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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

El bajonazo

28/abr/09 07:27
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UN DÍA alguien me vino con el cuento de que determinado cantante había triunfado en Nueva York porque ofreció un recital al que acudieron 25.000 personas. Le dije que para cantar ante tantos neoyorquinos sólo hace falta ponerse en una esquina de la Penn Station a las cinco y cuarto de la tarde.

Vivimos en un país donde hasta el más humilde ciudadano aspira a la fama. Algo que no debe avergonzarnos en absoluto, pues ocurre lo mismo en otros lugares del mundo. ¿Dónde hay que triunfar para ser famoso? Buena pregunta de múltiples respuestas. Para ser popular en Canarias hace falta cierto nivel de popularidad simultánea en Santa Cruz y Las Palmas. Eso que nadie lo dude, y lo siento por las llamadas islas menores. Triunfar en España implica hacerlo en Madrid, le guste a quien le guste y le disguste a quien le disguste. Puestos a elegir, hasta Ana Oramas prefiere ser diputada en la Carrera de San Jerónimo que alcaldesa de La Laguna. Y no es la única. Estar entre los mejores de lo que sea en Europa cuesta un poco más. Tienen que conocerlo a uno, por lo menos, en París, Berlín y Roma. Madrid, por muy de moda que esté -que lo está- sigue contando poco. Alcanzar la gloria en el mundo anglosajón, que es casi equivalente a alcanzarla en todo el mundo, requiere pisar fuerte en Londres y Nueva York, pero no sólo ante 25.000 personas.

Al hilo de lo anterior, cabe preguntar cuándo, o mejor dicho, dónde es famoso un político. En definitiva, ¿quién conoce, por ejemplo, a Zapatero, a López Aguilar o a Rajoy? De Zapatero saben cosas en Europa. En Estados Unidos lo conocía mejor Bush que Obama. Y poco más. La fama de Rajoy difícilmente cruza las fronteras patrias, mientras que a Juan López lo conocemos en Canarias y un poquito por esa Península de Dios. Una exigua cuota de popularidad, en cualquier caso, para actuar como locomotora electoral del PSOE en las elecciones europeas. Porque si las cosas no cambian, y cada vez queda menos margen de tiempo para que cambien, la pifia del Terminator va a ser sonora. Algo que, lejos de alegrarme me entristece, pues no me gusta que nadie de esta tierra fracase en cualquier tarea que emprenda.

Del descenso del PSOE en las europeas, con el fiasco que ello implica para alguien que va como cabeza de lista, se hablaba en voz baja hasta hace un par de semanas. Hoy ya se comenta abiertamente el "bajonazo" de López Aguilar. La culpa no es de él, ciertamente, pero tampoco va a conseguir el tirón que necesita Zapatero en estos tiempos de crisis, cuando el país se le anega en desempleo. A Juan López lo conocen mucho en Canarias, tiene cierta familla de intelectual en algunos círculos madrileños, pero deja frío a un señor de Murcia. O de Badajoz. Pudo haber aspirado a más cuando lo hicieron ministro, pero siguió enfrascado en su afán por destruir al nacionalismo canario y de paso, como si lo anterior fuese poco, por destruir a la cuota sensata de su partido en las Islas. Logrará el acta de eurodiputado -malo sería que no saliese ni yendo de número uno- pero el Parlamento Europeo será, casi con toda probabilidad, su último destino como político.

rpeyt@yahoo.es

 

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