José Rodríguez exalta las Fiestas de Mayo y reivindica el orgullo del pueblo guanche
El editor y director de EL DÍA, José Rodríguez Ramírez, exaltó ayer, en la lectura del pregón, las Fiestas de Mayo de Los Realejos, en honor de la Santa Cruz y de San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza y Nuestra Señora de los Remedios, y reivindicó el orgullo del pueblo guanche.
EL SALÓN NOBLE DE LAS CASAS CONSISTORIALESfue escenario anoche de la lectura del pregón de las Fiestas de Mayo, a cargo de José Rodríguez.
El pregonero puso de relieve su gratitud por la invitación del alcalde de la Villa, Oswaldo Amaro, para leer el pregón de sus fiestas mayores, que fue precedido por el recital musical del cuarteto Teobaldo Power y por el discurso del alcalde anfitrión.
Oswaldo Amaro perfiló una semblanza histórica de la Villa en su discurso de presentación de José Rodríguez Ramírez, del que glosó su trayectoria humana y profesional, así como sus numerosos reconocimientos institucionales. Indicó que "es con las Fiestas de Mayo cuando esta villa, que ostenta, no en vano, el título de Histórica, sino porque es de las más antiguas de esta Isla, lanza al resto del Archipiélago y, por qué no, de fuera de Canarias, su mejor tarjeta de visita. Aquí se funde lo tradicional y lo moderno".
El pregonero, por su parte, aludió al refrán "Marzo ventoso y abril lluvioso hacen de mayo florido y hermoso" para señalar que "el pueblo y sus refranes son muy sabios, pero este refrán o expresión popular ha olvidado, y no tiene perdón si el refrán es canario, ha olvidado, repito, que el mes de mayo en una localidad del mundo y punto privilegiado del planeta, en un enclave que abarca tres continentes y del que se parte a diario para los otros dos, es decir, Europa y África y América y Oceanía, ha olvidado, dije, que mayo es mes de fuego, mes de alegres fuegos de colores, mes de la Cruz, de la Cruz del Redentor. Yo no admito que sea en mi tierra, nuestra tierra canaria, la tierra de los guanches, no quiero que sea el mes de la conquista, dicho con c minúscula, porque no fue humano, digno, el mes de la corona de Castilla y de Aragón, el mes de cruces, de la Cruz y la espada, que ha dicho un importante antecesor mío en esta tribuna. Qué incierto que la empresa bélica de la conquista habitada por infieles estaba orientada para ser ganada para Dios -creador de la Tierra y de todas sus criaturas- y para el rey con ese mayo y con esas cruces".
Más adelante manifestó José Rodríguez con rotundidad: "Yo, este humilde pregonero, no estoy conforme, no me siento feliz leyendo su capítulo de La Cruz y la conquista, porque esos infieles que dice eran nuestros guanches, criaturas humanas con todos los dones que Dios entrega a sus criaturas, sean hombres, mujeres, niñas, niños, y hasta a los seres irracionales. Me quedo con la Cruz, la del Redentor y las de esta hermosa Villa, las de las portadas y las de los caminos, y aborrezco la conquista".
En su exposición, el pregonero indicó también que había aceptado de mil amores predicar por tercera vez "en esta encantadora e histórica Villa, la de las dos dimensiones, alta y baja, ahora toda entera en la del centro, además en la Santa Cruz o en la Cruz Santa, en la Villa única que es", y recordó que una vez fue mantenedor de las Fiestas de Nuestra Señora de los Afligidos, donde actuó también, entre otros, "el inolvidable amigo argentino Leo San Diego, en 1990; en 1997 como pregonero de las Fiestas de Nuestra Señora del Carmen; y esta de hoy (ayer), dentro del año jubilar, 2009-2010, del IV Centenario del Voto de San Vicente Mártir".
José Rodríguez aclaró que "lo de predicar no es mío, pero lo copio y lo empleo siempre porque me gustó, por ajustado término, cuando lo oí por primera vez a un periodista ilustre de nuestra Casa de EL DÍA, Ernesto Salcedo, que casi fue sacerdote; sólo le faltó que a última hora un peluquero o cualquier novicio le hiciera la cruz en su cráneo, en el centro de su espeso pelo, el círculo de la tonsura para que le llegase el Espíritu Santo, pero me gustó la palabra, digo, y la práctica que comporta. Yo estoy aquí hoy predicando o para predicar, todavía no sé qué, pero mis torpes palabras estarán sin duda llenas de buenas intenciones y deseos; y para pregonar, ¿qué?: la llamada a venir a las fiestas tan bonitas que esta Villa ofrece a sus habitantes y a todos los habitantes de la isla mayor y más hermosa del Archipiélago, Tenerife capital y Capital de Canarias, y a todo el mundo que puebla las Islas Canarias: primavera, cruz, fuego, amor, ilusión, unión, dignidad? ¡Libertad!".
"¡Realejo Bajo!, ¡Realejo Alto! Tanto da, son los Realejos, tierra de nobles y de sanas gentes del país canario -agregó-, tierras de ilustres, y aquí cito a dos o tres coetáneos míos, tales como el Dr. Estrada, la familia Estrada; el antiguo alcalde Domingo Luis Estrada, Antonio González González, científico y rector, y ¿por qué no?, a Esteban Domínguez, un hombre de bien de este pueblo y de hoy y, por tanto, coetáneo, y buen artesano y articulista, algo mimoso; a José Siverio, el Padre Siverio".
La figura de Viera
El pregonero también se retrotrajo en el tiempo para referirse al magisterio del más importante de los realejeros, al polígrafo e historiador José de Viera y Clavijo, "el Arcediano de Fuerteventura que tenía la sonrisa de Voltaire, que dijo Leoncio Rodríguez, mi ancestro guanche, tío y maestro Leoncio Rodríguez, el hombre introvertido y ensimismado, y áspero de trato, que amaba intensamente pero con timidez a toda su familia, la natural y la del periódico, y a todos los pueblos de la isla y a su gente, que absorbía a chorros el aire y los sentimientos puros de la tierra; el hombre que se dolía oyendo en su cerebro los ayes de sus antepasados, de sus guanches del alma".
Igualmente añadió José Rodríguez que "José de Viera y Clavijo, esa gran figura de la Historia Canaria, que alguna equivocación tuvo en sus letras y conceptos histórico-literarios y uno importante geográfico, y que hoy reposa, no sé si justamente o a petición suya, en la catedral de Las Palmas. Así y todo, don José de Viera y Clavijo, el más ilustre de los realejeros, debería de estar reposando en la tierra que le vio nacer y jugar, en Los Realejos, aunque fuera en la más humilde de las ermitas; el gran historiador y poeta de la historia y sentimientos isleños".
La figura del Teide ocupó una parte del pregón y en este sentido su autor habló de "este Teide, Patrimonio de la Humanidad, tan desgraciado en estos días porque hay quien no tolera, repito, su monumentalidad, y ha dicho que va a estallar y que hay que preparar ya las vías para la evacuación. Un Teide que, si nuestras autoridades no lo remedian, los enemigos de la isla y del titán conseguirán que sus lavas ardientes, líquidas, comiencen a correr monte abajo arrastrando lo primero que va a encontrar, Los Realejos y La Orotava, acabando con nuestras fuentes y nuestras glorias para propios y extraños".