sintiéndolo mucho por el comerciante de esa tierra, pero que sepa a quiénes tiene por gobernantes.

Repito, es mi derecho al pataleo al sentirme discriminado por ese gobierno catalán, al que le ha dado alas el Sr. Rodríguez Zapatero, gran culpable como plaga bíblica, por este expolio de un trozo de España.

Y antes de que me olvide: a La Caixa catalana, ni un céntimo. Si Cataluña me excluye a mí, mi estómago y mi cartera excluyen a Cataluña.

M.M.

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