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TAL CUAL PABLO PAZ

Menos ideología y más economía

28/abr/09 07:27
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CUANDO me referí en mi anterior artículo a la desestructuración de la actual política económica, y a que el Gobierno socialista insistía en apuntalar su discurso ideológico mediante la agitación y la propaganda, dejando a un lado propuestas concretas para estimular la economía, no pensé que algunos ciudadanos -en este caso se trataba de los agricultores- se echaran, por fin, a la calle, gritando un eslogan esclarecedor de lo que sucede a nivel de política gubernamental: "Menos ideología y más economía".

Dicho eslogan refleja a la perfección la disposición y la actitud que el presidente del Gobierno español está adoptando en el ámbito político desde que comenzó la crisis económica, y que se refleja en una posición partidista e ideológica, que se resume en intentar por todos los medios a su alcance administrar el poder alcanzado en las urnas, para seguir en él cueste lo que cueste. Para ello, nada mejor que el anuncio que hizo ante el Grupo Socialista en el Congreso, no sobre las medidas económicas que se supone la mayoría de los españoles esperan, aguardan y necesitan con urgencia, no; ni siquiera anunció que iba a suprimir ministerios inservibles, reducir altos cargos, eliminar coches oficiales y demás parafernalia perfectamente prescindibles en estos tiempos de crisis, no; sino que se atrevió a anunciar que el Ejecutivo enviará este año al Congreso leyes, se supone que tan importantes, necesarias y demandadas por el conjunto de la sociedad -que seguramente no pensará en otra cosa, con la que está cayendo: 7.000 parados diarios, comedores sociales a reventar, miles y miles de familias sin ningún tipo de ingresos, y la cosa va a más- como las leyes de la ampliación del aborto, la de la libertad religiosa, la reforma de parte del Código Penal, seguramente para amparar lo referente a su vena necrofílica, o la reducción de la publicidad en la TVE.

Está claro que al Gobierno socialista que preside el presidente Zapatero lo que realmente le importa es contar con los votos suficientes como para seguir manteniéndose en el poder, con el objetivo ideológico de terminar de cambiar la mentalidad de una sociedad que contempla atónita, y a la vez un tanto anestesiada, cómo la intención de sus votos es manipulada para otros fines distintos a la búsqueda del bien común y la defensa del interés general. Es evidente, por tanto, que tras su manifiesta incapacidad para tomar medidas que ayuden a salir de esta crisis, el señor Zapatero ha apostado abiertamente por dar un nuevo giro a la izquierda, para contentar a un electorado afín; disfrazando sus iniciativas legislativas de apuestas por la defensa y el mantenimiento de lo social como método para afrontar la crisis.

Pero el mejor diagnóstico que podemos hacer sobre lo que está sucediendo, y siendo generosos en nuestras apreciaciones, es el de que el socialismo del siglo XXI es incapaz de comprender el origen político del Estado del Bienestar; por lo que han decidido de forma unilateral dar un salto al vacío de la historia, obviando cualquier consideración sobre las raíces pasadas de nuestros problemas actuales. Sus políticas y sus acuerdos son actos deliberados de manipulación, destinados a imponer su posición ideológica sobre cualquier otra consideración que pretenda respetar nuestro pasado y nuestras tradiciones.

Lo que nos jugamos no es sólo una posición ante la actual crisis económica, sino la necesidad de no perder la perspectiva de consolidar un Estado eficaz y fuerte; asentado en la necesaria comprensión y respeto por nuestro pasado. Si hubiéramos superado este paso -mejor dicho, si la izquierda lo hubiera superado-, no estaríamos ahora ante la disyuntiva de tener que elegir entre ideología y economía; sino que el Gobierno estaría haciendo lo posible y lo imposible por combatir la recesión económica y atajar de forma urgente el encefalograma plano en que se ha trasformado la actividad económica de nuestra sociedad.

Las alarmas han saltado por todas partes, trasladándose peligrosamente el miedo a la sociedad. Lo que no puede hacer el Gobierno es pedirnos a los ciudadanos y exigirle a la oposición complicidad y comprensión ante su desidia, cuando no ocultación de una realidad que se ve reflejada en la paralización de la actividad industrial, el desmesurado aumento del déficit público, en la ralentización de la actividad productiva, en la pérdida de empleos, o en el descenso de cotizantes de la Seguridad Social; y, sobre todo, en el aumento de ciudadanos que ya no tienen capacidad de gasto y consumo para, al menos, intentar remontar esta crisis.

Contra el paro no sirven las doctrinas ni las subvenciones. La solución al paro es generar confianza y puestos de trabajo. ¿Cómo? Pues con menos ideología y más economía.

macost33@hotmail.com

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