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Lágrimas de presidente

Paulino Rivero Baute recibió ayer, emocionado, el homenaje de su pueblo, El Sauzal, por sus 28 años al frente de la Alcaldía. El presidente canario recordó entre lágrimas sus orígenes humildes, su familia y amigos y los "golpes de suerte" que le llevaron de cargar sacos de hortalizas de madrugada al palacete de Vistabella.
25/abr/09 07:42
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EL EX ALCALDE SAUZALERO no pudo reprimir las lágrimas en varios momentos del homenaje de ayer./ r.s.
EL EX ALCALDE SAUZALERO no pudo reprimir las lágrimas en varios momentos del homenaje de ayer./ r.s.

RAÚL SÁNCHEZ, El Sauzal

Paulino Rivero Baute (El Sauzal, 1952) recibió ayer el homenaje de su pueblo y sentado solo en una silla frente a casi 600 personas no pudo reprimir la emoción de un chico que a penas sabía leer y escribir a los 13 años y que, "por una sucesión de golpes de suerte", pasó de cargar sacos de hortalizas de madrugada a convertirse en presidente del Gobierno de Canarias. El Sauzal, por decisión unánime de todos los partidos políticos y con amplio respaldo de los colectivos locales, quiso reconocer ayer el trabajo de Rivero durante los 28 años que ocupó la Alcaldía. El hijo de Paulino y Caridad agradeció el gesto de sus vecinos con lágrimas de presidente.

En su sentido discurso, Rivero reconoció vivir, subido al escenario del Auditorio Municipal, uno de los momentos más emocionantes de su vida. Quizá por eso el presidente canario se sinceró ante un público plagado de autoridades, políticos de variadas siglas y distinguidos representantes de la sociedad tinerfeña. En primera fila, su familia, y repartidos por la sala numerosos vecinos y amigos de siempre. Ante todos, Rivero recordó los hitos de su vida.

El ex alcalde sauzalero reconoció que "nunca habría llegado hasta aquí de no haber nacido en el seno de una familia muy humilde, casi sin formación". Tampoco se escribiría hoy de Paulino Rivero si su madre no lo hubiera mandado a estudiar al colegio de pago que regentaba Hermógenes Pérez en Tacoronte; si el tribunal de su examen para ingresar en bachiller no hubiera pasado por alto una división mal hecha; si el chico que cargaba sacos de bubangos, pepinos y habichuelas desde El Sauzal a Tacoronte no hubiera soñado un futuro mejor; si el soldado Paulino, destinado en Gran Canaria, no hubiera revolucionado la gestión de la cantina del cuartel para luego ganarse el tiempo para preparar sus oposiciones a maestro; si el joven de los pantalones de campana y los suecos no hubiera conocido a la madre de sus hijos; si el maestro que jugaba al envite no hubiera dicho sí a una oferta de última hora para encabezar la lista local de UCD en 1979.

"Esfuerzo colectivo"

Rivero evitó ayer el autobombo y adjudicó sus éxitos "al esfuerzo colectivo". Rivero reconoció que ha tenido "mucha suerte en la vida" y que uno de sus grandes logros ha sido "contribuir a que El Sauzal, que era un pueblo dividido entre los de arriba y los de abajo, sea hoy un pueblo unido".

Rivero, que a punto de cumplir la mayoría de edad soñaba con jugar en el Atlético de Madrid, hablar idiomas y ser alcalde para construir un campo de fútbol en su pueblo, dejó claro en su homenaje que la vida ha superado todas sus expectativas.

Su sucesor en la Alcaldía, Mariano Pérez (CC), destacó su humildad, nobleza y capacidad de trabajo. Anunció que el Complejo Deportivo de Ravelo lleva desde ayer su nombre. Y cerró su intervención de la manera que un sauzalero agradece los servicios prestados: "Paulino, has dejado una buena cosecha".

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