ALGUIEN, por fin, se ha decidido a exaltar debidamente la importancia que, como históricos monumentos y señas de identidad del progreso de la isla de La Gomera, representan los tres pescantes que se construyeron hace más de un siglo y hoy persisten, sin uso, como piezas de museo deterioradas por los años de inacción y abandono. Ha sido la profesora de la Universidad de La Laguna doña Gloria Díaz Padilla quien ha escrito un libro titulado "Los pescantes de La Gomera", presentado en San Sebastián el pasado fin de semana.
En dicho acto, el presidente del Cabildo de la Isla Colombina, don Casimiro Curbelo, con cuya amistad me honro, dio a conocer que, en el próximo pleno de la Corporación Insular, propondrá la incoación de un expediente administrativo a fin de instar al Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino del Gobierno a garantizar la restauración, protección y reserva de los actuales e históricos dispositivos mecánicos que aún se elevan en los litorales en las poblaciones gomeras de Hermigua, Vallehermoso y Agulo. Citó Curbelo las sugerencias que, en ese sentido, le hizo otra profesora de la Universidad de La Laguna, titular actualmente de Arqueología y experta en Patrimonio Histórico, doctora Mary Cruz Jiménez. La profesora Jiménez intervino en la presentación del libro de su colega, doctora Díaz Padilla. El presidente Curbelo añadió durante el acto, refiriéndose a los pescantes, que "es necesario garantizar la permanencia de los restos de estas estructuras que incorporaron a La Gomera a la modernidad de una época y, por primera vez, colocaron a la isla en la mayor cota de progreso y bienestar social de la Historia". Por su parte, la profesora Jiménez hizo hincapié en que "la historia de los pescantes de La Gomera va íntimamente ligada a los acontecimientos más importantes de finales del siglo XIX y gran parte de la mitad del XX, al tiempo que destacó el trabajo de investigación de la profesora Díaz Padilla, quien, aparte de las consultas documentales, introdujo en el libro las versiones orales de testigos. Los pescantes de La Gomera fueron fundamentales en las exportaciones agrícolas del rico norte de la isla y potenciaron la economía y la riqueza de los habitantes de la Isla.
Por mi parte, no me resisto a contar una de las muchas anécdotas a que dieron lugar los pescantes. Fue el de Hermigua, que también se empleó para desembarcar y embarcar pasajeros a los barcos. Se utilizaba un gran cajón donde se metía la gente, que accionaba, mediante cables, el brazo de la grúa. Un agujero rectangular daba paso a los viajeros. Uno de ellos, que tenía que embarcar, estaba despidiéndose de un amigo. El gomero es bastante pesado en las despedidas y éste no era una excepción. Junto a la boca del agujero, estrechaba la mano al amigo mientras le expresaba: "¡Yo que te digo!"; en esto que el cajón baja a la lancha sin avisar y el agujero estaba abierto. El viajero no se dio cuenta, se fue al agua y casi cae sobre la lancha. Lo último que dijo fue: "¡Yo que te digo!", y cayó al vacío desapareciendo por el agujero.
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