Aeste Tenerife no hace falta presionarle. Si algo distingue sobremanera al equipo es su conciencia de lo que se juega cada semana. Ha demostrado con creces su poder de abstracción ante lo que le rodea. Sea en casa o fuera de aquí. Parece como si actuara siempre con un impermeable encima. Conoce de memoria la partitura, sin necesidad de papeles sobre el atril, e interpreta la obra como si fuese el primer día.
Aún así, el partido de esta tarde, un derby como está mandado, genera emociones más que suficientes para expresarlas por arriba de las necesidades. El clásico regional no es cualquier cosa. Nadie puede permanecer ajeno al fenómeno social que acarrea. De ahí que quepa invocar cierto plus para la ocasión, por más que los intérpretes sean conscientes de lo que se juegan. Un añadido como homenaje a los ausentes.
Porque el triunfo haría felices, seguro que sí, a Antonio Núñez y Wilfred Edmundo Caulfield, promotores en 1912 del Sporting Club. Como a todos los pioneros de aquella época lejana. Como a García Cames y Labory, al frente del grupo que recogió en 1922 las cenizas del Sporting para transformarlo en Club Deportivo Tenerife. Y a Baudet, Graciliano, Arocha, Arencibia, Semán, Cayol, Chicote, Cárdenes y tantos otros héroes de los veinte, los treinta y los cuarenta, que lustraron a la institución desde la imposibilidad de batirse en la Liga española, por la lejanía de la tierra que los vio nacer.
Qué decir de Pelayo López o Heliodoro Rodríguez, que da nombre al Estadio, o de Capote y Díaz Prieto, o de Perera y Pisaca, dirigentes que pusieron las bases para el ingreso en categoría nacional, con la consecución a cargo de jugadores recientemente llorados, casos de Tomasito o Antonio "El Loco". O de otros que defendieron la permanencia en Segunda y luego lograron el sueño de la Primera, como Herrera "El Faña" y Eleuterio Santos, el primero que batió a Las Palmas en un derby casero.
Todos ellos eran del terruño pero la cita es extensible a otros, igualmente desaparecidos en tiempos cercanos, que vinieron de fuera y se sumaron a la causa blanquiazul. Como Bergara y Rommel, este último parte activa en el ascenso a Primera de 1989, y en el arranque de la década dorada. De la etapa más feliz en la historia del Tenerife, el sueño que parió e hizo realidad Javier Pérez. Tan ausentes todos en la fiesta de hoy como presentes en la memoria para este ruego en forma de mención.
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