Marchita y florecida
Se secó la flor que amaba,
la que más quise sin tiempo,
y ahora guardo mis palabras
en el arcón del silencio
porque la amargura siento
y por mis venas derrama.
Se secó mi flor amada
y ahora gozarla no puedo:
antes y en cada jornada
le regaba con mis besos
y el cariño que le daba
la cortejaba en festejos.
Se secó mi flor querida,
lo hizo de madrugada
cuando la noche se inclina
hacia los pasos del alba,
y así perdió su energía,
su solidez y eficacia.
Se secó mi flor preciada
y lo hizo en primavera
cuando la sangre despierta
y las caricias derraman
al son de las horas ciertas,
de una fibra soterrada.
Y aunque la flor de mi vida
emprendió su otro Camino,
también seca, sus latidos
dejaron con su ardentía
un ramillete nutricio
colmado de perspectivas.
Juan Antonio López de Vergara y Batista
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