1.- Esta semana imparto un pequeño curso de periodismo y de fotografía periodística a los alumnos del Instituto de San Juan de la Rambla. Supongo que en la invitación que me ha hecho la directora del centro, Juana María , también se ve la mano del alcalde Manolo Reyes , que tiene al Instituto como propio y que lo cuida y lo mima como un tesoro. La semana pasada estuve en San Juan de la Rambla, visitando el centro, y he enviado libros para sus alumnos y para su modesta biblioteca. Tantas veces no somos capaces de ver la labor que los docentes de los pueblos de las islas realizan con sus alumnos. Una labor realmente importante, aportándoles ya no sólo las enseñanzas regladas, sino mundología, saber estar, educación, normas para la convivencia. Veo que este centro está muy bien dotado de tecnología y comprobé que los alumnos, al margen de la enseñanza básica y el bachillerato, reciben cursos que tienen que ver con la agricultura, con la ornamentación. Muy interesante esta labor, incluida la que se hace en formación profesional.
2.- Dirigirme a los chicos es para mí muy reconfortante. Ellos ven el periodismo como una profesión con magia, con capacidad para asombrar. Y a los periodistas como unos individuos osados que pueden entrar libremente a todas partes. Los chicos hacen un mito de esta profesión. Procuro no desilusionarles, pero les hago una reflexión sobre la dureza que supone estar todo el día expuestos a los demás. Es verdad que tenemos la capacidad de la crítica, mas también hemos de prepararnos para ser criticados, a veces con la calumnia y la mentira como banderas. Pero es nuestro sino.
3.- También les hablaré de lo difícil que es hacer buen periodismo en la periferia de la nación, lejos de los círculos de poder y de los grandes centros de información, en donde se originan todas las noticias que venden. Los periodistas no somos ahora unos robaperas, pero lo hemos sido durante mucho tiempo. El nivel ha subido pero aún pululan por los medios individuos sin formación y de una catadura moral más que dudosa. Porque la palabra intrusismo no existe en esta profesión que ha superado siempre sus propios límites. De todo esto les hablaré a los chicos de San Juan de la Rambla.
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