Santa Cruz de Tenerife

El Monturrio de Duggi

Duggi o El Monturrio, que de ambas maneras lo llaman sus vecinos, es uno de los barrios con más tradición de la capital tinerfeña. La idea de sus habitantes es mantener las tradiciones que le dan identidad, pero con un desarrollo hacia el futuro que pasa por la recuperación del viario del barranco de Santos.
26/abr/09 7:41 AM
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La plaza, centro neurálgico del barrio
La plaza, centro neurálgico del barrio

JOSÉ D. MÉNDEZ, S/C de Tfe.

El barrio de Duggi o El Monturrio, como de forma entrañable lo llaman sus vecinos, es uno de los de mayor solera de la capital tinerfeña. Sus gentes se mueven entre el orgullo de un rico pasado y la incertidumbre del futuro, con unas obras de mejora, canchas deportivas y viarios incluidos en el barranco de Santos. Todo ello, tras superar la crisis que supuso la previsión del nuevo Plan General de construir aparcamientos subterráneos en la emblemática plaza, junto al colegio público San Fernando, medida que fue rechazada de manera rotunda por los vecinos.

La familia Duggi procedía de la ciudad italiana de Livorno y llegó a Tenerife en el siglo XVIII para dedicarse al negocio del cultivo del viñedo. Hubo "Duggis" en la Gesta de Nelson y otros que tuvieron acceso a cargos municipales. Uno de ellos, Luis, dueño de las fincas de la zona, le dio nombre al barrio y a una calle porque propuso urbanizarlas, lo cual aceptó el Ayuntamiento de Santa Cruz en 1874. Este plan d se fue desarrollando en años sucesivos hasta configura la actual trama urbana de la zona.

La opinión pública insistió en su momento en que las calles de la zona debían dedicarse a patricios tinerfeños como Iriarte, Cairasco, Benavides, Serrano o Porlier. Era un barrio obrero en su origen, con gente de clase media y trabajadora, así como de casas terreras, de las que aún queda alguna. Una finca emblemática fue la de "Don Bruno", prócer de raíces alemanas, pegada al barranco. Lo de El Monturrio se debe a que en la zona del actual colegio y la plaza existió una pequeña elevación que llegaba hasta Las Asuncionistas.

A Duggi lo rodean geográficamente el barranco de Santos, Asuncionistas y la Rambla de Pulido. La parroquia de María Auxiliadora, en la calle Serrano, recoge los límites del barrio.

Fiestas de nivel.- Un grupo de vecinos viene preparando con mimo las próximas fiestas en honor de María Auxiliadora. Antes eran del barrio Duggi y Galcerán, más las calles adyacentes a la plaza Militar y en los últimos años se ha recuperado esta tradición con una procesión el día 23, previa de la festividad, a la que suelen volver los vecinos del barrio que han tenido que marchar a vivir fuera de sus límites. Este año se ha preparado un ciclo de charlas y otras actividades como engalanar las calles, además del triduo de María Auxiliadora en el ámbito estrictamente religioso.

Hijos ilustres.- El Monturrrio ha dado personajes ilustres en casi todos los campos, desde Antonio Cubillo, que vivía en la calle Castro, hasta futbolistas de gran prestigio, pasando por las Bellas Artes con los hermanos Borges Salas o el periodismo, caso de Antonio Marti. Al llegar noviembre, la finca de Don Bruno aprovisionaba a todo Santa Cruz de crisantemos y fue el origen de la primera floristería de la ciudad. Aunque sigue "vivo y coleando" recordar a José Antonio González, "el Flaco", fundador y director muchos años de la añorada murga Los Singuangos que desde lo más alto del escalafón en cuanto a premios y nivel nunca renunció a sus raíces del barrio de Duggi.

El edificio de Los Salesianos, que estaba en la esquina de Ramón y Cajal con Galcerán, con su asilo para niños, y el frontón adyacente (bailes, boxeo y carreras de galgos incluidos) fue otro punto importante en la zona. En estas próximas fiestas se va a exponer el plano original del inmueble, obra del arquitecto Antonio Pintor.

En cuanto al barranco de Santos, que ha adquirido gran importancia en el futuro de Duggi con una recuperación arterial que está cerca de concluir, estuvo habitado hasta los años 70 del pasado siglo XX y cuenta con cuevas de gran valor antropológico y etnográfico. Incluso existió la idea de crear un Museo del Agua en una zona ventosa que albergó molinos hasta finales del XIX.

Y para pasarlo de un lado a otro ahí estaba siempre como mudo testigo el viejo puente de hierro, símbolo del barrio, que se espera recuperar cuando finalicen los trabajos de "la serpiente" sobre el cauce.

El colegio.- El colegio público San Fernando es otra instalación emblemática de El Monturrio. Nace como zona para la educación y junto a él la plaza, dos símbolos del barrio, en los años 30. Fuentes vecinales apuntan que "al colegio habría que quitarle la unidad que se construyó delante en los 70 por imperativo del crecimiento poblacional. No está acorde con el estilo y cubre un patio con una construcción provisional que así se quedó. Tenía dos patios y era un recinto muy peculiar, donde había misas y los niños hacían la primera comunión. Lo visitó, siendo ministro de Educación, Joaquín Ruiz Jiménez, un aperturista que se había formado fuera y se quedó impresionado. Tenía comedor, puericultora, coro, piano y un programa especial para niños disminuidos. Llegó a decir que ni los colegios suizos tenían el nivel del de aquí. Era un colegio modelo".

iniciativa

Duggi, según Galera

Después del rechazo frontal de los vecinos a la construcción de aparcamientos subterráneos bajo la plaza, tal y como preveía el primer borrador de revisión del Plan General de Ordenación, el arquitecto Joaquín Galera (foto) trabajó entre noviembre de 2004 y abril de 2005 en un proyecto alternativo que, aunque ha dormido el sueño de los justos, no deja de ser una alternativa para el desarrollo de esta histórica zona de Santa Cruz. Planteaba entonces Galera, "ordenar el conjunto del barrio de Duggi desde Ramón y Cajal hasta el barranco de Santos con aceras, aparcamientos en superficie, viarios rodados y ejes peatonales. La vida cotidiana del barrio, el uso del colegio y el tráfico en la zona no se verían afectados por las obras propuestas de los edificios de aparcamientos en el margen del barranco", añade. En la propuesta de Galera se alcanzarían las 567 plazas de aparcamiento. El arquitecto proponía equipamientos en dos edificios con una superficie de 1.700 metros cuadrados. Su destino estaría ligado al uso deportivo y cultural. Además preveía cafetería, miradores y mejorar la accesibilidad con un ascensor panorámico y una rampa peatonal.